El sacerdote argentino Pedro Pablo Opeka llegó en misión a la isla africana de Madagascar en 1976. Allí, el 75% de la población vive en la extrema pobreza. Y el Padre Pedro -amigo de Francisco, que fue el primer Papa en visitar la isla, en 2019- se encontró ni bien pisó el lugar con una situación que lo dejó shockeado, a tal punto que pensó seriamente que no iba a poder cumplir su misión: vio cómo cientos, miles de personas, entre ellos muchísimos niños, niñas y adolescentes, se peleaban con los cerdos y las alimañas para obtener algún alimento en un gigantesco basural. Luego comprobó que había familias que vivían bajo algún tipo de toldo, encima del basural, que no sabían que debajo de esa enorme montaña de basura había tierra; para construir una vivienda o para hacer una huerta, o ambas cosas.
“Llegué al basurero y vi a cientos de niños descalzos y sucios, quizás miles, compitiendo con los cerdos, las ratas y otras alimañas por restos de comida entre la basura. Esto era lo más bajo de la sociedad. Era la pobreza más absoluta. Aquí no había nada que decir, había que actuar. Pedí a Dios que me ayudara y decidí regresar para trabajar hombro con hombro con esta gente”, le contó el sacerdote de la Congregación de la Misión -creada por San Vicente de Paul en el siglo XVII para llevar el Evangelio a los más pobres, marginados y abandonados por la sociedad- al periodista español Xavier Aldekoa.

Hasta hoy, el Padre Pedro ayudó a más de medio millón de personas. Y aquel enorme basural ya no existe: se convirtió en una ciudad de 18 barrios de viviendas construidas por la propia gente -que al tiempo que construyen aprenden un oficio para trabajar-, además de hospitales, escuelas, bibliotecas, guarderías, dispensarios y centros deportivos.
“El dinero es necesario, pero el dinero no ha hecho esto. Ninguna oenegé o empresa podría haberlo conseguido. Fue la pasión de la gente, la lucha de miles de personas por un porvenir y por salir del pozo. No somos sólo una ciudad, somos un movimiento de solidaridad y progreso”, definió el Padre Pedro, en charla con el colega catalán del diario La Vanguardia.

“¡Preséntese a presidente, padre!”
En un momento, Pedro «desafió» a Xavier a unos penales en el campo de fútbol que crearon en un sector de la ciudad, que ya cuenta con unos 30 mil habitantes. «Desde el fondo, detrás de una valla, unos hombres le piden que se pase a la política -describió el periodista-. ‘¡Preséntese a presidente, padre! Le votaremos todos, los políticos no piensan en los pobres, y usted nos defendería’, gritan. El padre Opeka sonríe y declina con la cabeza. ‘Yo lucho con vosotros, a vuestro lado, no desde arriba’”.
De megabasural a ciudad de 18 barrios…


“Esa popularidad que a veces roza la devoción hacia el sacerdote argentino se ha convertido en un arma de doble filo. Él lo sabe: ‘Yo no tengo ninguna aspiración política -explica-, pero sé que mi presencia y lo que hemos conseguido aquí incomoda a algunos políticos’”.
A cada misa dominical que celebra el Padre Pedro asisten unas ¡10.000 personas!



(crédito imágenes: wikipedia, la enciclopedia libre)



Akamasoa, la herramienta de los «buenos amigos»
La Asociación Akamasoa (buenos amigos, en malgache) es una organización no gubernamental y comunidad solidaria fundada en 1989 en Madagascar por el sacerdote argentino-esloveno Pedro Opeka.
Su finalidad es ofrecer condiciones de vida dignas a las familias que anteriormente sobrevivían en los vertederos de Antananarivo, la capital del país.
Historia
En 1989, el sacerdote vicenciano Pedro Opeka, misionero en Madagascar desde la década de 1970, comenzó a trabajar con familias sin hogar que sobrevivían en los basureros de Antananarivo. Su iniciativa dio origen a la creación de la Asociación Akamasoa, concebida como una respuesta comunitaria frente a la pobreza extrema y la exclusión social.
Con la ayuda de voluntarios y jóvenes locales, Opeka impulsó la construcción de los primeros asentamientos estables, inicialmente con viviendas de madera y, más tarde, con casas de ladrillo. Paralelamente, la asociación puso en marcha escuelas, dispensarios médicos y centros de trabajo para ofrecer servicios básicos y promover la autosuficiencia. (Wikipedia).


















































































