El 1º de julio, en la localidad suiza de Écône, los hasta entonces obispos de la Iglesia Católica Alfonso de Galarreta (español) y Bernard Fellay (suizo) ordenaron como obispos a cuatro religiosos -Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier- a pesar de que el Papa León XIV les pidió formal y expresamente que no lo hagan. Así las cosas, los dos obispos consagrantes y los cuatro «consagrados», así como todos los integrantes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), incluyendo a los laicos que adhieran formalmente a la misma, fueron excomulgados. El decreto lo firmó, a instancias del Sumo Pontífice, el cardenal prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Víctor «Tucho» Fernández, quien fuera arzobispo de La Plata hasta que Francisco lo convocó al Vaticano para ocupar ese lugar, en el cual fue confirmado por León.
Ahora bien, ¿qué significa todo esto? «Cisma en la Iglesia Católica» suena tremendo, hasta apocalíptico. Pero no. Un cisma es una «división o ruptura de una organización, comunidad o religión» y refiere a la «separación de un grupo de fieles de la autoridad religiosa establecida», es decir que la ruptura la provocaron los lefebvristas, puesto que habían sido advertidos con absoluta claridad por el mismísimo Papa que así sería si consagraban a esos cuatro obispos.
Tanto en esta ocasión, como previamente frente a las agresiones de Donald Trump, el Papa León XIV demostró un carácter sin dobleces y profundas convicciones en línea con la Doctrina Social de la Iglesia
Vale aclarar en este punto que ningún obispo o arzobispo puede ser nombrado sin el formal consentimiento del Sumo Pontífice. Por ejemplo, Gustavo Carrara no hubiese podido ser nombrado arzobispo de La Plata sin el formal consentimiento del Papa Francisco. Aquí, alguien, con razón, podría preguntarse qué diferencia existe entre obispo y arzobispo. Para no meternos en camisa de 11 varas diremos que simplemente es una diferencia de extensión geográfica de sus incumbencias. Por caso, Guillermo Eduardo Caride es Obispo de la Diócesis de San Isidro, por lo que está a cargo de todas las parroquias, capillas, colegios católicos, etc., de la ciudad de San Isidro. ¿Por qué Gustavo Carrara es Arzobispo de La Plata? Porque «La Plata» comprende a todas las parroquias, capillas, colegios católicos, etc., de La Plata, Berisso, Ensenada, Brandsen, Magdalena, Punta Indio y Castelli, de ahí que rige una Arquidiócesis y una estructura más amplia.
El Concilio Vaticano II
El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue un concilio ecuménico de la Iglesia Católica (asamblea universal de autoridades religiosas y teólogos) convocado por el Papa Juan XXIII y clausurado por su sucesor, el Papa Pablo VI. Su objetivo principal fue adaptar la doctrina y la liturgia a los nuevos tiempos, promoviendo la renovación de la fe y un mayor diálogo con el mundo contemporáneo.
Fue entonces cuando un sector ultraconservador de la Iglesia, liderado en aquel momento por el arzobispo francés Marcel Lefebvre, se opuso a que las misas pudiesen celebrarse en la lengua del país o región donde se hallara determinada comunidad católica, así como que el sacerdote la celebrara de cara a los fieles y, menos aún, que los fieles pudiesen participar activamente del culto leyendo e interpretando las escrituras (la Biblia). Querían (y quieren hasta hoy) mantener la misa en latín -aunque los fieles no entiendan absolutamente nada de lo que se dice-, que el cura dé la espalda a los fieles y que la lectura e interpretación de las escrituras esté reservada exclusivamente a los integrantes del clero.

¿Eso solo? No. El término ultraconservadores para designar a los lefebvristas no se limita a la liturgia. Son ultraconservadores en todo sentido. Por ejemplo -y esto corre por cuenta de quien suscribe-, cuando a Francisco le preguntaron «¿usted ve un espacio en la Iglesia para las personas trans, las personas no binarias o el colectivo LGTB en general?», y el Sumo Pontífice respondió: «Toda persona es hijo de Dios. Toda persona. Dios no rechaza a nadie. Dios es padre. Yo no tengo derecho a echar a nadie de la Iglesia. Más aún, mi deber es recibir siempre. La Iglesia no puede cerrarle las puertas a nadie … ¡A nadie!», los lefebvristas deben haber fabricado cientos de muñequitos de goma espuma y tela y les deben haber clavado miles de alfileres mientras se rasgaban las vestiduras. (Para ser sinceros, muchos que están dentro de la Iglesia también deben haber hecho lo mismo, pero es difícil comprobarlo).
En 1976, el Papa Pablo VI suspendió al arzobispo Marcel Lefebvre, y en 1988 Juan Pablo II fue más lejos y declaró «cismática» a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Luego, Benedicto XVI dio marcha atrás. Francisco intentó un acercamiento, pero fue en vano. Ahora, León los excomulgó luego de que ordenaran sin su autorización a los citados cuatro obispos en Suiza.
Leemos en Vatican News: «Los obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay (respectivamente, consagrante principal y co-consagrante), y los obispos recién consagrados Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier han incurrido ‘ipso facto’ (en el acto) en la excomunión ‘latae sententiae’ (pena) reservada a la Sede Apostólica por haber cometido ‘un acto de naturaleza cismática’, la ‘consagración episcopal de cuatro presbíteros sin mandato pontificio y en contra de la voluntad del Sumo Pontífice’. Así se lee en el decreto firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y refrendado por los dos secretarios de dicho Dicasterio. Es la conclusión, lamentablemente previsible, que llega veinticuatro horas después de la solemne ceremonia celebrada en Écône, Suiza, la mañana del 1 de julio de 2026″.
Transcribimos a continuación un artículo publicado por la BBC News Mundo que consideramos muy didáctico respecto de este conflicto…

Quiénes son los lefebvrianos, el grupo ultraconservador excomulgado por el Vaticano luego de desafiar al papa León XIV ordenando a 4 obispos
«Ecône, una pequeña aldea ubicada a los pies de los Alpes suizos, se ha convertido en escenario de un cisma dentro de la Iglesia católica.
El miércoles 1 de julio, cuatro sacerdotes -el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier- fueron consagrados como obispos sin la autorización del papa León XIV, lo que llevó al Vaticano a aplicar la excomunión de sus miembros, la sanción más severa dentro del catolicismo.
Detrás de este nuevo choque se encuentra, una vez más, la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX), un grupo ultraconservador que mantiene desde hace décadas una relación conflictiva con el Vaticano.
El grupo, conocido popularmente como «lefebvrianos» o «lefebvristas», ha seguido adelante con sus planes a pesar de los llamados que, hasta última hora, les hizo el Pontífice estadounidense.
La excomunión sumerge en la separación de la Iglesia de Roma tanto a los obispos como a los sacerdotes pertenecientes a la Fraternidad San Pío X. En cuanto a los fieles laicos, se considerarán excomulgados aquellos que se adhieran formalmente a la Fraternidad
En un decreto, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, la máxima autoridad de vigilancia doctrinal de la Iglesia católica, anunció la excomunión no solo de los líderes, sino de todos los católicos que se adhieran «formalmente» a la FSSPX.
«Les ruego y les pido de todo corazón: ¡vuelvan sobre sus pasos!», le había escrito previamente León XIV al superior general del grupo, Davide Pagliarini, en una carta en la que también le advirtió que «desgarrar la túnica inconsútil (sin costuras) de Cristo es un pecado de extrema gravedad».
Pagliarini, por su parte, contestó que su objetivo no es provocar una división.
«Lejos de nosotros está la idea de separarnos de la Iglesia Romana; al contrario, deseamos servirla mediante medios extraordinarios, como se ayuda a una madre que atraviesa una grave dificultad y necesita una ayuda particular que no todos comprenden», escribió el superior de los lefebvrianos.

Las causas del cisma
¿Cuáles son las raíces de la disputa? La explicación está en el Concilio Vaticano II.
En esta asamblea de líderes religiosos católicos, celebrada entre 1962 y 1965, se aprobaron numerosas y profundas reformas al interior de la Iglesia, incluida la manera de celebrar la misa.
Hasta entonces, los sacerdotes oficiaban el servicio únicamente en latín -aunque los fieles no entendieran nada de lo que decían-; además, lo hacían de espaldas a los feligreses y la lectura e interpretación de la Biblia estaban reservadas al clero.
Sin embargo, el Concilio autorizó que se utilizara la lengua local de cada país para las celebraciones religiosas; también permitió la constitución de grupos de laicos para la lectura de textos religiosos y otras actividades, y abrió las puertas al diálogo con confesiones no cristianas.
Los cambios no sentaron bien en los sectores más conservadores del catolicismo, entre ellos a Marcel Lefebvre (1905-1991), un arzobispo francés que había sido misionero en África.
En 1970, Lefebvre, con el apoyo del entonces obispo de Friburgo (Suiza), François Charrière, otro crítico de las reformas, fundó la FSSPX con el objetivo de formar sacerdotes que deseaban preservar el modelo de Iglesia «tradicional» previo al Concilio.
El nombre del grupo fue toda una declaración de intenciones. ¿La razón? El Papa Pío X, quien estuvo al frente de la Iglesia entre 1903 y 1914, promulgó la encíclica Pascendi Dominici Gregis, en la que calificó al «modernismo» como «la síntesis de todas las herejías».
La celebración de la misa en latín, también conocida como «tridentina», es uno de los símbolos distintivos de los lefebvrianos. Actualmente, la congregación cuenta con unos 720 sacerdotes y 500.000 fieles en el mundo, según los datos de la propia Fraternidad. Una cifra muy pequeña en comparación con los 1.400 millones de católicos que hay a nivel planetario
La FSSPX fue uno de los diversos movimientos que surgieron en un momento en el que lo moderno y lo tradicional chocaban dentro del catolicismo.
Más de 40.000 sacerdotes colgaron las sotanas tras el Concilio, le explicó a BBC Brasil el historiador Vinícius Couzzi Mérida, quien posee una maestría y un doctorado en Estudios Religiosos.
«Muchos sacerdotes y seminaristas percibían que la Iglesia estaba atravesando una ruptura, lo que daba lugar a un tipo de Iglesia diferente: una más progresista y alineada con el mundo moderno. Esto, de hecho, provocó una gran confusión», apuntó el experto.
La FSSPX comenzó a expandirse por Europa, pasando a Francia, Alemania, Países Bajos, Italia y España, e incluso llegó a Estados Unidos, Canadá y Oceanía.
Pero, mientras el grupo crecía, también lo hacían las tensiones con el Vaticano.

En 1976, el papa Pablo VI suspendió al arzobispo Lefebvre y, en 1988, Juan Pablo II declaró a la fraternidad «cismática», luego de que su fundador consagrara a cuatro obispos en su seminario suizo de Ecône. Los prelados fueron excomulgados.
El Código de Derecho Canónico, el cual regula la organización y disciplina dentro de la Iglesia, establece en su artículo 377 que solo el sumo pontífice puede elegir a los obispos.
Lefebvre, por su parte, no se quedó callado y, en 1987, llegó a afirmar que «el trono de Pedro y los puestos de autoridad de Roma están ocupados por anticristos».












































































