En la década de 1940, los pobres de la Argentina no se convirtieron en fervientes peronistas por la sonrisa de Perón y la belleza de Evita, sino porque el peronismo los sacó de la pobreza a través del trabajo y de un salario digno. En 2007 y 2011, los habitantes de las barriadas humildes no fueron masivamente a votar por Cristina Fernández por su carisma, sino porque el kirchnerismo, como corriente interna del peronismo, replicó en gran parte aquel modelo: trabajo, buenas condiciones laborales y sueldos que hasta les permitían darse el lujazo de ir unos días a Mar del Plata en enero.
Ahora bien, si yo vivo en la periferia con todas las carencias que ello implica, y vos no creaste oportunidades de trabajo y, por lógica, me veo privado del orgullo de un salario que me posibilite llevar buena comida a mi casa todos los días, que mis hijos no tengan que ir a un comedor, que vistan bien y vayan a la escuela, ¿por qué motivo tengo que ser peronista?
Cuando en una entrevista le preguntaron a Perón sobre el comunismo, respondió al periodista: “Usted dele a un obrero una casa, un auto, que pueda mandar a los chicos al colegio, que pueda irse de vacaciones, que pueda disfrutar de los fines de semana, de un asado… ¿Para qué quiere ese obrero hacerse comunista?”
Pues bien, Perón partía de un piso alto: el obrero. Y por la descripción, un obrero calificado. Aquí, hoy, en el país del 50% de pobreza, falta recrear al obrero.
Sí, claro, el desastre que dejó la derecha gobernante entre 2015 y 2019 y la pandemia. Pero en este artículo queremos analizar el rumbo del actual gobierno, a sabiendas de que los resultados no iban a llegar en 20 meses. Apuntamos a llegar al hueso, o lo más cerca posible, para responder a la pregunta de la bajada de esta nota: ¿El Frente de Todos es peronista o progresista? Porque, definitivamente, no es lo mismo. Y en la respuesta a esa pregunta creemos que no está la suerte del oficialismo en las elecciones de noviembre, sino el futuro del país, sobre todo a partir de 2023.
Lo que nunca jamás se puede admitir, bajo ninguna circunstancia, es que la “agenda progre” prevalezca por sobre la que contiene la razón de ser del peronismo, su esencia: sacar a los pobres de la pobreza a través del trabajo y en el marco de un proyecto de industrialización del país
El porcentaje de participación en estas PASO fue el más bajo desde que se implementaron: 66,2% del padrón electoral del país. “Fueron las primarias con más abstención desde que se instauraron en 2011 (…) Y además de la baja participación, las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza sorprendieron por sus altos niveles de voto en blanco” (La Nación, 13 de septiembre de 2021).
Pasemos a territorio bonaerense. En el 2019, Alberto Fernández consiguió en la Provincia 5.300.000 votos y ahora 2.800.000. “Hace dos años sufragaron más de 10 millones de personas, ahora fueron ocho. Concretamente, en Buenos Aires votaron 2.300.000 ciudadanos menos. Y todo eso le falta al FdT” (Hilario Moreno del Campo, Consultora Dicen, 14 de septiembre de 2021).
“Los votos que perdió el oficialismo no fueron capitalizados por Juntos por el Cambio: son centralmente los que no fueron a votar. Otros fueron a la izquierda o al blanco” (Marina Acosta, Consultora Analogías).
Hay escuelas de la periferia del Conurbano donde votó entre el 45 y el 50% del padrón. ¿Los intendentes no percibían eso? ¿Cómo es posible que el gigante abstencionismo de los más humildes no se supo hasta tener el mapa completo de la votación? ¿La dirigencia está escindida de su base social?
Los números hablan por sí mismos. Pero salgamos de las consultoras y veamos lo que dijo Juan Grabois, un militante social que trabaja todos los días en las zonas más pobres del Conurbano bonaerense. “Fue una derrota tremenda y se abre una oportunidad de cambiar (…) El Gobierno nacional tiene una política redistributiva que no es peronista, las desigualdades han aumentado lejos de achicarse (…) Votó mucha menos gente en los barrios”, subrayó en declaraciones radiales.
Ahora hurguemos en las causas. El mismo Grabois, cuando a principios de mayo de este año el Gobierno convocó con bombos y platillos a una conferencia de prensa para hacer un anuncio que resultó ser un incremento en la Tarjeta Alimentar, se indignó: “Nadie tiene la receta para resolver las injusticias sociales que padece la Argentina, pero hay algo seguro: masificar el asistencialismo no es el camino. La Tarjeta Alimentar es una política focalizada de cuño neoliberal, porque no crea puestos de trabajo, no consagra derechos permanentes, no genera bienes sociales durables, no promueve el desarrollo humano integral”, enumeró, tras confiar que tanto él como otros dirigentes sociales esperaban que dicho anuncio fuese un gran plan de obras públicas.

Sigamos “escuchando” a quienes conocen de primerísima mano lo que ocurre en los barrios más humildes. El 5 de julio de este año, entrevistada por el periodista Tomás Méndez, la joven militante social peronista Mayra Arena, quien nació y creció en una villa miseria de Bahía Blanca y hoy estudia, trabaja en el sector privado y milita en las barriadas pobres del Gran Buenos Aires, dijo sin rodeos: “Me parece que estamos todos al tanto de que la mitad de la Argentina es pobre. Y yo percibo una sensación de derrota que es brutal acá en el Conurbano, donde es particularmente llamativa la pobreza que hay (demás está decir que no se refería a derrota electoral, sino a derrota social, derrota en la vida)”.
“Es una pobreza muy distinta, muy nueva. Hay mucha desolación, muy poca esperanza (…) Hay numerosas cuestiones de la cotidianeidad que te dicen mucho más que las consultoras”, explicó alguien que sabe como muy pocos de qué habla.
Quienes no vivieron en los 40 y quienes en 2003 eran niños y ahora tienen veintipico no conocen lo que es tener oportunidades para vivir bien en vez de andar sobreviviendo sin horizontes. ¿Por qué, entonces, irían el domingo a votar con alegría al peronismo como lo hicieron los más humildes en 1946 y en 1952, en 2007 y en 2011?
En la misma entrevista, Arena nos lleva al hueso. “Creo que hay muchísimas cosas que son mundiales, creo que hay un montón de aspectos que tienen que ver con la pandemia, (por ejemplo) por primera vez ha aumentado la pobreza más básica, que no venía aumentando desde hace 20 años. Pero también creo que hay muchísimas cosas que en la Argentina se pueden hacer mucho mejor: pensar cómo repartir el espacio, cómo acceder a la tierra. El país está vacío y tenés cada vez más inquilinos y más gente viviendo en la calle (…) Y una sociedad de inquilinos es una sociedad con cada vez más clase baja, una sociedad cada vez más lejos de la casa propia. Y recordemos que tradicionalmente, para ser clase media no sólo había que tener casa propia, sino también ahorros, irse de vacaciones”.
“Estamos cada vez más lejos de tener una clase media fuerte, sólida, con capacidad para ahorrar, gastar -prosiguió-. Y la clase media se empobrece también, lo cual incrementa la violencia cultural. Entonces, ya que no tiene un peso, le quedan sus valores culturales y aumenta su necesidad de marcar que el pobre es el otro, que ‘yo no soy eso’”.
La «agenda progre» con acento porteño le provocó una herida al peronismo. En los dos próximos años se podrá saber si esa herida es mortal o no
“MUCHO CUIDADO CON LOS PROGRESISTAS PROPIOS”
Mayra Arena sentenció: “La derechización de la sociedad es inminente y es peligrosa. Y hay que tener mucho cuidado con los progresistas propios, porque el progresismo también es individualista. El progresismo también tiene muchas de esas cosas de ‘uno mismo’, de las prioridades, de ponerse uno primero”. Claro como el agua clara.
El actual gobierno ha llevado adelante, pese a la pandemia, una importante agenda progresista. Ha consagrado derechos que estaban en los primeros renglones del listado del progresismo. No los vamos a cuestionar. Evita decía que “donde hay una necesidad, hay un derecho”.

Lo que nunca jamás se puede admitir, bajo ninguna circunstancia, es que esa agenda prevalezca por sobre la que contiene la razón de ser del peronismo, su esencia: sacar a los pobres de la pobreza a través del trabajo, buenas condiciones laborales y un salario digno, en el marco de un proyecto de industrialización del país.
Quienes no vivieron en los 40 y quienes en el 2003 quizás tenían un año (2, 3 ó 4) y ahora tienen entre dieciocho y veintipico no saben en carne propia lo que es tener oportunidades para vivir bien en vez de andar sobreviviendo sin horizontes. ¿Por qué, entonces, irían el domingo pasado a votar con alegría al peronismo como lo hicieron los más humildes en 1946 y en 1952, en 2007 y en 2011? No hubo motivos. Por ello, se quedaron en sus casas.
EL (MALDITO) EQUILIBRIO FISCAL
“En un contexto marcado por los fuertes ingresos extraordinarios provenientes de las retenciones y con un gasto domado a base de retrasar jubilaciones, planes sociales y salarios públicos, el resultado primario de los primeros cuatro meses (de este año), con un desequilibrio de apenas 0,2% del PBI y el más bajo en los últimos 6 años, podría poner verde de envidia al más ortodoxo de los ex funcionarios (de Cambiemos) que alguna vez tuvieron la misión de acabar con el rojo fiscal” (Infobae, 11 de junio de 2021).
La periodista se refería a que el Gobierno logró equilibrio fiscal en el primer cuatrimestre de este año -resultado que se extendió a todo el semestre-. La Meca del neoliberalismo. Al punto que hasta Domingo Cavallo avaló esa gestión, al igual que el resto de los voceros del poder económico.
Pero en las barriadas de las periferias del país, donde reinaba “una sensación de derrota brutal, mucha desolación, muy poca esperanza” (Mayra Arena dixit), nadie festejó. Porque todos seguían sin conseguir trabajo. Y por si fuese poco, para alcanzar ese “maldito” equilibrio fiscal se eliminó, en plena segunda ola de la pandemia, el Ingreso Familiar Extraordinario (IFE) que durante la primera ola le paró la olla a millones de desocupados. Eso no es peronismo.
“Hay que tener mucho cuidado con los progresistas propios, porque el progresismo también es individualista. También tiene muchas de esas cosas de ‘uno mismo’, de las prioridades, de ponerse uno primero” (Mayra Arena, 5 de julio de 2021)
¿Y el gran plan de obras públicas? ¿Por qué no un “plan veredas y calles” para arreglar el desastroso paisaje de los distritos del Gran Buenos Buenos, o un proyecto para urbanizar las más de 4 mil villas miseria que hay en Argentina? ¿Alguien tiene en mente un proyecto de país que le devuelva la esperanza a los jóvenes y no tan jóvenes de poder comprarse una casa, un auto?
¿Y el plan de industrialización de Ushuaia a La Quiaca? ¿Cuánta infraestructura le falta al país? ¿Cuándo las personas preferirán ir al sector privado en lugar de convertirse en el enésimo empleado público que entra a la administración para “hacer el trabajo” que ya hacen veinte? ¿Cuándo el uso intensivo del conocimiento de las universidades en conjunto con la voluntad del empresariado pyme (micro de línea eléctrico hecho entre la empresa de transporte Nueve de Julio de La Plata y la UNLP, por poner un solo ejemplo)?
LLEGÓ CARTA DE KEYNES
El 31 de diciembre de 1933, el economista británico John Maynard Keynes (creador de la doctrina económica que sacó a Europa del desastre de posguerra y a EEUU de la furibunda crisis provocada por el crack financiero de 1929) dirigió una carta abierta al presidente Franklin Roosevelt, el único mandatario estadounidense que se enfrentó al capital especulativo.
Le dijo: “Cuando los tiempos son malos, no se puede esperar que las personas gasten una mayor parte de su ingreso. Tampoco que las empresas contraten más personal, al menos hasta que el gobierno haya revertido la situación. En consecuencia, el mayor impulso para salir del bache sólo puede provenir de un tercer factor: que la autoridad genere ingresos adicionales a través de la inversión pública”.

Es lo que hizo el peronismo entre 1946 y 1955 y entre 2003 y 2015. Y ello dio a luz una nueva clase media a través del trabajo en un sector privado que crecía, de buenas condiciones laborales, de salarios siempre por encima de la inflación. Y con el tiempo permitió acceder a la vivienda, al autito, a las vacaciones en Mar del Plata. O sea, al “goce capitalista” (Pedro Saborido y Daniel Santoro).
Está en cuestión la razón de ser del peronismo. ¿Puede revertirse la historia? Si el peronismo vuelve a ser peronista, quizás. Y no para noviembre. Esto va más allá. Implica un proyecto de país industrial e inclusivo. De lo contrario, si se continúa apostando a la “agenda progre” con acento porteño, se le habrá abierto la puerta a la derecha ultraliberal para que reine desde el 2023. Con todo lo que ello implica.
















































































