Amanecía la década de 1980. Tras casi diez años de exilio europeo, Miguel Abuelo -nacido Miguel Peralta el 21 de marzo de 1946- retornó a la Argentina junto con el bajista Cachorro López. En su paso por el viejo continente, hacia donde Miguel viajó en busca de la libertad que aquí no existía desde 1955 y que en el amanecer de los ’80 aún estaba en veremos, el juglar del rock argentino dejó una marca indeleble: El disco Los Abuelos et Nada (Los Abuelos y Nada), grabado en Francia en 1975 junto a músicos argentinos y chilenos. En la megaencuesta de la revista Rolling Stone, ese LP que aquí no se conoció hasta 1999 fue elegido por músicos, productores, arreglistas y periodistas especializados como el 45º mejor disco de la historia del rock nativo. Un merecido reconocimiento para un trabajo exquisito, que de haberse conocido en su momento hubiese posicionado a Los Abuelos como precursores del metal en castellano.
En Los Abuelos et Nada militaron los platenses Daniel Sbarra (guitarra), Pinfo Garriga (guitarra rítmica) y Diego Rodríguez (batería). Tras su regreso, Sbarra se incorporó a Virus, la banda que en 1981 había roto todos los moldes del rock vernáculo.
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Mil horas, Sin gamulán, Chala-Man, Así es el calor, No te enamores nunca de aquel marinero bengalí, Costumbres argentinas, Himno de mi corazón, Lunes por la madruga y un eterno etcétera. Son algunos de los éxitos que durante la prolífica década de los ’80 inundaron radios, estadios y discotecas. Con tres discos de estudio publicados entre 1982 y 1984, un discazo en vivo editado en 1985 y un último trabajo (ya sin la formación original) en 1986, Los Abuelos se erigieron como una de las mejores bandas de la historia del rock nativo.
Miguel Abuelo (voz principal, percusión, alma y corazón); Cachorro López (bajo); Gustavo Bazterrica (guitarra y voz); Andrés Calamaro (teclados y voz), Daniel Melingo (saxo y clarinete) y Polo Corbella (batería), eran un torbellino arriba del escenario: tocaban muy bien, sonaban mejor, dejaban adivinar que había mucho ensayo detrás, se complementaban a la perfección, y Miguel Abuelo era un showman con escasos (sino nulos) precedentes en la música nacional.
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Algunos más, otros menos, casi todos conocen algo de Los Abuelos (o mucho). Pero hoy queremos ir al origen de la hermosa bestia… Por supuesto que eran otros tiempos, otra música y otros músicos, que -sin saberlo- estaban protagonizando el origen del rock argentino, a la postre, uno de los mayores y más influyentes movimientos socioculturales de Iberoamérica, junto a Los Gatos, Almendra, Manal, Vox Dei, Moris, Tanguito, Pipo Lernoud. Hablamos de 1967, 68, 69.

Fue en 1967 cuando, sin querer, nacieron Los Abuelos. Así se lo contó el propio Miguel, con su característico histrionismo, a Víctor Pintos para su libro Tanguito, la verdadera historia:
«Los Abuelos de la Nada nacieron en un día que acompañé a Pipo Lernoud a arreglar los papeles de sus obras ‘Ayer nomás’ y no me acuerdo cuáles otras más a la compañía Fermata, que pertenece a Ben Molar, el señor Brenner.
«Recuerdo que el señor Brenner tenía una oficina con alfombras gruesas donde yo ponía mi pie y mi pie se hundía graciosamente. Con aire acondicionado (¡en esa época!) y un escritorio fastuoso. Yo entré, vi todo verde, un clima raro, me sentía extraño, y me quedé en un rinconcito a mirar cómo circulaban los papeles y las firmas y las promesas.
«Ellos se habían olvidado de mí por un rato, pero de pronto me descubrieron, y me miraron. Y el señor Brenner, este señor Ben Molar, me preguntó: ‘¿Y vos qué hacés, tenés un grupo?’. Me dio la respuesta, te darás cuenta. Bueno, yo siempre fui un propulsor de la verdad, pero la mentira la tengo en la punta de la boca para lo que haga falta, es una herramienta. Entonces le dije ‘Sí, tengo un grupo’.
«El tipo se alarmó porque fui demasiado rápido. Me dijo: ‘¿Y cómo se llama?’. Mi computadora, que caminaba muy rápido, sondeó el fondo de mi alma y encontró una frase del gran Leopoldo Marechal (…) Esa frase del libro ‘El banquete de Severo Arcángelo’ decía: ‘Padre de los piojos, abuelos de la nada’. Una frase que me pegó mucho.
«Pintó esa frase, y así como me vino la puse en la palma de mi lengua. Y se la puse ante las orejas de Ben Molar, que inmediatamente hizo crack, algo se contorsionó en él como si agarrás una tortuga con un anzuelo y la levantás. Se contorsionó inmediatamente y me dijo: ‘Tienen hora de grabación dentro de tres meses en CBS Columbia. Averigüen el horario, su productor va a ser Jacko Zeller’. Yo no tenía lapicera, no me moví del lugar. Pipo anotó rápidamente como buen amigo y buen aliado que era. Terminó la reunión, le di la mano y nos mandamos a mudar. Ahí le dije a Pipo: ‘¿Te das cuenta en la que nos metimos?’. Y él me contestó: ‘No te preocupes. Vamos ya mismo a la plaza y encontramos a todos los músicos’«.
Pappo por Miguel; Miguel por Pappo
Plaza Francia, la cantera
La plaza era Plaza Francia, donde se solían juntar jóvenes (mayormente hippies) a tocar la guitarra y a cantar. Fueron incontables los pioneros del rock nacional que anduvieron por allí, a tal punto que en el lugar encontraron al que sería el primer baterista de Los Abuelos de la Nada, un pelilargo Héctor Pomo Lorenzo, luego batero de la segunda formación de Pappo’s Blues, y más adelante el baterista por excelencia del Flaco Spinetta en bandas como Invisible, Spinetta Jade y gran parte de sus trabajos solistas. Un virtuoso.
El grupo se completó con Alberto «Abuelo» Lara (bajo), Miki Lara (guitarra), Eduardo «Mayoneso» Fanacoa (teclados), y dos guitarristas: Claudio Gabis -quien dio el puntapié inicial pero enseguida se zambulló en el trío Manal junto con Javier Martínez y Alejandro Medina, una de las bandas consideradas entre las fundadoras principales de nuestro rock-, y Pappo El Carpo Napolitano, pieza clave en esta historia.
Fue así que en 1968, Los Abuelos de la Nada, destinados en ese entonces a ser la cuarta pata de los fundadores del rock argentino con Los Gatos, Almendra y Manal, entraron a estudios para grabar un disco sencillo con el tema Diana divaga en el Lado A (con Claudio Gabis en guitarra) y Tema en flú sobre el planeta en el Lado B (ya con Pappo a cargo de la viola). El productor, como les había anticipado Ben Molar, fue Jacko Zeller.
Diana divaga (Los Abuelos de la Nada – 1968)
Tema en flú sobre el planeta (Los Abuelos de la Nada – 1968)
En la misma sesión donde grabaron Diana divaga y Tema en flú, Los Abuelos de la Nada registraron Pipo la serpiente (Lado A) y la base instrumental de Lloverá (Lado B). Pero ese disco simple no llegó a editarse. Aquí está la grabación de estudio.
Pipo la serpiente / Lloverá (Los Abuelos de la Nada – 1968)
Crédito: Canal de YouTube Duke EtNada
Miguel y Pappo eran agua y aceite, musicalmente hablando (ver video «Pappo por Miguel…»). Pappo quería hacer blues rock, mientras que Miguel iba por su lado más poético, surfeando entre el folk rock y la psicodelia; esa poesía que embelesó al Flaco Spinetta. Así las cosas, se separaron.
Con Pappo como cabeza de la banda, Los Abuelos grabaron una canción, un blues rock puro y duro titulado La Estación, que fue publicado en el compilado Mandioca Underground. Y no más.
Hasta allí llegó la historia de Los Abuelos de la Nada como pioneros del rock nativo. Luego, Miguel se fue a Europa, donde vivió casi 10 años. En el amanecer de los 80 regresó de la mano de Cachorro López y dieron forma a Los Abuelos por (casi) todos conocidos.
La estación (Los Abuelos de la Nada, con Pappo y sin Miguel Abuelo – 1969)
Crédito: Canal de YouTube @CaminanteNocturno













































































