El sábado 6 de junio, en coincidencia con el primer día de la Colecta Anual de Cáritas 2026, la Iglesia Católica celebró la solemnidad de Corpus Christi, que convocó a todas las comunidades eclesiales, movimientos, grupos de adoradores y madrugadores, sacerdotes, religiosos y religiosas, diáconos y diáconos permanentes, grupos de scouts y de todas las pastorales, así como de los colegios del arzobispado y de la Universidad Católica.
En el marco del Año Jubilar propuesto por el Papa León XIV para conmemorar los 800 años de la Pascua de San Francisco de Asís, la celebración inició con una adoración eucarística en la parroquia dedicada al santo (12 Y 68), que fue organizada por el equipo de Pastoral Juvenil, y posteriormente partió la procesión hacia la Catedral, donde el arzobispo Gustavo Carrara presidió la misa que concelebró con sus obispos auxiliares y todo el clero arquidiocesano.

Homilía
En su homilía, señaló que la solemnidad de Corpus Christi constituye una manifestación pública de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, y recordó que “la adoración es misionera porque nos abre a los intereses del Señor”.
El arzobispo se refirió al significado especial que la celebración tuvo en memoria del Jubileo en memoria de San Francisco, y evocó las palabras del Papa Francisco sobre el santo de Asís, a quien describió como un hombre que “esparció paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados y de los últimos”.


Asimismo, el Padre Carrara vinculó la celebración eucarística con la colecta anual de Cáritas, realizada simultáneamente en todo el país. “La Iglesia es Cáritas. Cáritas es la caricia de la Madre Iglesia que abraza y cuida a los que más lo necesitan, organizando la esperanza”, expresó.
Al profundizar sobre el sentido de la solemnidad, recordó la enseñanza del Papa Benedicto XVI acerca del sacramento eucarístico. “En la Eucaristía Jesús no da algo, sino a sí mismo; ofrece su cuerpo y derrama su sangre”, señaló.
A partir de esa reflexión, remarcó que la comunión con Cristo exige una respuesta concreta de amor al prójimo. “Eucaristía y pan entregado son dos caras de la misma medalla. Eucaristía y caridad son el cuerpo de Cristo acercado a quienes tienen hambre de pan material, sed de educación y urgencia por un trabajo digno”, afirmó.
Gustavo Carrara subrayó que la comunión con Cristo exige una respuesta concreta de amor al prójimo. «Eucaristía y pan entregado son dos caras de la misma medalla. Eucaristía y caridad son el cuerpo de Cristo acercado a quienes tienen hambre de pan material, sed de educación y urgencia por un trabajo digno»
En ese sentido, citó enseñanzas del Papa León XIV, quien sostiene que la Eucaristía debe entenderse también como una expresión sacramental de la caridad y de la justicia. “La caridad no es una vía opcional, sino el criterio del verdadero culto”, subrayó el arzobispo.

El arzobispo retomó además textos de San Francisco de Asís para explicar el misterio de la presencia real de Cristo en el pan y el vino consagrados. Recordó que el santo invitaba a reconocer que Jesús “diariamente desciende del seno del Padre al altar” y que, así como los apóstoles veían su humanidad y creían en su divinidad, también los fieles están llamados a reconocer en la Eucaristía “su santísimo cuerpo y sangre, vivo y verdadero”.
Finalmente, exhortó a los fieles a valorar “el milagro de amor más grande”, la Eucaristía, y a descubrir la presencia de Cristo en quienes más sufren. “Tampoco descuidemos a ese Señor que nos visita en la carne de los hermanos que sufren más”, manifestó.
















































































