Por Alejandro Salamone
En el vasto universo de las bebidas alcohólicas, donde la cerveza artesanal parece haber conquistado cada rincón, surge una propuesta que nos invita a viajar miles de años hacia atrás. Se trata de la hidromiel, una bebida milenaria que, aunque a menudo asociamos a los cuernos vikingos, ha estado presente en casi todas las culturas donde el hombre convivió con las abejas.
Hoy, en nuestra región, dos jóvenes emprendedores, Franco Lucas Mancuso Mancino y Mariano Daniel Levesne , han decidido rescatar este elixir bajo la marca «Strom». Con una producción todavía artesanal pero con una visión clara de expansión, buscan que los platenses se animen a probar algo más que el clásico Fernet o la cerveza de siempre.
Una apuesta a lo desconocido
A pesar de su antigüedad, la hidromiel es una novedad absoluta para el paladar promedio en Argentina. «Para mí es una cuestión de desconocimiento», explica Franco durante nuestra charla. «La hidromiel no se consumía tanto en los lugares de donde se migró hacia Argentina, entonces no se trajo a este país».
Sin embargo, ese «misterio» es también su mayor atractivo. Strom ha encontrado su lugar inicial en un mercado de nicho, moviéndose principalmente a través de redes sociales y eventos. La respuesta es prometedora: quienes la prueban, suelen volver por más.
A diferencia de lo que muchos creen, la hidromiel no es un licor empalagoso. Su fórmula es de una pureza asombrosa: miel, agua y levadura.
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Versatilidad: Puede ser ligera como una cerveza o fuerte como un vino.
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Graduación: Actualmente, los chicos de Strong producen una versión suave de 7% de alcohol.
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Apta para celíacos: Al no tener cereales como el maíz o la cebada, es una opción segura y menos dañina para quienes buscan cuidar su salud sin dejar de brindar.
Los sabores de «Strom»
En la mesa se presentan dos variedades bien definidas: La Clásica, Agua, miel y levadura; y la Ginger, una versión que incorpora el toque cítrico y picante del jengibre. Ambas se comercializan en botellas de medio litro a un valor de $7.500.
Producción local y futuro
Desde su búnker de producción, los emprendedores fabrican unos 150 litros por tanda, un proceso que demanda entre un mes y un mes y medio de maduración. Aunque todavía no están en las góndolas de las grandes casas de bebidas, las tratativas para llegar a los comercios locales ya están en marcha.
Para Franco, que también es barman, el desafío es romper el prejuicio del dulzor: «Es una alternativa dulce, pero no es empalagosa». Con el boca a boca como principal aliado y una impronta moderna, estos platenses se abren paso en una zona donde tienen poca competencia.
Si querés conocer más sobre este proyecto o animarte a probar la bebida de los antiguos, podés encontrarlos en Instagram como @Stromhidromiel. Una oportunidad para brindar con historia, pero con sello bien platense.















































































