La apacible y silenciosa madrugada del 8 de septiembre de 1944 terminó cuando una terrible explosión sacudió a Ensenada y Berisso, y también repercutió con fuerza en La Plata. Los vecinos, en pleno sueño, salieron en gran número a la calle pensando lo peor: que había estallado la destilería, una suerte de temor ancestral que acompañó siempre a las poblaciones de nuestra región.
La desesperación ganó inmediatamente las calles. Eran épocas en que las noticias sólo se leían al otro día en los diarios en papel o bien se escuchaban en las radios. Hasta que se supo que había estallado el San Blas, un buque petrolero de la flota de YPF de 163 metros de eslora y casi 22.000 toneladas de porte. Venía de Comodoro Rivadavia con casi diez toneladas de petróleo crudo (9,725) para descargar en la destilería de La Plata y estaba amarrado en la ribera del Dock Central.

La noticia no corrió en segundos por las redes sociales porque, demás está decirlo, no existía nada de eso, pero sí comenzó a saberse lo ocurrido de boca en boca. Grandes y chicos quedaron azorados ante el tremendo espectáculo que teñía de rojo el cielo de la noche. La explosión fue de una potencia sin precedentes. Hizo volar hierros, maderas y trozos de estructuras por los aires, algunos de los cuales cayeron a varios kilómetros de distancia.
Hasta el año 1949 permanecieron en el dock central los restos del casco del San Blas. Se presume que el incendio tuvo su origen en un escape de chispas por la chimenea de la embarcación
Las llamas ganaron también las aguas del río, que estaban empetroladas, y se proyectaron a gran altura formando una inmensa columna de humo negro. Por la fuerza del viento, que soplaba hacia el oeste, el fuego amenazaba propagarse a los barcos contiguos. Uno de ellos, el «Santa Cruz», fue remolcado a un lugar más seguro.
La población, entre aterrorizada y estupefacta, seguía las alternativas desde la calles, balcones y azoteas. Pasaba el tiempo y no se lograba detener el fuego.
Al la mañana siguiente, a eso de las 9, se produjo una nueva explosión de proporciones, lo cual hizo que el incendio recién pudiese extinguirse luego de ¡cinco días!

La tragedia se cobró la vida de 15 personas. Algunos alcanzaron a salvarse arrojándose a las aguas, como el contramaestre y un trabajador de a bordo, que fueron recogidos en un bote.
El fuego tomó un galpón contiguo al muelle, al lado del barco, cuando desprendimientos incandescentes cayeron por los alrededores conformando un espectáculo dantesco. El mismo se propagó haciendo presa a una carbonera, la casa del cuidador de los depósitos, unas pilas de leña y el almacén naval de YPF donde se guardaban pinturas
Cuando todo pasó y fue posible llegar hasta el lugar del siniestro, la vista de la estructura retorcida del San Blas, cuya popa había quedado intacta, dio cabal idea de lo que había sucedido y de la magnitud del desastre.
Se logró retirar a diez buques, algunos de la flota de YPF, entre ellos el «Aristóbulo del Valle» y el «Presidente F. Alcorta», más dos lanchas incendiadas que se encontraban cerca de la proa del «San Blas».
Por suerte, en horas de la tarde -antes del siniestro- había partido el «San Jorge», otro buque de gran porte.


Las detonaciones de distinto tenor siguieron a lo largo de los días por los gases acumulados dentro del petrolero. El fuego cesó el día 4 de octubre, con el saldo de 15 víctimas fatales entre la tripulación y los bomberos que trabajaron a destajo, más un número considerable de heridos.
Hasta la fecha del siniestro, el San Blas había desarrollado 7 viajes transatlánticos a puertos de Venezuela y Ecuador, así como también numerosas travesías entre La Plata y Comodoro Rivadavia
Historia del San Blas
En abril de 1942, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) adquirió el buque para utilizarlo como carbonero de la Armada primero, y luego transformarlo en buque tanque, pero manteniendo su aspecto de «ballenero».
El buque quedó partido en dos, con la proa totalmente destruida y la quilla, seccionada en varios pedazos, en el fondo del dock. Su capitán al momento del siniestro era Rodolfo L. López Bento
El buque petrolero «San Blas» había sido construido en EEUU por encargo de Panamá en 1915 (su nombre originario era «Ulysses»). Fue primero carbonero, luego buque tanque, y más tarde ballenero. En 1942 fue adquirido por YPF, volviendo a ser destinado a transporte de carbón y luego de combustibles.
La tragedia ocurrida en el Puerto La Plata inspiró al artista Benito Quinquela Martín a pintar ese mismo año, en óleo sobre tela, la siguiente imagen de 200 x 160 cms, tomada de una fotografía:

FUENTES Y FOTOS: flotaypf.com.ar, Museo YPF y Periodismo Platense Génesis y Evolución (Prof. Ricardo Santiago Katz) y Museo Benito Quinquela Martín


















































































