4 de julio de 2026. En el centro de la Ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, se lleva a cabo un festejo por los 250 años de la independencia de Estados Unidos que poco tiene que envidiarle a las celebraciones que se realizan en el país del norte. (El diario Perfil lo contó con lujo de detalles).
4 de julio de 2026. Con la excusa de que EEUU cumplía 250 años de su independencia, en el emblemático Monumento a la Bandera de Rosario, Santa Fe, se izó una bandera estadounidense con el aval del gobernador Maximiliano Pullaro y del intendente Pablo Javkin.
No pasó absolutamente nada.
¿Y qué debería pasar?, se preguntará algún contento o alguna contenta. Que en ningún país del mundo se celebra de semejante forma la independencia de otro (por más número redondo que sea), pero menos aún si se trata del país-imperio que planeó y financió la peor dictadura cívico-militar que conoció la Argentina y el que, en estos precisos momentos, toma todas las decisiones económicas de peso y define la geopolítica en Argentina, donde un grupo de dirigentes se encargan de cumplirlas a rajatabla; todas decisiones y políticas que, “casualmente”, despojan a los argentinos y argentinas de sus recursos naturales; de décadas de estudio e investigación (caso Atucha-CNEA (1), por poner un solo ejemplo); de sus mejores tierras, y de los derechos sociales y laborales que supieron conseguir a lo largo de una larga historia de luchas, valga la redundancia.
Allá lejos… en 1806
No entraremos aquí a analizar si la sociedad argentina es o no nacionalista, si lo fue o algún día lo será; eso es materia de la sociología y, porqué no, de la historia. Pero hay datos muy concretos que hablan de una sociedad que desde su nacimiento tuvo sectores fuertemente patriotas y otros con una clara vocación de colonia.
Vayamos a las invasiones inglesas de 1806. ¿Fueron rechazadas? Sí. Es más, en ese momento comenzaron a formarse en Buenos Aires milicias populares que fueron determinantes, tanto en la rápida reacción frente a las invasiones de 1807 como en la Revolución de Mayo de 1810. Pero…
Durante los 46 días en que Buenos Aires fue una colonia británica, en ocasión de la primera invasión, mientras “los pobres del virreinato, de a miles, comenzaron a sumarse a las milicias populares”, “los oficiales ingleses alternaban con las principales familias porteñas y se alojaban en sus casas, donde se sucedían las fiestas en homenaje a los invasores. Era frecuente ver a las Sarratea, las Marcó del Pont, las Escalada, paseando por la alameda (actual Leandro N. Alem) del brazo de los ‘herejes’” (www.elhistoriador.com.ar).
Cartas marcadas en mayo de 1810
Cuatro años más tarde, la Revolución de Mayo conoció “feroces internas”. Y en 1812, el general San Martín en persona, al frente de los flamantes Granaderos a Caballo, se instaló en la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) para exigir la renuncia del Primer Triunvirato a través de un documento redactado por él mismo, que concluía diciendo: “…no siempre están las tropas para sostener gobiernos tiránicos”.
¿De qué acusaban San Martín, la Sociedad Patriótica fundada por Bernardo de Monteagudo y la Logia Lautaro al Primer Triunvirato? De no abrazar con convicción la causa independentista y de darle abierta y completamente la espalda a todas las provincias del interior. ¿Quién manejaba los piolines del Primer Triunvirato? Su secretario, Bernardino Rivadavia, a la postre el culpable de que el Libertador marchase al exilio.
La jugada apátrida en el Acta de la Independencia original
El Congreso de Tucumán inició sus sesiones el 24 de marzo de 1816.
San Martín fue nombrado Gobernador Intendente de Cuyo el 10 de agosto de 1814, de manera tal que el congreso sesionó durante su mandato y los 5 diputados cuyanos estaban en línea con el Gran Jefe. Eran Fray Justo Santamaría de Oro, Agustín de la Maza, Francisco Narciso de Laprida, Juan Martín de Pueyrredón y Tomás Godoy Cruz.
“Durante el transcurso del año 1816, en repetidas ocasiones San Martín se dirige a Godoy Cruz para que apremie a los congresales a fin de que declaren la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. San Martín quiere definiciones claras y concretas, y es así como, una vez declarada la independencia, emplea en sus proclamas a las tropas y a los pueblos la palabra ‘libertad’ como estímulo máximo de la acción y como base de sus tratativas con los realistas” (2).
San Martín sabía porqué y a instancias de quiénes se dilataba en forma exasperante la declaración de la independencia. Pero quizás no pensó que luego de que se concretara ese acto se vería obligado a intervenir… una vez más.
¿Hasta cuándo?
Antes de ello, recordemos qué le escribió -varias semanas antes del 9 de julio- al diputado Godoy Cruz, llamando a romper de una vez y para siempre los vínculos coloniales:
“Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia. ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional, y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender, cuando estamos a pupilo? (…) Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas” (Ricardo Levene, El genio político de San Martín, Buenos Aires, Depalma, 1950, en El Historiador).
¿Exigió San Martín que se cambiara parte del texto del Acta de Independencia original? Sí, el General José de San Martín exigió que se modificara el texto original para asegurar la “independencia absoluta”.
«Y montó en cólera…»
Así lo cuenta el historiador Ariel Gustavo Pérez en “Vida y obra de José de San Martín” (3): “El acta original de nuestra independencia solamente hablaba de la independencia de España, dejando así abierta la posibilidad de seguir bajo el yugo de alguna otra corona. A nadie escapa que había muchos poderes aquí, en el Río de la Plata, que estaban negociando bajo qué otra corona seguir nuestros días…”
“El 10 de julio, el chasqui enviado por el Congreso de Tucumán (4) lo encuentra a San Martín en Córdoba, donde se entrevistaría con Pueyrredón (por entonces director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata), pues estaban organizando la logística y la financiación del cruce de la cordillera”.
“San Martín enseguida se da cuenta de esta jugada, atribuida mayormente a los diputados porteños, y monta en cólera. Entonces manda urgentemente una carta a sus diputados (los diputados de Cuyo ante el Congreso) para que remediaran tal ‘olvido’ o ‘error’”, ironizó Ariel Pérez.
“Se produce así un hecho casi desconocido: el 19 de julio de 1816, diez días después de declarada la independencia, se hace una sesión secreta, presidida por Pedro Medrano, en la que se agrega, en la parte que decía que ‘las Provincias Unidas eran independientes del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli’, la frase ‘y de toda otra dominación extranjera’. Dicha frase, que cerraba toda posibilidad de cambiar de ‘dueño’, pasando de estar bajo dominio de España a estar bajo dominio de las coronas inglesa o francesa, que eran las dos con las que muchos diputados estaban negociando, la hizo poner José de San Martín”.
Persecución y lawfare a inicios del siglo XIX
San Martín, tras liberar Chile y Perú y ejercer el protectorado de Perú entre agosto y septiembre de 1823, “regresó a Mendoza en enero de 1823 y pidió autorización para ir a Buenos Aires a reencontrarse con su esposa, que estaba muy enferma. Bernardino Rivadavia, ministro de Gobierno del gobernador Martín Rodríguez, se lo negó argumentando que no sería seguro para San Martín volver a la ciudad. En rigor de verdad, su apoyo a los caudillos del interior y la desobediencia a una orden que había recibido del Gobierno de reprimir a los federales, le valió que los unitarios quisieran someterlo a juicio” (5).
Comenzaba así la implacable persecución de los porteños unitarios y liberales al General San Martín, siempre con Bernardino Rivadavia a la cabeza.
Cipayos hubo siempre, el problema es que ganaron la guerra civil
Se trataba de la Argentina con vocación de colonia que quería eliminar de la faz de la tierra a la Argentina “independiente de toda dominación extranjera”. Primero tuvieron que sacar de la cancha a San Martín, Belgrano y Güemes -en distintos momentos y por distintos medios-. Hasta que, después de Caseros, impusieron su modelo hasta 1916. Históricamente se asocia esta “vocación de colonia” al modelo agroexportador de 1880, donde Buenos Aires actuaba como el puerto de entrada de productos europeos y salida de materias primas, relegando el desarrollo industrial del interior.
Tras el interregno radical (1916-1930), llegó la Década Infame a reinstalar la Argentina colonial. La Revolución nacionalista del ‘43, que continuó con el llamado “primer peronismo”, fue derrocada en septiembre de 1955, aunque tres meses antes, los continuadores de Rivadavia en el siglo XX tiraron 14 toneladas de explosivos en Plaza de Mayo, asesinando a 308 civiles indefensos, incluidos niños y niñas en edad escolar, e hiriendo y/o mutilando a unas 1.200 personas.
Código de honor
Ahora bien, ¿por qué San Martín no combatió a Rivadavia y sus secuaces? San Martín evitó derrocar a Bernardino Rivadavia para no derramar sangre en una guerra civil entre hermanos. Su código de honor militar le prohibía usar el sable contra sus propios compatriotas, prefiriendo el exilio antes que perpetuar la intolerancia y la división en las nacientes Provincias Unidas.
130 años más tarde, cuando el almirante Isaac Rojas posicionó el Crucero ARA 17 de Octubre -luego rebautizado Belgrano- frente a la Destilería La Plata de YPF y prometió bombardearla si Perón no renunciaba, el General le preguntó a leales de la Armada si era capaz de hacerlo: “Sí, eso y mucho más”, le respondieron. Y el presidente constitucional, entre la sangre y el tiempo, eligió el tiempo. Y lo desterraron casi dos décadas.
No obstante lo cual…
71 años más tarde, hoy, Argentina está siendo vendida a la velocidad de la luz, mientras la bandera imperial flamea en el Monumento a la Bandera (argentina, por si hace falta aclararlo).
Repasando… Durante los 46 días de 1806 en que Buenos Aires fue una colonia británica, en ocasión de la primera invasión, “los oficiales ingleses alternaban con las principales familias porteñas y se alojaban en sus casas, donde se sucedían las fiestas en homenaje a los invasores. Era frecuente ver a las Sarratea, las Marcó del Pont, las Escalada, paseando por la alameda (actual Leandro N. Alem) del brazo de los ‘herejes’”… 220 años más tarde, las costumbres de nuestra gran burguesía han cambiado un poco, pero su vocación de colonia, como así la de los contentos y contentas de la patria sojuzgada, está más vigente que nunca.
No obstante lo cual… ¡Viva la Patria! Y no olvidemos que “Cuando la Patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla” (un tal José de San Martín).
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(1) El conflicto actual en el complejo nuclear Atucha y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) gira en torno a un cambio de paradigma hacia el sector privado. El Gobierno nacional impulsa una central nuclear con capitales privados estadounidenses (Meitner Energy), mientras se registran fuertes recortes de personal (en la actual gestión se perdieron 389 puestos de trabajo en el organismo), protestas y congelamiento de proyectos estatales como el CAREM. La CNEA fue creada por el primer gobierno peronista el 31 de mayo de 1950, por lo que lleva 76 años formando científicos y desarrollando el programa nuclear argentino, único en América Latina y reconocido a nivel mundial. (Mientras Argentina jugaba por los 16º del Mundial contra Cabo Verde, Luis Caputo y Cía. anunciaron alegremente que todo ello queda en manos de Meitner Energy).
(2) San Martín y la declaración de la Independencia Argentina | Instituto Nacional Sanmartiniano
(3) Vida y obra de José de San Martín, por Ariel Gustavo Pérez | Facebook
(4) Para difundir la noticia de la independencia, el Congreso envió por medio de chasquis, en carreta y a caballo, copias del Acta, de la cual se habían impreso 1.500 en español y 1.500 en quechua y aymara.















































































