*Este artículo se publicó originalmente el 1 de julio de 2025 con el título ‘El pecado del General’ – Actualizado el 23/2/2026*
De la Redacción
El presidente argentino de extrema derecha habló y habla de reconversión. No inventó absolutamente nada. De reconversión hablaron Videla y Martínez de Hoz; Menem y Cavallo; Macri, Caputo y Sturzenegger y, ahora, Milei, Caputo y Sturzenegger, es decir, los capitostes de las cuatro olas neoliberales que -literalmente- sufrió y sufre la Argentina y la gran mayoría de su pueblo desde mediados de los años ’70.
Luego de cada discurso sobre reconversión, siempre adobados con las «maravillas» que sobrevendrían tras la puesta en marcha de la liberalización y desregulación total de la economía, llegó, en efecto, una reconversión: la de un país con una fuerte matriz industrial en otro con una economía de valorización financiera (1). Actualmente estamos atravesando el «Capítulo IV». Conviene repasarlos:
I. Dictadura cívico-militar (con Videla, Martínez de Hoz y Cía. desde el 24 de marzo del ’76 hasta el 10 de diciembre de 1983);
II. Profundización de la destrucción dictatorial interrumpida en gran parte por el desenlace de la Guerra de Malvinas (con Menem y Cavallo desde 1989 hasta 1999, y con De la Rúa y Cavallo desde 1999 hasta 2001);
III. La vuelta al modelo neocolonial después del proceso reindustrializador del peronismo patagónico entre 2003 y 2015 (con Macri, Caputo y Sturzenegger desde 2015 hasta 2019), etapa que además estuvo signada por un endeudamiento a 100 años y una resujeción a los dictados del FMI a fin de condicionar a un eventual futuro gobierno nacional-industrialista;
IV. Aplicación de la receta macrista “por el mismo camino, pero más rápido” (con Milei, Caputo y Sturzenegger desde el 10 de diciembre de 2023 hasta hoy inclusive), que, como podemos observar, es más y más de lo mismo.
El pecado del General y sus discípulos
El disparador de las brutales ofensivas neocoloniales fueron las políticas nacionalistas, industrialistas y populares que pusieron en práctica el General Juan D. Perón y su malograda sucesora natural, Eva María Duarte, líderes del movimiento nacional justicialista que germinó en los albores de los años ‘40.
El pecado del General tuvo un número: 50,8. Ese fue el porcentaje del PBI que las políticas peronistas le asignaron, en 1954, al sector del Trabajo (49,2% para el Capital). Pecado capital, valga la redundancia, en un país que, desde el reparto de las tierras robadas a las comunidades indígenas en el siglo XIX entre las familias que integraban la lumpen oligarquía agroexportadora, solo conocía una estructura social basada en una clase altísima y clases supervivientes, con una economía primarizada, sin industrias “de verdad” (léase, modelo Mosconi-Savio) y movilidad social prácticamente nula. Pero hubo una Revolución del 43, un 17 de octubre de 1945 y unas elecciones en febrero del ’46.
Perón a los trabajadores rurales antes de las elecciones del 24 de febrero de 1946: «Si el patrón de la estancia los lleva a votar, acepten, y luego hagan su voluntad en el cuarto oscuro»
«Una de las consecuencias inmediatas de los sucesos que culminaron con la movilización popular del 17 de octubre de 1945 fue el posicionamiento del entonces coronel Juan Perón como candidato a la presidencia de la Nación en el comicio a llevarse a cabo el 24 de febrero de 1946, fecha fijada por el gobierno militar para iniciar la normalización institucional. Se conformaron así dos amplias coaliciones políticas que se disputaron las preferencias del electorado», reseña el historiador Claudio Panella (2).
«Por un lado -puntualiza-, se constituyó la Unión Democrática, fuertemente opositora tanto al gobierno como a Perón, integrada por la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Demócrata Progresista, cuya fórmula se integró con José Tamborini y Enrique Mosca, dos dirigentes radicales alvearistas de larga trayectoria en el partido. Los conservadores no integraron la Unión, pero apoyaron a sus candidatos. Por el otro, se unieron el Partido Laborista, recientemente creado por los dirigentes sindicalistas que se identificaron con la obra que desarrolló Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión (del gobierno surgido tras la Revolución del 4 de junio de 1943), y la Unión Cívica Radical-Junta Renovadora, un desgajamiento del partido fundado por Leandro Alem, a los que se sumaron pequeñas agrupaciones nacionalistas e independientes. El binomio lo integraron Juan Perón, en representación del laborismo, y Hortensio Quijano, del radicalismo renovador».
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«Con el reconocimiento general de que el acto comicial había sido inobjetable -era la primera elección presidencial desde 1928 sin fraude ni proscripción-, el resultado favoreció a la fórmula peronista por 1.487.886 sufragios (52,8%) a 1.207.080 (42,9%). Los triunfadores obtuvieron además 109 diputados frente a 47 de los derrotados y todos los senadores, excepto dos. Asimismo, de los 14 gobernadores de provincia electos, 13 correspondían al naciente peronismo. De este modo, se iniciaba una nueva etapa de la historia de nuestro país signada por el reconocimiento de derechos políticos y laborales, la redistribución de la riqueza y la dignificación de los trabajadores», finaliza el académico.

Como el General Perón se atrevió a alterar, y fuertemente, aquel sistema semicolonial vigente hasta la Revolución del 43, intentaron eliminarlo con 14 tn de explosivos que el 16 de junio de 1955 cayeron sobre Plaza de Mayo asesinando a 308 civiles indefensos; ante el fracaso de la intentona, dieron un golpe de Estado tres meses más tarde y lo desterraron casi 20 años, sometiendo a sus millones de seguidores y seguidoras a la más cruel persecución política, a la cárcel, a torturas y hasta a fusilamientos clandestinos. Ni bien usurparon el gobierno los dictadores Aramburu y Rojas, Argentina se asoció al FMI y se endeudó en dólares, herramienta central del modelo neocolonial-empobrecedor.
En 1974, el segundo peronismo llegó a equiparar la distribución de la riqueza en torno a un 50-50. Pero hizo algo peor: registró el Índice de Gini (índice que mide la desigualdad social) más bajo de la historia nacional, un 0.36, con los más altos niveles de industrialización que conoció el país; con un 65 por ciento de clase media; con una desocupación del 2,7 por ciento y una pobreza inferior al 8 por ciento; niveles educativos y culturales superiores a los de varios países europeos, y una deuda externa irrisoria. Había que destruir ese mal ejemplo para América Latina. Y llegaron Videla, Martínez de Hoz y Cía.
25 años de destrucción industrial
Sobrevinieron 25 años de desindustrialización, de deterioro económico, social, educativo y cultural. Hasta que en 2003, los capitanes del proyecto “Un país para pocos” se enteraron de que en la Patagonia había un reservorio de peronismo puro y duro. Y llegó el tercer peronismo.
El proceso virtuoso que arrancó aquel año tuvo el tupé de superar el pecado original del General: en 2015, la distribución de la riqueza nacional puso 52% en el plato del Trabajo y 48 en el del Capital, con un Índice de Gini de 0.39, el segundo más bajo de la historia argentina después de 1974. Entonces, la lumpen oligarquía lanzó a “todos y todas” contra el peronismo, desde Macri hasta la pseudoprogresista Carrió; el lawfare contra Cristina Fernández de Kirchner; la vuelta a una economía primarizada; un ancla eterna para el eterno sueño de un país económicamente independiente -vía un endeudamiento récord-, e inoculación de odio social a mansalva en vastos sectores de clase media.
Como expresó la historiadora Julia Rosemberg, “el peronismo sigue siendo potente 80 años después porque sigue estando en discusión qué es el peronismo. Algunos solo piensan que es un pragmatismo para consumir poder, otros piensan que en el fondo hay una lucha de clases. Me parece que esas discusiones siguen hablando de una vitalidad del peronismo. Pero quienes creemos que el peronismo tiene de fondo un conflicto de clases, que manifiesta un conflicto de clases y lo representa, me parece que vos no podes representar una lucha de clases sin ser ofensivo. De lo que se trata es del conflicto entre capital y trabajo finalmente, de lo que se trata en algún punto es de no hacerse los boludos con que el conflicto de base sigue siendo ese aún 80 años después”. (3)

Pero como el proyecto apodado Cambiemos necesitaba al menos ocho años y se cortó a los cuatro por impericia de sus ejecutores, lo rediseñaron para 2023 con algunos añadidos: como el plan neocolonial se interrumpió tres veces (1983, 2003 y 2019), ahora hay que cristalizarlo en cuatro años, para lo cual se aceleraron brutalmente los tiempos del mega endeudamiento (U$S 100.000 millones en un año y medio), el industricidio, el proceso de destrucción de la ciencia y del último recurso de movilidad social ascendente: las universidades públicas.
Ahora bien, ¿por qué el modelo liberal fracasa invariablemente en la Argentina? Como respuesta bastaría observar las consecuencias de cada intento: desindustrialización, aumento exponencial del desempleo y la pobreza, fragmentación de la sociedad, incremento de la violencia social, precarización laboral, caída brutal de los índices educativos-culturales, y un largo etcétera.
Pero veamos cómo lo explicó el liberal-industrialista Carlos Pellegrini hace 150 años: “Si el libre cambio desarrolla la industria que ha adquirido cierto vigor y le permite alcanzar todo el esplendor posible, el libre cambio mata a la industria naciente”. Claro como el agua clara. Y demás está aclarar que la industria nacional nunca llegó a alcanzar «todo el espledor posible» porque justamente las fuerzas neocoloniales, una y otra vez, impidieron y continúan impidiendo el desarrollo que le permitiría abrirse al libre cambio.
Ante un panorama de dependencia económica y deterioro social desolador, un General nacionalista e industrialista decidió dar vuelta la taba hace 80 años, cometiendo el peor de los pecados para la lumpen oligarquía nativa: “inventó” la distribución de la riqueza “contranatura”.
¿Habrá un cuarto peronismo? En ese caso, ¿aprenderá de experiencias pasadas? Habrá que averiguarlo.
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(1) Una economía de valorización financiera es un modelo económico donde la acumulación de capital se da principalmente a través de actividades financieras, como la especulación con activos, la deuda externa y la fuga de capitales, en lugar de la inversión productiva.
(2) «24 de febrero de 1946: una elección presidencial trascendente», por el Dr. Claudio Panella, Profesor de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.
(3) Julia Rosemberg: “Me parece que en los últimos años está habiendo una vuelta a Perón», por Joaquín Pereyra – 30 de septiembre de 2025, Radio Provincia.



















































































