Por Alejandro Salamone
Hay hombres que caminan la Ciudad con un mapa distinto en la cabeza. No miran solo el asfalto o las luminarias; miran las persianas bajas, los candados oxidados y los patios donde el silencio reemplazó al grito sagrado del gol o al rebote de la naranja. En nuestra región, si hablamos de reconstruir sobre las cenizas, hay un nombre que se repite como un mantra de esperanza: Alberto Alba.
El actual presidente de la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas no es solo un dirigente administrativo; es, a esta altura, un «bombero» de identidades barriales. Su gestión se ha transformado en un escudo contra el olvido y, fundamentalmente, contra la desidia de quienes ven en los clubes de barrio un botín inmobiliario o un espacio para la usurpación.
Una huella de recuperación
La historia reciente nos marca el camino de Alba. No es casualidad lo que sucede hoy; es método y es pasión. Lo vimos con el Centro de Fomento La Cumbre, donde puso el cuerpo para que los vecinos volvieran a sentir propio ese suelo. Lo repetimos con Estrella de La Loma, otra entidad que parecía condenada a desaparecer y hoy brilla con luz propia. Estas dos entre tantas otras…
Pero el hito más reciente, ese que todavía nos hace vibrar el pecho, es la resurrección del Club Progresista de La Loma.
El fin de semana pasado, el Progresista no solo celebró el Carnaval (ver video más abajo); celebró su propia existencia. Fue una fiesta de colores, de comparsas y batucadas, de espuma y de familias que volvieron a ocupar la vereda. Fue la prueba fehaciente de que, cuando un club se recupera, se recupera el barrio.
«Ver a los pibes adentro del club y no en la esquina es la única medalla que vale para un dirigente de raza», suelen decir los que conocen a Alba de cerca
El club estaba prácticamente abandonado, entregado a su suerte y con la sombra de la usurpación acechando sus instalaciones. Hoy, gracias a la intervención de Alba y su equipo de la Federación, ese espacio es cobijo para los chicos y muchos adultos del barrio. Es el lugar donde se aprende el valor del equipo, del respeto y de la pertenencia.
El valor de lo comunitario
Salvar un club es mucho más que pintar una fachada o arreglar un techo. Es desalojar el abandono. En tiempos donde el individualismo parece ganar la partida, la figura de Alberto Alba emerge para recordarnos que las instituciones intermedias son la columna vertebral de nuestra sociedad platense.
El Progresista de La Loma volvió a latir. Y en ese latido, se escucha el eco de una gestión que entiende que un club abierto es una calle ganada. Alba lo hizo de nuevo: no solo salvó paredes, salvó la infancia de cientos de pibes que ahora tienen un lugar al cual llamar «casa».
Cabe recordar en el 2022 el Concejo Deliberante de La Plata declaró al dirigente Alberto Alba Ciudadano Ilustre, un reconocimiento muy mercido y bien ganado por alguien que trabaja en comunidad y para la comunidad.



















































































