Incendios devastadores en la Patagonia argentina, en Córdoba y también en distintos puntos del planeta, despiertan las alarmas y exigen un cambio de conciencia sobre la protección y los cuidados del medio ambiente y sus ecosistemas. Estas problemáticas conmovieron a Gerardo Di Giusto y a Luciano Bibiloni, músicos argentinos residentes en Francia, y compusieron música y letra respectivamente del Oratorio Ecológico “El Colibrí”. Este domingo 14 de marzo, en el Día Internacional de los Ríos, se estrenará para todo el mundo el último movimiento de la obra, «Hacia el Mañana” (Tomorrow is today), interpretado por la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos, dos cantantes solistas y cinco coros de Francia, España, Rusia, Filipinas y Singapur.
En contacto con 90lineas.com desde Estrasburgo, en Francia, el director graduado en Composición por la Universidad Nacional de La Plata, Luciano Bibiloni, explica las características de esta obra: “Un oratorio es como una ópera sin puesta en escena. En este caso es un oratorio ecológico por su temática y está basado en la fábula amerindia del colibrí, que cuenta la historia de un colibrí que intenta apagar un incendio en el bosque mientras que todos los animales a su alrededor se ríen de él. Le dicen que con su pequeño pico no podrá hacer gran cosa, y él les responde que él está haciendo su parte. Si todo el mundo hiciera la suya, no estaríamos en este problema. El colibrí es una puerta de entrada a la temática del calentamiento global y los problemas climáticos que estamos viviendo”.
El mensaje, de esperanza y con un claro llamado a la conciencia ambiental, fue uno de los motivos por los que Marcos González, el productor artístico de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos «Pascual Grisolía», decidió incorporar la obra a los desafíos virtuales del 2020. “Obligados a suspender el trabajo presencial y los ensayos, comenzamos a evaluar qué condiciones teníamos para hacer cambios en el repertorio, trabajar a distancia y realizar grabaciones desde casa. Fue en los comienzos de la pandemia que, en conversación con el compositor cordobés radicado en Francia, Gerardo Di Giusto, me comenta sobre un oratorio ecológico que había compuesto recientemente y aún no había estrenado”, relata González a este portal.
Para Bibiloni, el movimiento “Hacia el mañana” se encuentra en la frontera entre la filosofía, la religión y el arte porque es un canto basado en una melodía de un rito inca, del Inti Raymi, que es la Ceremonia del Sol. Se trata de una melodía muy antigua, ancestral, que Gerardo Di Giusto tomó y modificó para que respetara ciertos requisitos compositivos y permitiera alcanzar un canto generalizado. “Cuando toda la gente canta esta melodía al unísono, uno siente que es uno con la tierra, que es uno con los otros. Es muy difícil, cuando uno siente algo así, tirar basura en cualquier lugar, despilfarrar, comprar en cualquier lugar sin pensar en las consecuencias. La idea es ver hasta dónde podemos ir nosotros como artistas hacia la conciencia cívica”, reflexiona Bibiloni.
El proyecto reúne a músicos amateurs y profesionales de América latina, Europa y Asia. Todos debieron estudiar y grabar individualmente las voces, y enviarlas por internet, para que luego Gerardo y Luciano pudieran editar y montar el concierto virtual. Entre los creadores, productores y editores coinciden en que la obra que se presentará el 14 de marzo, a través de las redes sociales del Ministerio de Cultura de la Nación y la Dirección Nacional de Organismos Estables, se trata de un trabajo titánico. En el caso de la Banda Sinfónica, al incentivo de que se trataba de música original, compuesta por un músico que ya había trabajado con ellos, se sumó la posibilidad de compartir el proyecto con otros organismos y músicos invitados de otras latitudes. Pero no fue una tarea simple.
“Para trabajar esta temporada extraordinaria nos organizamos en grupos en donde ocupamos roles adicionales al que cumplíamos en pre pandemia. Apelando al compañerismo y a la creatividad pudimos realizar las partituras braille en formato de audio, grabar y filmarnos cada uno desde nuestras casas, realizar la edición y mezcla de cada material, y aportar conocimientos previos que cada uno tenía para atender las necesidades que fueran surgiendo”, detalla González.
Luciano Bibiloni, además de ser quien escribió la letra en español de la obra, en esta ocasión se ocupó de la supervisión de los coros europeos. Estos elencos fueron el Petits Chanteurs de Strasbourg- Maitrise de l’Opéra national du Rhin, de Francia; el Coro de Niños del Colegio de Glinka de St. Petersburgo, de Rusia y el Coro del Teatro Principal de Palma, de España. Al mismo tiempo, participaron el Coro de la Escuela de Arte (SOTA), de Singapur y el NovoConcertante Manila, de Filipinas. La soprano Nathalie Gaudefroy y el barítono Jean-Luc Chaignaud se encargaron de las partes solistas.
Un platense en la “capital europea”

Desde Estrasburgo, en la frontera con Alemania, y a 400 kilómetros de París, Luciano Bibiloni conversa por videollamada para esta entrevista. Reside en esta “ciudad de cruce” -de acuerdo a su significado- luego de haber vivido por varios años en París, y haber dirigido numerosos coros allí. En esta ciudad, que alberga distintas instituciones europeas como el Consejo de Europa, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el Parlamento Europeo y el Defensor del Pueblo Europeo, Bibiloni dirige el coro de niños y jóvenes de la Ópera del Rin y una orquesta profesional llamada Orquesta del Rin. Es a su vez, el director de un coro regional llamado “Las voces de Île-de-France” en París y de un festival de música coral en el norte de Francia. “La influencia argentina no desaparece jamás”, cuenta Bibiloni, que llamó “Ceibo” a la editorial musical que fundó.
Su historia comienza en La Plata, donde se forma como violinista y estudia composición en la UNLP. Más tarde, en 2001, inicia su camino europeo, trabajando primero en Madrid, luego en Barcelona, París, Toulouse y finalmente Estrasburgo. Durante los diez años en los que vivió en París, se perfeccionó en dirección coral y orquestal y llegó a dirigir 13 coros diferentes. Apenas emigró, empezó a trabajar como violinista en una orquesta profesional y a dirigir un coro amateur que había sido dirigido por un director argentino. De a poco fue aprendiendo francés y empezó a dirigir cada vez más.
“Acá funcionan con mucho rótulo, entonces al principio yo era “el argentino”. Me llamaban para hacer música sudamericana. Después se enteraron de que yo componía, entonces decían ‘ah, un director que compone, debe ser bueno para la música contemporánea’, y así empecé a dedicarme a la música contemporánea. Me dediqué a cantar un poco de ópera, entonces me puse a dirigir ópera. A mí me gusta la música, así que hice siempre un poco lo que me gustó y dentro de lo que me dejaron hacer”, recuerda Luciano.
El rol social del músico es una cuestión sobre la que Luciano reflexiona profundamente. Se define como un músico, un ser emocional pero también un ciudadano inmerso en una comunidad, que da, que brinda su arte pero también recibe cosas materiales e inmateriales de sus vecinos y de su público. “Como músico es muy frustrante a veces sentir que uno hace música como si fuera decorado, que algo que es tan fuerte humanamente en algunos contextos es tan superficial para algunos”, reconoce Bibiloni.
Sin embargo, encuentra en su trabajo y en sus experiencias de conciertos multitudinarios, cuando dirige masas corales de más de mil músicos cantando juntos, una manera de generar chispas de cambio: “ Mi rol social puede ser llevar la música a otros lugares y que la música sea más que música para mucha gente y que aunque sea, cambie la superficie de la ciudad. El movimiento ‘Hacia el mañana’ es eso para mí. Me cambia, porque me permite ser vehículo en energías, en pensamiento, en sensaciones, que pueden cambiar la superficie de la ciudad y más allá, una persona que de repente tiene una epifanía porque entendió algo que no había entendido antes ya es es un tesoro. Esto es darle sentido a la vida como músico y con esta obra no puedo pedir más”.
Una banda de 73 años que no le teme a los desafíos de la virtualidad
La Banda Sinfónica Nacional de Ciegos (BSNC), dependiente de la Dirección Nacional de Organismos Estables del Ministerio de Cultura de la Nación, lleva el nombre de su fundador “Pascual Grisolía”, quien en 1939 inició una escuela de instrumentos de vientos en el Patronato Nacional de Ciegos. El 15 de octubre de 1947 brindó su concierto inaugural convirtiéndose así en pionera en el mundo. Su repertorio, que abarca más de 250 composiciones, se compone de obras universales consagradas, creaciones de autores argentinos, música popular y piezas originales para banda sinfónica.
La pandemia por la COVID-19 obligó al programador artístico Marcos González a re pensar el repertorio y de esta manera la obra de Di Guisto y Bibiloni se convirtió en una de las piezas a estrenar en 2021.
Un día en la vida de la BSNC en pandemia
Sobre los procesos de elección y adaptación del repertorio, que se realizan íntegramente en el organismo, González explica: “El primer paso es la elección de la obra que se incluirá en cada temporada, luego procedemos a realizar el arreglo original o adaptación para banda sinfónica que la obra requiera, y más tarde la confección del score o partitura completa para el director y la transcripción al braille de las particellas para cada instrumento. Felizmente contamos con el personal especializado necesario para estas tareas”.
Por último, personal técnico artístico del organismo distribuye las partituras braille a cada uno de los 69 músicos que integran hoy la Banda. Luego de memorizar la partitura en sus domicilios, ellos interpretan su parte de memoria en los ensayos ya que no podrían utilizar sus dedos para leer y ejecutar el instrumento en simultáneo.
Para González, el desafío de producir junto a la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos el Oratorio del Colibrí “inscribió en algunos y fortaleció en otros el mensaje de la obra, que es el llamado al despertar de la conciencia ecológica y, como explicaba el gran director de orquesta rumano Sergiu Celibidache, en ocasión de un ensayo con orquesta y coro, ‘no seamos uno de muchos, muchos seamos uno’”. En cuanto al significado de la obra para el productor, en el contexto único en el que se da, define: “Simboliza para mí la posibilidad de transformación que tenemos si nuestro aporte a la vida en común lo realizamos desde lo mejor de cada uno de nosotros”.














































































