Si no fuera porque el 70% de la gente usa barbijo, lo que da la pauta de que algo no está bien en materia de salud, puede arriesgarse sin temor al equívoco que La Plata ha vuelto a la «vieja normalidad», es más, hasta pareciera que la economía ha florecido en los barrios y la zona de los centros comerciales. Todo esto, a sabiendas que aún sigue el confinamiento estricto que termina mañana, domingo 30 de mayo, mientras se espera el nuevo anuncio del Gobierno nacional.
La cantidad de casos a nivel nacional no bajan de un promedio de 40 mil de acuerdo a los datos oficiales y las muertes de las 500. Por esa misma razón es que hace 7 días comenzó la Fase 1, la «mentirosa» Fase 1.
Pasemos a describir:
- Colas en todos los negocios, al menos en los barrios La Loma, Las Quintas, La Granja, Villa Elvira, la Avenida 13 en casco urbano y en el eje de la Circunvalación que recorrió quien escribe estas líneas; las filas se forman hasta en aquellos rubros que por decreto presidencial no pueden estar abiertos por no ser esenciales pero, sin embargo, lo están. ¿Los controles?, brillan por su ausencia.
- El tránsito vehicular es muy intenso este sábado. Largas filas de autos para cruzar semáforos, rotondas atestadas y embotellamientos, sí embotellamientos, en calles transversales a ejes principales como la avenida 7, 13, 25. Por ejemplo, en diagonal 73 desde Plaza Moreno a Plaza Azcuénaga se avanzaba esta mañana a paso de hombre. ¿Los controles?, brillan por su ausencia.
- Plazas y parques con miles de jóvenes reunidos y haciendo actividad física, grupos de Gimnasios, de zumba y hasta improvisados «picados» futboleros, esto se ve en Parque Alberti -25 y 38-, en Plaza Belgrano -13 y 40-, en Parque San Martín y Castelli, además de la avenida Circunvalación por 32 desde 1 hasta 30. ¿Los controles?, brillan por su ausencia.
Y así la lista puede seguir, interminable, hay colas en cajeros automáticos, en rapipagos, frente a Pet Shops, en los correos para retirar paquetes, la gente sale de abajo de las baldosas. ¿Y la pandemia?, la pandemia no brilla por su ausencia, al contrario, pone al sistema sanitario al borde del colapso, nos hace llorar a familiares y amigos muy queridos que ya se los llevó y nos asusta cuando cada tarde aparecen las estadísticas oficiales.
En medio de todo esto, Horacio Larreta se apura y anuncia con orgullo aún antes de que se conozca la decisión a nivel nacional, que desde el lunes abre todo y vuelven las clases presenciales. La ministra de Salud de Capital Federal se sonríe y dice que hay que ir abrigados porque se mantendrán las ventanas de las aulas abiertas, sin importarle un bledo que docentes y chicos se mueran de frío y, lo que es peor, puedan contagiarse y morirse, porque por si la ministra no lo sabe, ya hay más de 75.000 muertos por Covid19 en Argentina. Pero ¿que importa?, la culpa después es del Gobierno nacional que no supo cómo resolver las cosas en época de multiplicidad de contagios.
¿Y la autoridad del Gobierno nacional para que todo no se desmadre?, brillla por su ausencia, lamentablemente brilla por su ausencia, porque quienes votamos a este Gobierno queremos otra cosa, queremos que se aplique el máximo de rigurosidad en hacer cumplir el confinamiento, queremos que la gente no se contagie y, por ende, que haya menos muertes. Y queremos que cada Provincia o sector «autónomo», no haga cualquier cosa. ¿Y la Justicia?, directamente no existe porque es cómplice de las muertes al dejar que Larreta impulse las clases presenciales por sobre una decisión del Ejecutivo ante una situación de emergencia mundial.
A las argentinas y argentinos se les pide que sepan cuidarse, que sean conscientes, que salgan lo justo y necesario, pero por el paisaje urbano, al menos en La Plata, son los menos los que se suman a la consigna y a las recomendaciones que parten desde los expertos de la salud, oficialistas y opositores, porque en eso de cuidarse coinciden todos.
Con todo, cuando se muera algún amigo, algún familiar querido, o simplemente una argentina o argentino que engrosen el número de víctimas fatales por la peste, hagamos un mea culpa sobre qué hicimos mal, a quién debimos hacer caso y a quién no, quien nos aconsejó bien o mal, porque todos estamos en este berenjenal y todos tenemos un rol que cumplir para evitar la propagación del virus. Sin embargo, a la hora del balance y en eso de tirarle los muertos al otro, los argentinos somos campeones mundiales.














































































