De la Redacción
«Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende» (Arturo Jauretche)
La frase del pensador nacional, sin dudas uno de los más lúcidos e influyentes de nuestra historia, puede trasladarse a la actualidad con una sencillez que asusta… asusta por la actualidad -valga la redundancia- de la frase en cuestión.
«Es solo un partido». Sí, fue un partido. El «solo» estuvo demás. Y a sabiendas de quien lo dijo. Porque, tal como se afirmó aquí hace unas horas nomás, el autor de esta otra frase, el técnico Lionel Scaloni, era el primero en saber y sentir que no se trataba de un partido y nada más. A ningún argentino de bien, y esa definición no le cabe a nadie del gobierno más cipayo de la historia, le ocurre lo mismo por dentro y por fuera si el rival es Inglaterra y, menos que menos, en una semifinal.
Así se notó desde el minuto uno. Los discursos políticamente correctos del DT y algún que otro jugador quedaron en el vestuario. Salieron con el cuchillo entre los dientes. ¡No contra Kane! ¡No contra Bellingham! No contra… sino a favor. A favor de la memoria eterna de los 649 soldados y conscriptos que murieron en las Islas; a favor de los 323 de ellos que perdieron la vida por el hundimiento a traición -como hacen los piratas- del Crucero General Belgrano por orden de la asesina de guerra Margaret Thatcher, la que admira nuestro presidente, el comandante en jefe de la caterva de cipayos que usurpan la Casa Rosada (sí, la usurpan, porque casi nadie los votó para lo que están haciendo, que es vender nuestra Patria por cuatro centavos con el fin de convertirnos en un enclave colonial); a favor de la memoria perenne de los chicos que se congelaban en las trincheras porque no les daban ropa ni comida; de los pibes que fueron torturados por sus superiores…
A favor de la historia. Mejor, de LA HISTORIA, así con mayúsculas. La cual dice sin lugar a duda alguna que las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas (ver A 194 años del primer gobierno argentino en Malvinas).
Claro, en contra de la Corona Británica. Y sí. En contra de los usurpadores, de los ladrones, de los piratas. Y ese sentimiento no escapa a ningún argentino de bien. Ni en la cancha, ni en la casa, ni en el trabajo… ni en la vida. Pero los piratas no estaban en la cancha…
Les explicamos a los cipayos, porque no entienden nada: Cuando Maradona arengó a sus compañeros en las semifinales de México ’86, no hablaba de los jugadores, hablaba de lo que representa un escudo, una bandera, un nombre, una Corona. Y esta vez, ningún argentino veía en los jugadores rivales a la Reina Isabel II ni a Margaret Thatcher ni a las fuerzas armadas británicas ni a los isleños usurpadores. Porque saben diferenciar. (Vaya un recordatorio: solo el 4% de los ingleses saben responder correctamente tres preguntas básicas sobre la Guerra de Malvinas).
Pero… ¡Ya basta de tanta dulzura!
Una ministra de inseguridad -de apellido Monteoliva- avaló que no se pudiese llevar una remera o bandera o gorro que a través de una frase o un dibujo recordara que las Malvinas son argentinas. Pero no se quedó allí. Dijo que la frase «las Malvinas son argentinas es una expresión política provocadora». Y aquí aparece la correlación con la reflexión de Don Arturo Jauretche: mientras los jugadores argentinos honraron con su garra, su corazón, y con la bandera que decía «las Malvinas son argentinas» al final del partido a (casi) todos los argentinos y argentinas y, muy especialmente, a los caídos en la guerra, a los héroes de Malvinas, a los veteranos de la guerra, a los ex combatientes, a la historia de un Pueblo Soberano, hay en Argentina un gobierno que nos está vendiendo por cuatro monedas.
Son los descendientes de aquellas familias patricias que durante la invasión de 1806 recibieron en sus mansiones porteñas a los oficiales ingleses y los agasajaron con grandes fiestas; son los descendientes de Rivadavia y Cía., que persiguieron hasta el intento de asesinato a San Martín, y a Belgrano, y mataron a Güemes por la espalda en connivencia con los españoles.
Son los descendientes de la oligarquía terrateniente que desde Caseros en adelante se negó a industrializar el país porque su modelo de “nación” era una colonia próspera (para ellos, por supuesto); son los hijos e hijas de quienes en junio del 55 tiraron 14 tn de explosivos en la Plaza de Mayo matando a 308 civiles para ponerle fin a un gobierno nacionalista e industrialista.
Son los herederos de los golpistas del 24 de marzo de 1976, quienes tomaron el poder a pedido de la Casa Blanca para destrozar un país con matriz industrial, pleno empleo, la menor desigualdad social de la historia, educación pública de calidad, un índice de pobreza marginal y más de un 90% de trabajo en blanco (ver 1974. Por qué marcó un antes y un después en la historia; son los hijos e hijas de los 90 y su correlato en el siglo XXI, el macrismo, liderado por un empresario corrupto que una vez dijo sin ruborizarse que las Malvinas significarían un alto costo para el país (ver Macri: «Las Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina»)…
Esos gobiernan hoy. Es lógico que hayan puesto la Patria en venta. Lo que no es lógico es dejar que sigan avanzando.
Ah, señorita Monteoliva… ¿Sabe qué cantan los jugadores de la Selección? «Por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré….» ¿Qué va a hacer? ¿Los va a reprimir como a los jubilados y a los discapacitados, o va a fingir alegría por el triunfo deportivo?
Y con el permiso de Don Arturo… «Si malo es el gringo que nos compra, peor es el argentino o argentina que siente vergüenza de serlo».
Pasó el partido. Heroico lo de nuestros jugadores. Más todavía porque, contra la voluntad de la mismísima FIFA, mostraron esa bandera en la cancha. Mil veces gracias!!!!!!


















































































