¿Hay capacidad de producción de vacunas para alcanzar (ya) a los 7.700 millones de habitantes del planeta? No. ¿Pero se podrían estar fabricando millones, millones y millones más de vacunas para inmunizar a una enorme cantidad de población que hoy “las ve por televisión”? Sí, absolutamente. ¿Y entonces?
Entonces, está sucediendo lo que muchos tanto temían pero escondían debajo de un ingenuo “quizás la pandemia nos haga mejores” (ver nota Covid-19, ya somos peores): los países desarrollados y sus multinacionales farmacéuticas no quieren liberar, excepcionalmente siquiera, las patentes de sus vacunas para que se produzcan en otras naciones y lleguen a más y más gente. “Esperemos que la vacunación esté guiada por la salud pública y no por las leyes del mercado”, dijo tiempo atrás, palabra más, palabra menos, el Papa Francisco.
En fin, la Pascua es un buen momento para recordar que Jesucristo dijo “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre al Reino de los Cielos”.
Un contundente informe de la BBC de Londres (ver video) muestra un mapa de la Universidad de Oxford sobre cómo avanza la vacunación en el mundo y afirma que hacen una comparación con el apartheid (segregación racial que dominó por décadas a la sociedad sudafricana).
“La brecha entre la cantidad de vacunas administradas en los países ricos y la cantidad administrada a través de COVAX (un programa de la Organización Mundial de la Salud para repartir en forma equitativa las vacunas en el mundo) crece y se vuelve más grotesca cada día”, declaró el titular de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. Y añadió que “la distribución desigual de las vacunas no es sólo un ultraje moral, también es autodestructiva desde el punto de vista epidemiológico y económico”.
La periodista de la BBC indicó que hasta febrero de 2021 (ayer nomás) el 75 por ciento de las dosis de vacunas fueron a parar a sólo diez países, todos desarrollados. Y preguntó “¿por qué no se producen más vacunas? Aquí es donde entran en juego las patentes”.
“Hoy, las únicas compañías que pueden producirlas son las que tienen las patentes de las 10 vacunas aprobadas hasta finales de marzo. Una patente protege a un producto para que no pueda copiarse. Es muy útil para proteger creaciones tecnológicas, artísticas y también farmacéuticas (¿pero en pandemia mundial?)”.
El informe de la BBC explica que las patentes en general funcionan bajo el mismo principio: “la empresa o el creador patenta su descubrimiento para que nadie más pueda fabricarlo; eso le permite a la poderosa industria farmacéutica controlar el precio y la producción de medicamentos y vacunas” ¿Por qué no se liberan esas patentes en el caso de las vacunas contra el Covid-19?, interroga luego la cronista.
Y cuenta que “la OMS le pidió al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) que elimine temporalmente la propiedad intelectual de las vacunas para que puedan ser producidas por otros laboratorios del mundo que tengan capacidad de hacerlo. Canadá, Brasil, Egipto, Corea del Sur, México o Bangladesh son sólo algunos de los países con capacidad para hacerlo”, y, como dijimos, proveer al mundo de millones, millones y millones más de vacunas que aquellas que hoy se están fabricando.
India y Sudáfrica, por su parte, pidieron a la Organización Mundial del Comercio lo mismo que la OMS le pidió a la ONU. “Eso reduciría enormemente el costo de las vacunas y permitiría el flujo libre de medicinas y la transferencia de conocimiento y tecnología alrededor del mundo, beneficiando especialmente a los países de medianos y bajos ingresos”, apunta. Pero…
Pero “ambas iniciativas han quedado en las buenas intenciones pues se han encontrado con un no rotundo de los países más desarrollados. Por caso, la de la OMS fue públicamente avalada por 90 países pero no tiene el apoyo de la (“solidaria”) Unión Europea. Y la propuesta impulsada ante la OMC se topó con la negativa de Estados Unidos, Reino Unido (casualmente sede de la Universidad de Oxford y de la BBC), Suiza y otros países de Europa”.
Es decir que desde las naciones cuyos gobiernos le impiden al mundo inmunizarse en igualdad de condiciones, nos cuentan lo que está ocurriendo. Mientras que en nuestro país y en otros igualmente subdesarrollados se escuchan discursos que apuntan a la culpa de los gobiernos locales. ¿Paradójico no?, amén del descerebrado presidente de Brasil que está condenando a su propio pueblo.
El argumento principal de los ricos del mundo, donde se hallan las multinacionales que fundamentalmente con fondos públicos han creado las vacunas, es que liberar las patentes podría “desalentar la inversión privada para innovación en la multimillonaria industria de los medicamentos, pero hay expertos que no están de acuerdo”, dice la periodista de la BBC en el clarísimo y didáctico video que encabeza esta nota.
Y en ese contexto cita a Ellen’t Hoen, investigadora y directora de Medicin Law and Policy (organización sin fines de lucro que promueve un mayor acceso a los medicamentos), experta en políticas de medicamentos y derecho de propiedad intelectual, que en 2005 y 2006 fue catalogada como “una de las 50 personas más influyentes en propiedad intelectual del mundo por la revista Managing Intellectual Property”.
La experta afirma: “Ese argumento no es válido en el marco del Covid-19 porque la mayoría de innovaciones en salud que vemos no se desarrollan por la propiedad intelectual, sino por la inversión masiva del sector público”.
Claro que hace un tiempo la especialista trabaja en Médicos Sin Fronteras (MSF), organización que está haciendo una gran campaña para liberar temporalmente las patentes de las vacunas, es decir, hasta que se pueda vacunar a la mayoría de la gente.
“El mundo fue y será una porquería, ya lo sé” (Enrique Santos Discépolo, 1934).

















































































