orquesta escuela berisso a ginebra
De pequeño, en su casa del barrio Altos de San Lorenzo, Ramiro Minasso ya sentía atracción por la música. “Cantaba… Y en cuarto grado de primaria empecé a tocar la flauta dulce”, nos cuenta. No obstante, su gran pasión era el fútbol. Él quería ser jugador de fútbol. Hoy, a los 20 años, en la casa de la familia que lo acoge en Pau, una ciudad del sudoeste de Francia situada a 85 kilómetros de la frontera con España, Rama aguarda el verano boreal para luego, en septiembre, mudarse a Suiza a estudiar contrabajo en la Haute École de Musique de Genève (Alta Escuela de Música de Ginebra) con el profesor Alberto Bocini, es decir, en uno de los sitios más reputados del mundo y con el músico que todos los y las contrabajistas quieren tener como profesor. No fue magia. Hasta ayer nomás, Ramiro fue integrante de la Orquesta Escuela de Berisso.
“Mi mamá había sido compañera de secundaria de Matías (Oliver) y siguieron siendo amigos. Él es contrabajista, y cada vez que venía a casa me alentaba a ir a la orquesta escuela”, recuerda Ramiro desde Pau.
La base de la Orquesta Escuela de Berisso estaba (y sigue estando) en la Escuela Primaria Nº 25 de la populosa y humilde barriada El Carmen de la ciudad ribereña, es decir, a poquitas cuadras del platense barrio Altos de San Lorenzo donde vivía Ramiro. De hecho, allí vio la luz un 19 de septiembre de 2005. Su director, Juan Carlos Herrero, comenta que “Matías Oliver fue uno de los profesores fundadores” de la orquesta que actualmente es una de las más grandes, organizadas y reconocidas de toda la provincia de Buenos Aires.
Se remonta y nos remonta a aquel día en que junto a Matías (contrabajo), Eugenia Massa (violín), Miky Del Pozo (percusión latinoamericana), Sergio Lahuerta (flauta traversa; hoy fallecido) y otros llegaron a la Primaria 25 y, en el hall central con Juan Carlos dirigiendo la batuta, tocaron para alumnos y alumnas de 6 a 11 años que los miraban con una mezcla de curiosidad y asombro.
Tras la demostración, se anotaron veinte niños y niñas para estudiar algún instrumento. “Hoy funcionamos en 23 edificios. La mayoría de ellos son escuelas, pero también hay clubes de barrio, iglesias de distintas confesiones…” ¿Y estudiantes? “Más de setecientos”. Han recorrido un largo y fructífero camino. Y un día, siguiendo el consejo del amigo de su mamá, con apenas 12 años y “mucha timidez a cuestas” apareció Ramiro “a probar qué tal era eso del contrabajo”, ríe Juan Carlos.
¿Y el fútbol? “Yo quería jugar al fútbol. Estaba en Cambaceres. A finales del 2014, principios del 2015, me esguincé el tobillo y tuve que parar bastante tiempo. Tenía 14 años y debía decidir entre el deporte o la música”, rememora Ramiro. Está demás decir que eligió el contrabajo.

Decisiones de vida
“No son decisiones sencillas para los chicos”, apunta Juan Carlos, para remarcar que en este caso se trató de una doble decisión: por un lado, fútbol o música, y por el otro, si el contrabajo era realmente el instrumento que lo cautivaba y al que se quería dedicar. “No es una decisión menor para un niño o para alguien que recién empieza a abandonar la niñez decir ‘sí, le voy a dedicar equis horas (y equis son muchísimas) al aprendizaje de tal instrumento musical’”, nos revela.
Las condiciones de Ramiro, una vez que tomó la decisión, aparecieron en todo su esplendor. Repartía su tiempo entre la Escuela Nuestra Señora de Fátima de Altos de San Lorenzo y la Escuela 25 de El Carmen, donde en 2017 fue seleccionado para la pre-camerata por el gran maestro José Bondar. En 2019 se incorporó a la camerata.
Gracias a Dios, perdió River
La pandemia fue dura para todos y todas, en cualquier ámbito. Ramiro no fue la excepción. Desde Pau nos confió que “si bien la orquesta siguió sus actividades en forma virtual, el hecho de perder esa continuidad, ese aprendizaje y práctica permanentes, me fueron desmotivando”.
“Recuerdo que en junio del año pasado, un domingo estaba en la casa de mi abuela. Yo seguía desmotivado. Y encima perdió River”, dijo, sin risas de por medio. “Entonces me puse a navegar en la computadora. Buscaba becas de estudio, precios de instrumentos, algo que me movilizara a reencontrarme con el contrabajo. Y por ahí veo una publicidad sobre un festival que se realizaba en Perpignan, Francia, y me dije ‘tengo que ir’. Lo comenté en casa y con los profesores y compañeros de la orquesta. A los pocos días estaban organizando rifas para comprar el pasaje”, relató Rama. “Realmente contamos con la ayuda de mucha gente; hubo también un subsidio del Instituto de Cultura provincial”, amplió Herrero.

Un chico tímido
¿Cómo era Ramiro cuando llegó a la orquesta escuela con 12 años? “Era un chico muy tímido. Callado. Con el tiempo, así como se fue revelando como un gran músico, fue apareciendo en él un humor muy fino, un humor sin estridencias”, define Juan Carlos Herrero, quien, como veremos más adelante, fue “víctima” de ese humor hace poco.
Hoy, Ramiro Minasso tiene un cargo estable como contrabajista en la Orchestre de Pau Pays de Béarn (la orquesta sinfónica de la región francesa de Pau)
Antes de contarnos sobre el Festival de Perpignan, Juan Carlos remarca que el caso de Ramiro es “un caso típico de la orquesta escuela”. ¿Por qué? “Porque, por un lado, nosotros llevamos la música a las escuelas de los barrios, pero no sólo para los chicos y chicas de esos colegios y esos lugares, sino que siempre tuvimos y tenemos una propuesta de puertas abiertas -subraya-. Hubo y hay muchos casos de alumnos de Bellas Artes y de distintos institutos que se han acercado para tener una experiencia orquestal. Por otro lado, lo que hicimos fue invertir la lógica centro-periferia. Viviendo en Altos de San Lorenzo, ¿a dónde hubiese ido un niño de 12 años a estudiar contrabajo? … (hace una pausa) … Sin embargo cruzó la avenida 122 y vino a El Carmen”, puntualizó. Todo un tema en materia educativa, donde generalmente desde la periferia se buscan escuelas céntricas con la idea de que son mejores.
De la mano de Piazzolla
Volviendo a Francia, nos dice que “Perpignan es una ciudad del sur, que queda a casi 400 kilómetros de Pau. Allí se realizó a mediados de 2022 un festival, al que acudieron chicos y chicas de todo el país y del extranjero a realizar un perfeccionamiento durante una semana con profesores de alto nivel y, al final, a tocar. A Ramiro lo invitaron a cerrar el festival en público y lo hizo con una obra de Astor Piazzolla. Les gustó mucho. Tanto a los académicos como al público”.
¿Entonces? “Entonces, la gente del conservatorio de Pau, que es una institución provincial, lo invitó a irse para allá. Ramiro volvió y estaba flotando en su aire la pregunta ¿para qué?”, confió Juan Carlos.
¿Estudiar allá o estudiar acá? “Aquí me dijeron que estando en Francia se me iban a abrir otras puertas. Y estudiantes de allá, que conocí en el festival, no sólo me insistían, sino que hubo una chica que me dijo: ‘quiero que seas sincero, ¿que necesitás? ¿apoyo económico? La cuestión es que empezaron a organizar una rifa allá para juntar dinero, más la enorme ayuda que tuve acá, me pusieron en camino”, cuenta Ramiro.
Aquí Ramiro tenía algunas horas como docente mediante el programa provincial de coros y orquestas escuela, y en 2022, durante el proceso que lo llevó a “saltar el charco”, obtuvo un puesto en la Camerata Académica del Teatro Argentino.

Su tremenda capacidad de adaptación
Ramiro llegó a Pau y comenzó a tomar clases en el conservatorio provincial. Pero su primera preocupación era una “prueba” que debía sortear y que lo desvelaba: faltaba casi nada para la final del mundial entre Argentina y Francia, que se jugó el 18 de diciembre de 2022. “Me van a tomar idea de entrada”, pensó. “Pero finalmente no fue así”, ríe.
“No sabía una palabra de francés. Me acogieron en una casa de familia con cuatro hijos que estudian música y la mujer me dijo: ‘Ramiro, no queremos dinero. Lo único que te pedimos es que le enseñes al más pequeño’. Desde ese momento comencé a manejarme con la hija mayor, que hablaba bastante bien el español, y con un estudiante mexicano que también vivía allí”, reseña Rama.
“Además, los chicos y chicas del conservatorio siempre me decían que vaya con ellos a todos lados, porque así, escuchando y escuchando, me resultaría más sencillo aprender. Lo cierto es que ahora me manejo bastante bien. Y el más chico de la casa rindió bien sus exámenes, así que cumplí mi parte”, comenta Ramiro, esta vez sí, entre risas.
Se cayó el sistema
Juan Carlos reitera una y otra vez la “gran capacidad de adaptación” que tuvo Ramiro. “No se trata de tocar bien o muy bien; tenés que ir a otro país, a otra cultura, sin manejar el idioma en absoluto, a una casa de una familia que no conocés. Te alejás de lo seguro, de tus amigos, tu familia, tus compañeros de música, tus referencias cotidianas. Se dice rápido, pero es un proceso muy complejo que tuvo que transitar”, resalta Herrero, para anticipar que “la mayor prueba vino después”.
La cuestión es que a Ramiro se le abrió la posibilidad para aplicar a una beca de estudio en Ginebra, Suiza, donde da clases de contrabajo Alberto Bocini, alguien con quien quieren aprender todos los contrabajistas del mundo, pero el tema es que para ese instrumento había una sola vacante. “Una sola”, subraya Juan Carlos. “Entonces, en el conservatorio de Pau le hablaron también de la posibilidad de ir al conservatorio de Lyon. Pero Ramiro decidió aplicar a Ginebra”.
“No sólo es un enorme orgullo para nosotros. Para la gente del conservatorio francés de Pau, que hayan seleccionado a un alumno de ellos en Ginebra es un logro tremendo. Eso da una idea de lo que consiguió Ramiro” (Juan Carlos Herrero, director de la Orquesta Escuela de Berisso)
Primero tuvo que enviar unas grabaciones tocando. Si pasaba, tenía otra instancia, esta vez en vivo, que debía rendir desde el conservatorio de Pau. Era una prueba más acorde al lenguaje y la composición musical, más teórica -digamos-, a la cual accedieron cuatro aspirantes: Ramiro, una francesa, una surcoreana y un árabe.
“El día que Ramiro tuvo que presentarse a ese examen, llegó al conservatorio hipernervioso, desde ya, y se encontró con que no había internet. ¿Se amilanó? Para nada. Se las rebuscó para hacerlo desde un celular”, narra Juan Carlos. “Él estaba totalmente convencido de que había rendido mal. La cuestión es que lo terminaron llamando: la única vacante disponible era para él”.
“Cuando hablamos por teléfono, ya relajados, en un momento Ramiro me empezó a hablar de todo lo que le había dado el conservatorio de Pau, y que Pau esto y Pau aquello, como si la orquesta escuela no hubiese existido en su vida… Me estaba buscando para hacerme enojar. Ese es el fino humor que siempre digo que tiene Ramiro”, explica el profesor Herrero.
En septiembre, la Orquesta Escuela de Berisso cumplirá 18 años. En septiembre, Ramiro Minasso comenzará a estudiar en una de las escuelas de música más prestigiosas del mundo y con un profesor del más alto nivel. ¿Casualidad? No. No fue magia ni casualidad. Fue Ramiro y la orquesta escuela.
Fragmento de una de las obras que Ramiro envió a Ginebra

















































































