Muchos fueron los obispos, sacerdotes, diáconos, monjas y laicos torturados, asesinados o desaparecidos por la dictadura cívico-militar, que encubría sus propósitos diciendo que venía a «reinstaurar los valores occidentales y cristianos» en la Argentina. Una gran pantalla para cometer crímenes aberrantes con un único objetivo: retrotraer al país a la época de los gobiernos oligárquicos.
Julio del ’76, en ese contexto, fue un mes tremendo. El 4 de julio, a la madrugrada, en la porteña Iglesia de San Patricio fueron masacrados tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos. La investigación por esta matanza, considerada el mayor atentado que sufrió la Iglesia Católica argentina en su historia, se topó con todas las interferencias posibles, y ya en democracia, cuando se creía que podría avanzarse, las leyes de Punto Final y Obediencia Debida fueron letales para la investigación. No obstante, todos los caminos conducen a la Policía Federal.
Los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau, junto con los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, son recordados por la comunidad como «auténticos testigos del Evangelio, cuyo ejemplo continúa alentando la búsqueda de la justicia, la fraternidad y la paz».
Los palotinos realizaban un intenso trabajo barrial, educativo y de ayuda a los más necesitados, lo cual era visto por los militares como una actividad subversiva. Denunciaban las injusticias sociales, la opresión del pueblo y los crímenes de lesa humanidad que ya se estaban cometiendo en el país y formaban parte de un sector del clero católico que optó por los sectores populares, convirtiéndose en objetivo directo del aparato represivo estatal (Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina)
El 18 de julio, en La Rioja, comenzó la serie de cuatro asesinatos contra religiosos de esa provincia que culminaría 16 días más tarde. El hecho es recordado bajo el nombre de «Los Mártires Riojanos», y próximamente también se cumplirán 50 años. En La Rioja han preparado numerosas y significativas conmemoraciones para honrar la memoria del obispo Enrique Angelelli, el laico y activista católico Wenceslao Pedernera, el sacerdote Gabriel Longueville y el fraile franciscano Carlos de Dios Murias.
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¿Qué ocurrió en la Parroquia San Patricio el 4 de julio de 1976?
En la iglesia de San Patricio, ubicada en el barrio de Belgrano de la Ciudad de Buenos Aires, fueron encontrados torturados y asesinados los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau, y los seminaristas Salvador Barbeito Doval y Emilio Barletti. Todos argentinos, salvo Salvador Barbeito que era español.
masacre de san patricio

¿Qué testigos hubieron?
Aproximadamente a la 1 AM del 4 de julio, tres jóvenes, Luis Pinasco, Guillermo Silva y Julio Víctor Martínez, vieron cómo dos automóviles estacionaban frente a la iglesia de San Patricio. Como Martínez era hijo de un militar y pensó que podría tratarse de un atentado contra su padre, fue a la Comisaría Nº 37 para hacer la denuncia. Minutos después, un automóvil policial llegó al lugar, y el oficial Miguel Ángel Romano habló con las personas que estaban en los autos sospechosos y se retiró. A las 2 de la mañana, Silva y Pinasco vieron cómo un grupo de personas con armas largas salían de los autos sospechosos y entraban a la iglesia a la fuerza.
A la mañana siguiente, a la hora de la primera misa, un grupo de fieles esperaba frente a la puerta de la iglesia, que se encontraba cerrada. Extrañado por la situación, el joven Rolando Savino, organista de la parroquia, decidió entrar por una ventana y encontró, en el primer piso, los cuerpos acribillados de los cinco religiosos, boca abajo y alineados, en un enorme charco de sangre sobre una alfombra roja con escritos que justificaban esta acción por ser miembros de los Sacerdotes del Tercer Mundo, pertenencia que nunca pudo ser comprobada.
El historiador Felipe Pigna afirmó que, sobre los cuerpos, se halló el siguiente poster de Mafalda que uno de los religiosos tenía en su habitación…

¿Quiénes fueron los responsables?
Si bien durante muchos años la instrucción se tramitó en el marco de la megacausa ESMA, todos los indicios apuntan hacia la Policía Federal. Desde el año 2023, el expediente se encuentra a cargo del juez Daniel Rafecas, que investiga el hecho como parte de los crímenes del grupo de tareas de Coordinación Federal. Se espera además que en los próximos días el magistrado indague a cuatro efectivos de la Comisaría 37 sospechados de liberar la zona.
¿Qué hicieron los palotinos para ser asesinados?
Seguir a Jesús y su Evangelio. Los palotinos establecieron una espiritualidad y un accionar cristiano basado en el apostolado, a partir de un activo vínculo y compromiso con la comunidad laica, marcando una íntima conexión entre la vida activa y la contemplativa. El carisma de la comunidad ha sido definido como «Santificarse para santificar».
Realizaban un intenso trabajo barrial, educativo y de ayuda a los más necesitados, lo cual era visto por los militares como una actividad «subversiva». Denunciaban las injusticias sociales, la opresión del pueblo y los crímenes de lesa humanidad que ya se estaban cometiendo en el país y formaban parte de un sector del clero católico que optó por los sectores populares, convirtiéndose en objetivo directo del aparato represivo estatal.

Desde 1976, el padre Kelly, párroco de San Patricio, denunció públicamente, desde su lugar de pastor, las violaciones de derechos humanos que estaban realizando, condenando asimismo los remates de bienes robados a los desaparecidos.
¿Qué nos dejan estos 5 hermanos?
Hoy son luz y vida. Las nuevas generaciones de religiosos y la comunidad en general recuerdan a los cinco mártires palotinos (Alfredo Leaden, Alfredo Kelly, Pedro Duffau, Salvador Barbeito y Emilio Barletti) como «luz y vida». Su memoria es honrada activamente en misas, homenajes y a través de organizaciones como Palotinos por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Su entrega continúa iluminando el presente y alentando a las nuevas generaciones a vivir con fidelidad el Evangelio, la justicia y la fraternidad.
El proceso de Beatificación fue abierto oficialmente en Buenos Aires el 1º de agosto de 2005 por disposición del entonces arzobispo, cardenal Jorge Bergoglio.
Cada 4 de julio se los conmemora.
Fuentes: Pastoral Social CEA; Aica
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