Se fue Daniel Melingo (68). El martes 30 de junio de 2026, la música argentina perdió a uno de sus mejores intérpretes y compositores. ¿De qué tipo de música? La mejor definición quizás sea la de la cuenta tareafina_arg: “…uno de esos artistas difíciles de encasillar”.
“Melingo venía de la formación académica, se curtió en el rock argentino de los años ‘80 (…) y después hizo algo todavía más raro: volvió al tango sin disfrazarlo de museo”, apuntan.
Y así fue. El cofundador de Los Twist (banda emblemática si las hay del rock nativo ochentoso), encargado de los vientos de Los Abuelos de la Nada (uno de los mejores grupos de la historia) e integrante de la formación de Charly García en su etapa solista, poco después de que la década de los ‘90 cruzara el ecuador se dedicó al 2×4, y lo hizo tan bien que en 2015 fue galardonado con el Premio Konex al mejor Cantante Masculino de Tango.
- Artículo relacionado: Daniel Melingo | Fundación Konex
Aquí nos concentraremos en lo que consideramos un ‘fuerte’ de 90 Líneas: el Melingo rockero. Y no porque seamos especialistas ni mucho menos, sino unos simples melómanos que un día decidieron aunar en un libro titulado “Historias esenciales del rock” un montón de hermosas historias y anécdotas de esa cosa maravillosa bautizada -alguna vez por alguien- como rock nacional.

Pero como primero está lo primero, diremos que Daniel Melingo nació el 22 de octubre de 1957 y que vivió muchos años en el porteño barrio de Parque Patricios, en el seno de una familia literalmente musical: su abuela paterna había sido cantante en el Teatro alla Scala de Milán (Italia), y su abuelo paterno, violinista.
Por ello, a nadie sorprendió su formación académica. Estudió en el Conservatorio Nacional de Música “Carlos López Buchardo” y completó su formación en Musicología, Etnomusicología y Composición en la Pontificia Universidad Católica Argentina.
Hacia 1980, pleno auge de los años de plomo en nuestro país, los amantes de la libertad que seguían encerrados en ese gigantesco centro de detención y opresión en que convirtieron a la Argentina las afiebradas mentes dictatoriales buscaron todas las formas posibles de expresarse, dándole al alma un poco de aire fresco. Fue cuando Melingo, con varias y varios -en su mayoría ignotos- personajes de la música, el teatro y variedades, dio origen al llamado Ring Club.
Allí, luego de que él acompañara al gran músico brasileño Milton Nascimento (1979-1980), comenzaron a tomar forma dos de las bandas que a la larga ocuparían un lugar preferencial entre las más icónicas del rock argento: Los Abuelos de la Nada y Los Twist.
Tras su primera y fugaz versión sesentista (ver Conocés a Los Abuelos. ¿Y a los «Bisabuelos»?), Los Abuelos de la Nada iniciaron su camino a la popularidad absoluta en 1981, cuando el bajista Cachorro López ‘repatrió’ a Miguel Abuelo desde Europa (ver Miguel Abuelo, músicos platenses y una joya del rock argentino) y se produjo una comunión única entre ambos dos, el enorme violero Gustavo Bazterrica, un jovencísimo Andrés Calamaro, el batero Polo Corbella y el saxofonista-clarinetista Daniel Melingo. El 23 de octubre de 1982 se publicó el disco que llevaba el nombre de la banda y que contenía temas como No te enamores nunca de aquel marinero bengalí; Sin gamulán; En la cama o en el suelo; Ir a más; Tristeza de la ciudad, entre otros.

Pero en el Ring Club seguían pasando cosas… Dani Melingo había juntado a personajes tan variopintos como Fabiana Cantilo y otras integrantes de las Bay Biscuits (uno de los primeros grupos 100% femeninos del rock nacional), como Diana Nylon e Isabel de Sebastián; los ‘abuelos’ Cachorro López, Andrés Calamaro, Polo Corbella, el propio Miguel; Miguel Zavaleta (luego líder de Suéter), y muchos más, entre los que se cuentan a algunos que hacían ‘ring raje’, tal el caso de Charly García, David Lebón y el Flaco Spinetta. Se lo conocía como un grupo de teatro-musical, donde no todos iban siempre a los ensayos y a las performances, pero había un grupete que no faltaba nunca.
- Artículo relacionado: Las mujeres del rock argentino
“El Ring Club fue la previa de lo que serían Los Twist y Los Abuelos de la Nada. Armábamos espectáculos como ‘Juicio oral al Doctor Moreau’, que era un tipo que no existía. Miguel Abuelo era el juez y Miguel Zavaleta, el abogado defensor, o al revés. Hacíamos temas con Juan del Barrio y Los Hermanos Clavel. Una serie de personajes maravillosos. Después, creo que apareció Charly. Nos divertíamos como locos y, por supuesto, no ganábamos un mango. Y eso tiene muchísimo que ver, porque así no había problemas. Fue una de las épocas más creativas de muchos de nosotros”, contó Fabiana Cantilo sobre el Ring Club (“Los Twist: las historias detrás de ‘La dicha en movimiento’ contadas por sus protagonistas”, revista Rolling Stone, 16/10/2020).
De un encuentro en la plaza, nacieron Los Twist
“Un domingo me crucé con Melingo en Defensa y Humberto Primo, en la plaza, y me dijo: ‘¿Por qué no juntamos tus temas y los míos y hacemos un grupo que se llame Los Twist? Yo estoy ensayando con el Gonzo (por el saxofonista Gonzalo Palacios) y con Fabi (Cantilo)’. Y le respondí: ‘Sí, dale’. Fue el 30 de abril de 1982. Lo recuerdo bien porque era el cumpleaños de Martín Karadagián”, contó hace casi seis años Pipo Cipolatti (Rolling Stone, 16/10/2020).
Así arrancaron Los Twist, con Pipo Cipolatti en voz y guitarra, Fabiana Cantilo (voz), Daniel Melingo (vientos, guitarra rítmica y voz), Gonzalo Palacios (saxo y coros), Eduardo Cano (bajo) y Polo Corbella (batería). Melingo y Corbella ya eran integrantes estables de Los Abuelos de la Nada.
Los temas que ya había compuesto Melingo estaban pensados para Fabiana Cantilo, y de hecho fueron los que cantó ella en el álbum debut de la banda (Jugando hulla-hulla; Cleopatra, la reina del twist; Ritmo colocado; SOS, sos una rica banana); Pipo aportó dos (a la larga) clasicazos como Pensé que se trataba de cieguitos y El primero te lo regalan, el segundo te lo venden, mientras que a dúo compusieron 25 estrellas de oro y Jabones flotadores.

La increíble historia sobre la grabación del primer LP de Los Twist
Fabiana Cantilo, en aquel entonces una piba de 23 años, contó que con Los Twist empezaron tocando en “unos lugares rarísimos, como el Parque Genovés (parque de diversiones que supo competir con el emblemático Italpark)”. Pero donde el grupo se hizo popular entre el público rockero underground fue en el Café Einstein de Pueyrredón y Córdoba, propiedad de los empresarios Omar Chabán (el de Cromañón), Sergio Aisenstein y Helmut Zieger. El local abrió a inicios de los ’80 y cerró en 1984, pero allí llegaron a actuar en sus comienzos -además de Los Twist- Sumo y Soda Stereo.
Una noche que tocaban Sumo y Los Twist -en ese orden- fue Charly García al Einstein para ver a la banda de Melingo y Cipolatti. Cuestión que, entre recital y recital, se subió al escenario -fuera de programa- el clown Geniol (co-autor de La rubia tarada con Luca Prodan), quien terminó a las piñas con algunos de Los Twist. Y se armó una enorme batahola.
“Le rompieron el brazo a un policía. Alguien le clavó a Luca en la cabeza el pico de una botella. Yo, cada dos por tres, me agarraba de la baranda de la escalera y le pegaba una patada voladora a uno que caía rodando… Donde hay excesos de consumos, todo termina mal. Y en el Einstein había personajes pesados”, rememoró Geniol en la nota de Rolling Stone.

Gonzalo Palacios, el saxofonista de Los Twist, relató que después de la pelea siguieron tocando, y que al terminar el show se fueron junto con Charly García a escuchar la grabación. “Se oían los gritos, los golpes, todo… Y Charly nos dice: ‘Chicos, hay que hacer un disco’. Le dijimos: ‘Sí sí Charly’, convencidos de que al otro día se olvidaría de todo. Pero lo cierto es que unos días después me llamaron a casa para decirme que entrábamos a estudios”.
El material se lo hicieron escuchar al empresario de espectáculos Daniel Grinbank, quien les dijo a Los Twist y a Charly García que no le gustaba. “¿No te gusta? A mí sí. Lo produzco yo”, le respondió Charly.
“En tres días hicimos todo -contó García-. Les pedí que tocaran todo el repertorio de corrido, un tema atrás del otro. Una vez que terminaron, les dije ‘Vayansé’. Ahí lo mezclé, llamé a los que hacían falta y yo puse un tecladito y alguna viola. Fabi cantó divina. Les censuré un par de cosas. Es que en el último tema metían algo de chilenos y judíos que era medio pesado, por eso lo saqué”, rememoró (“Corazones en llamas”, Lejbowicz y Ramos – Rock.com).
El disco se grabó en solo 29 horas y media. Y contó con la colaboración de Andrés Calamaro. Salió a la venta el 17 de octubre de 1983, poco antes de las elecciones que pondrían fin a la dictadura cívico-militar (30/10/1983). “La dicha en movimiento” vendió más de 120.000 copias solamente en los primeros tres meses, una locura para la industria argentina. Con el tiempo, se convirtió en una obra de culto, tanto por la música como por el arte de tapa.
El 9 de diciembre de aquel año, Los Abuelos publicaron su segundo álbum, Vasos y besos, que incluía el tema Chalamán, obra de Daniel Melingo. La mayoría de los especialistas lo sindican como el primer tema reggae argentino; otros aseguran que ese lauro se lo lleva Tristeza de la ciudad, canción del primer LP del grupo compuesto por Gustavo Bazterrica.
En fin… Que se nos fue un grande de verdad. Lo recordamos aquí con dos temazos de su autoría y con su loquísima pero maravillosa versión de En el bosque de la China, que ganó el Premio Gardel a Mejor Videoclip 2017.














































































