Mariano Dubin, el autor de la novela El lugar equivocado, conversó con Gabriel D. Lerman, su editor en ASTIER, en el stand TYPEO de la FILBA 2026. Docente e investigador en Letras, Dubin acaba de publicar su primera novela, que tematiza los eventos del 2001 a través del derrotero de un personaje que se llama Machado. Y se trata, además, de tres momentos de la Argentina pero que están atravesados por ese 2001, al que se suma el 2012 y el 2022. Dice el escritor Mariano Quirós en el prólogo de la novela: ”Como Chaplin en Tiempos modernos -que al alzar una bandera para devolvérsela a su dueño termina convertido en guía involuntario de una huelga de trabajadores-, el joven Mario Machado acabará, distraído y acaso sin quererlo, a la vanguardia de una columna maltrecha y desesperada durante la gran movilización del 20 de diciembre de 2001”.
- ¿Qué tiene El lugar equivocado de relato generacional?
Yo creo que tiene, sobre todo, la pregunta de todos los que vivimos la intensidad de ese 2001, y es que nos cambió la vida de una vez y para siempre. Vivir algo que no es lo que imaginamos en el 2001. Creo que todos los que vivimos en el 2001 imaginamos otra Argentina y llegamos a un lugar, bueno, que es un lugar también equivocado en relación a nuestras expectativas. Y creo que intenté volver para atrás para intentar preguntarme, no sé si contestar, porque la literatura abre más preguntas que las que puede responder, qué pasó de esa explosión cultural, literaria, política, popular, y qué quedó hoy de la Argentina del 2001.
- ¿Por qué la novela se llama El lugar equivocado?
Yo creo que se llama El lugar equivocado porque en la pandemia estaba muy triste, aunque no me haya dado cuenta, pero no por una cuestión anímica personal, porque en términos personales tal vez era mi mejor época, con mi familia, mis hijas, pero políticamente sentía que se había acabado la acumulación política del 2001. Sentía que todo lo que yo había peleado y luchado empezaba a perder sentido, empezaba a erosionarse. Cosa que después del gobierno de Milei, en un punto creo que escribí lo que hoy estamos viviendo, ¿no?, que es el triunfo de la utopía libertaria, para decirlo de cierta manera. Entonces, en esa angustia de ver que lo que yo pensaba estaba en crisis, no podía escribir un ensayo porque no lo podía resolver. Creo que no era algo que podía resolver. Yo escribo ensayos. No se podía resolver con un ensayo. Tampoco podía escribir poesía como he escrito, sobre todo poesía épica, me gusta la poesía narrativa. Y creo que la literatura pudo canalizar un montón de sensaciones contradictorias que tenía sobre la época, sobre mí mismo, sobre lo que estaba pasando en el país. Entonces me pareció que una novela podía darles un canal a todos esos sentimientos encontrados.
- ¿Se puede escribir sobre la rebeldía?
Sí, se puede. Se vive, pero sobre todo cuando la rebeldía es derrotada. Yo creo que la rebeldía se vive, y el momento en que uno la escribe es el momento que uno siente que tiene una distancia. El Siglo de las Luces, de Alejo Carpentier, son momentos donde uno escribe luego de un fracaso, Respiración Artificial, de Piglia, es decir, como un momento que se cierra, un momento esplendoroso de crecimiento, de sensación inevitable de cambio, y de repente vuelve lo que uno pensó que era imposible que vuelva.
- ¿Veinte años no es nada?
Y treinta tampoco.
- Porque además, en la novela, que trabaja en tres momentos históricos, siempre él se va reencontrando con ese pasado incómodo.
Desde ya, digo que treinta no es nada porque creo que aceptar una derrota no significa para nada, bajo ninguna perspectiva, que eso haya terminado. Y yo creo que el 2001, como sentido, es algo que va a seguir operando en todo lo que lo vivimos. Treinta años, cuarenta años, cincuenta años. Y el personaje, eso que vivió fue tan intenso que todo lo que luego vive, de alguna manera u otra… como eso soterrado, eso reprimido, ese subsuelo de la patria, ¿no? Una y otra vez vuelve.

- Es una huella que a él lo inició, digamos, ¿de algún modo un romper lanzas con el destino?
Yo creo que el personaje llega más al 2001 de una manera interesante porque uno puede hacer una relectura del 2001 en términos de una épica política y una acumulación, pero muchos de los que llegaron y llegamos al 2001 llegamos por casualidad, ¿no? Es lo que dice muy bien Quirós (en el prólogo a la novela), que lo compara con Tiempos modernos de Chaplin. Y hay algo de los grandes levantamientos de masas que son una casualidad; pienso en La educación sentimental de Flaubert, en algunas novelas o cuentos de Gorki o de Isaac Babel. Hay algo de la Revolución, de las grandes transformaciones que son un poco caóticas, confusas, y yo quise hacer de mi personaje un personaje que nunca tiene claro qué es lo que está haciendo, ¿no? No es alguien que es consciente de su época, sino que está ahí, en las contradicciones de la época, y creo que eso es lo que la literatura sobre todo puede tematizar, las contradicciones de una época.
- Lo que nunca queda claro o se sabe de antemano es cuándo se prende la mecha o qué es lo que lleva al «Acorazado Potemkin», ¿la comida en mal estado? Nunca se sabe por dónde va a explotar la cosa.
A ver, el recuerdo más vívido que tengo de barrio del 2001 es obviamente la calle, las peleas con la policía, la sensación de que uno estaba haciendo cosas necesarias y únicas, pero mi primer recuerdo es en el 19 de diciembre del 2001, Facultad de Humanidades, el viejo edificio de La Plata. Era a la mañana, y yo estaba rindiendo Literatura Española, el artículo 14, es decir, la tercera opción para rendir. Si desaprobaba, chau la materia. Y yo estoy haciendo el examen y de repente pasa una manifestación por la puerta de la facultad. Yo me acerco al vidrio y veo una cosa hermosa, gente con bombo, tirando cohetes, gritando que se vayan todos. Y a mí me faltaba más de la mitad del examen, y miré la calle y miré el examen, y miré la calle y dije: no, es el tiempo de la calle. Y entregué el examen así, obviamente perdí la materia, la literatura española medieval la estudié ahí a medias y me fui. Y ese día arranqué a la mañana y ya hasta el 20 de diciembre a la noche no paré. Fueron dos días, y después se hicieron tres días, y después cuatro días de calle, y creo que muchos de quienes vivimos el 20 de diciembre fue una experiencia, el 19, el 20, el 21, fue una experiencia que fue atravesada por el cuerpo. Tal vez por eso no hay tantas novelas y hay muchos más ensayos, ¿no? Porque es mucho más difícil poder dar cuenta de algo que pasa por el cuerpo que de algo que pasa por la cabeza. Acá pasó por el cuerpo. El 2001 es algo que aquellos que lo vivimos todavía tenemos esas marcas de vida y de lucha.
Conseguí la novela: https://www.instagram.com/p/DYH9oMEEdW2/?igsh=YXphaGZlMGRmajQw



















































































