Los sellos discográficos Viajero Inmóvil, Mucha Madera y Tino Music, en una coproducción deseada desde hace tiempo, han publicado aquel segundo álbum del grupo Canturbe que fuera editado en 1983, “Bonpland”.
En pleno regreso del CD (disco compacto), decidieron lanzarlo en ese formato, además de las plataformas digitales conocidas.
En este trabajo, la banda profundiza su estilo de música urbana con mayor presencia de la influencia del tango, los aires rioplatenses y los toques progresivos de su primer disco, “El vuelo de los olvidados”.
Según los historiadores, en “Bonpland” se encuentra la primera grabación de un tango (“Soledad”, de Gardel y Lepera) realizada por una banda de rock argentino.
En esta edición se agregan dos “Bonus Tracks” del tercer disco de Canturbe, “Clandestino”, de 1985.
“Bonpland” fue grabado en los Estudios Moebio, en Buenos Aires, entre los meses de junio y julio de 1983. La producción artística estuvo a cargo de Enrique Londaits y el ingeniero de grabación fue Roberto Aldonis.
Integrantes:
Jorge Garacotche: guitarra, coros, voz
Pablo Faragó: guitarra
Alejandro Giusti: bajo
Gustavo Libutti: batería
Músicos invitados:
Rubén Rada: percusión
Emilio Valle: bajo
José Ogivieki: teclados
Norberto Minichilo: batería y percusión
José de la Quimera: bandoneón

Canturbe en contexto histórico
Corría el año 1978 en Argentina. Un año extremadamente duro. La dictadura tocaba el cielo con las manos con la conquista de la Copa del Mundo en la cancha de River, a sólo treinta cuadras (o diez minutos, como cada cual prefiera) de la Esma, el mayor centro clandestino de detención, tortura y muerte. A las primeras madres de Plaza de Mayo solamente las entrevistaban periodistas holandeses y franceses. En ese contexto, ser rockero era bravísimo. Desde 1975, 1976, muchos habían decidido marcharse. ¿Y qué se cocinaba en estas pampas?
Poco pero (muy) bueno. ¿Será verdad que la creatividad, y sobre todo la colectiva, cobra una fuerza inusitada cuando el viento sopla en contra?
Charly García y David Lebón, en 1977, se instalaron en Brasil y compusieron la mayor parte de lo que sería el primer disco de Serú Girán, de nombre homónimo. Se unieron a ellos Oscar Moro y un jovencísimo Pedro Aznar, y el 3 de noviembre del ’78 lo presentaron en Obras. Abucheos, encendedores voladores… ¿Cómo fue posible? ¿Acaso ese LP no contenía Seminare, Eiti-Leda, El mendigo en el andén? ¡Ajá! A veces, lo esencial es inaudible a los oídos. Prontito, Serú sería la banda más popular y Charly “El rey de este lugar”.
Tras el cuarto y último disco de Invisible -vaya grupo-, el Flaco Spinetta editó en 1977 el solista A 18’ del Sol, una clase magistral de rock progresivo y del jazz rock que pronto exploraría a fondo con Spinetta Jade.
Después de que la dictadura le censura 10 de los 12 temas que iba a incluir en su álbum El Fantasma de Canterville (1976), León Gieco sacó el denominado 4º LP, el que lo catapultaría a la fama mundial gracias a la canción que él no pensaba incluir en el disco, Sólo le pido a Dios.
Pappo’s Blues editaba Pappo’s Blues Volumen VII que incluía El hombre suburbano. Miguel Abuelo seguía en España, los Virus aún estaban repartidos entre Marabunta y Las Violetas, dos bandas amateurs platenses, Los Twist todavía no jugaban hulla hulla.
Pero la resistencia a través del arte, de la música, del rock argento, estaba en el ADN de muchísimos jóvenes músicos que habían crecido escuchando a Almendra y Sui Generis, a Los Gatos, Manal y Vox Dei, a Yes, Genesis y Pink Floyd, a Pescado Rabioso y La máquina de hacer pájaros, y, en este caso, tango, Villa Crespo y después.
En aquel 1978 nació Canturbe, “algo así como el canto urbano”, cuenta el guitarrista, compositor y cantante villacrespense hasta el alma, Jorge Garacotche.
“Por ese entonces yo era un pibe que estudiaba en la Escuela de Jazz del gran Walter Malosetti. Salía de aquellas clases sumergido en una inmensa emoción por los conocimientos recibidos, pero, al término de dos o tres cuadras, comenzaba a preguntarme para qué servía saber todo eso en un país disciplinado por monstruos. No había futuro para los que se formaban dentro del arte. En esos días participaba de un grupo que intentaba fusionar el rock argentino con aires tangueros, producto de venir escuchando a Invisible, Alas, el propio García, Litto Nebbia, Rodolfo Mederos y otros”, recuerda Jorge sobre los primeros pasos de Canturbe.
La cuestión es que un “aliado” que trabajaba en la mítica revista Pelo le dio el teléfono y la dirección de Charly García. Y fue. Y golpeó la puerta. Y salió Charly… Principio de una aventura maravillosa llamada «El vuelo de los olvidados«, primer álbum de la banda que contó con la participación de Charly (ver Charly, cada día canta mejor).
El álbum debut de Canturbe “se edita en octubre de 1980, ahí empieza el asunto”, apunta el guitarrista. Luego llegarían cuatro elepés más, donde participaron, entre otros, Litto Nebbia, Rubén Rada y María José Cantilo, la hermana de Miguel.
Dos años más tarde, en 1983, llegó el citado (y ahora reeditado en formato CD) segundo trabajo del grupo, «Bonpland«, donde también colaboró el Negro Rada y otros prestigiosos músicos, como Emilio Valle, José Ogivieki, Norberto Minichilo y José de la Quimera.
¿Y después? Después vinieron 8 discos más. Pero esa es otra historia.










































































