Con el lema «Jorge Novak, sembrador del espíritu sinodal», la comunidad diocesana de Quilmes conmemoró el 25º aniversario del fallecimiento de su primer obispo, el siervo de Dios Jorge Novak, con una misa celebrada el 8 de julio en la catedral Inmaculada Concepción de Quilmes.
La celebración fue presidida por el obispo de Quilmes, monseñor Carlos Tissera, junto con el obispo auxiliar, monseñor Eduardo Redondo; el obispo emérito de esa diócesis, monseñor Luis Stockler; el obispo emérito de Río Gallegos, monseñor Juan Carlos Romanin, y los sacerdotes del clero como concelebrantes. Participaron fieles de cada una de las parroquias, movimientos, grupos y congregaciones religiosas de esa jurisdicción eclesiástica.
Pocos días antes de su muerte (9 de julio de 2001), durante la celebración de Corpus Christi y cuando el país atravesaba una profunda crisis social, Jorge Novak volvió a denunciar con énfasis el drama de «las mesas sin pan» y la flagrante contradicción de una Argentina con abundancia de recursos mientras miles de familias padecían hambre, desempleo y exclusión. «Esas palabras conservan plena vigencia hoy en día», subrayó el actual obispo quilmeño, Carlos Tissera
A partir de la parábola del Buen Samaritano, monseñor Tissera sostuvo que el padre Novak «encarnó la Palabra» y convirtió la compasión en un estilo permanente de servicio pastoral. «Él tuvo las actitudes de aquel samaritano al encontrar al hombre herido a orillas del camino. No pasó de largo», manifestó Tissera.
El prelado recordó especialmente la última homilía pública del fallecido obispo, pronunciada pocos días antes de su muerte (9 de julio de 2001) durante la celebración de Corpus Christi, cuando el país atravesaba una profunda crisis social. Allí, había denunciado el drama de «las mesas sin pan» y la contradicción de una Argentina con abundancia de recursos mientras miles de familias padecían hambre, desempleo y exclusión, palabras que -dijo Tissera- conservan plena vigencia, por lo que invocó la intercesión de Novak por la realidad actual del país.

Profundizando la relación con el Evangelio, Tissera afirmó que la vida pastoral de quien fuera el primer pastor diocesano reprodujo cada uno de los gestos del Buen Samaritano: «Vio, se conmovió, se acercó, vendó las heridas y se hizo cargo».
«Amigo de Dios y de los pobres, misionero incansable, defensor de los derechos humanos, servidor de la unidad de los cristianos», reza la inscripción en la tumba de Jorge Novak
Explicó que ese modo de vivir el ministerio episcopal se tradujo en acciones concretas desde los primeros años de la diócesis: las colectas solidarias, las ollas populares, el acompañamiento a las familias de los asentamientos, el apoyo a las tomas de tierra y la creación de Cáritas Quilmes fueron la expresión práctica de una Iglesia que eligió hacerse prójima de quienes más sufrían.
Defensor de los derechos humanos
Monseñor Tissera puso un énfasis especial en el compromiso de Novak con los derechos humanos durante la última dictadura militar. Recordó que abrió las puertas de la Iglesia a los familiares de los desaparecidos y acompañó también a las familias de los caídos en la Guerra de Malvinas.
En su testamento espiritual, Jorge Novak -quien fue el primer obispo de Quilmes- pedía perdón por no haber podido responder «con mayor intensidad al sufrimiento de los desaparecidos, los desocupados, quienes vivían en asentamientos, las familias sin vivienda, los niños abandonados, los jóvenes con problemas de adicciones y los ancianos desamparados».
En ese contexto, leyó fragmentos del testamento espiritual del primer obispo de Quilmes, quien pedía perdón por no haber podido responder con mayor intensidad al sufrimiento de los desaparecidos, los desocupados, quienes vivían en asentamientos, las familias sin vivienda, los niños abandonados, los jóvenes con problemas de adicciones y los ancianos desamparados.

Otro de los aspectos resaltados fue el legado eclesial de Novak como impulsor de una Iglesia sinodal. El obispo recordó que apenas llegó a Quilmes propuso convocar un sínodo diocesano para discernir, comunitariamente, el camino pastoral, y promovió una amplia participación de sacerdotes, religiosos y laicos, una práctica que definió como novedosa para la época.
Al finalizar la homilía, monseñor Tissera invitó a mirar la inscripción de la tumba de Novak como una síntesis de toda su vida: «Amigo de Dios y de los pobres, misionero incansable, defensor de los derechos humanos, servidor de la unidad de los cristianos», y pidió que su testimonio siga iluminando el camino de la diócesis de Quilmes, especialmente en el marco de su tercer sínodo diocesano, «para construir el reino de justicia, de amor y de paz».
Fuente: AICA

















































































