El 13 de septiembre de 2025, Eulogia Tapia cumplió 80 años. Ese día, después del desayuno, salió de su rancho de adobe alquilado donde vive con Avilo, su marido de toda la vida y padre de sus dos hijas, para hacer pastorear a sus chivitas y ovejas, el trabajo que realiza todos los días desde que era chica.
Eulogia vive -y vivió siempre- en La Poma, una localidad de Salta situada a casi 3.000 metros de altura. A 194 km (3 h 45min) de Salta capital, «caminar las calles de tierra de la Poma ‘vieja’ y ver las sencillas viviendas típicas de este pequeño pueblo, cuyas construcciones originales fueron prácticamente devastadas por un sismo en 1930, es un imperdible para los visitantes del lugar» (Sitio web oficial de Turismo en Salta).
Su nombre, según Federico Kirbus, deriva de la voz quechua puma, que empleaban para designar a los feroces felinos del mismo nombre que vivían en la zona. Sin embargo, otra versión, de Domingo Bravo, dice que el nombre se originó en «la piedra pómez, por cuanto el lugar se encuentra en una región volcánica donde abunda este material». Un lugareño contó al autor que a ese mineral, en la zona, lo llaman piedra poma. (Wikipedia, la enciclopedia libre).
Tiene unos 600 habitantes y es un lugar muy visitado por los turistas.

El origen
Corría el año 1964. Eulogia, nacida el 13 de septiembre de 1945, era una chica de 18, y, como ella misma cuenta en el video que se puede ver más abajo, fue por primera vez a los tradicionales carnavales del pueblo.
Llegó junto a un grupo de jóvenes. Tenía la cara enharinada, como parte del disfraz de carnaval, y llevaba su caja chayera, «un antiguo instrumento musical de percusión, parecido al tambor, pero de menor tamaño y con sonido mucho más seco y cálido, que fue utilizado originalmente por las culturas andinas, sobre todo de origen quechua». (El arcón de la historia Argentina). (Nota: no confundir con la caja o cajón peruano o flamenco).

Eulogia entró al almacén “La Flor del Pago”, que al menos hasta 2022 seguía en pie. Allí, entre muchos otros, se encontraban compartiendo un vino el ya reconocido poeta salteño Manuel José «Barba» Castilla y su íntimo amigo, músico y compositor Gustavo «Cuchi» Leguizamón, quienes solían ir a La Poma para los carnavales.
Era tradición entonces la batalla o «contrapunto» de coplas, donde los participantes tenían que improvisar, hasta que se iban eliminando y, cuando quedaban dos, el que se quedaba sin respuesta se retiraba y reconocía el triunfo del contrincante.
La joven pastora de 18 años, Eulogia Tapia, sabía de coplas gracias a sus padres, pero era muy tímida. Hasta que se le animó nada menos que al poeta Manuel José Castilla. El lugar fue quedando vacío. Era un mano a mano tremendo, que esos parroquianos que aguantan hasta que las velas no ardan no se iban a perder. En un momento, parecía que la chica se quedaría sin letra. Error. Lanzó: «Esta noche va a llover / agua que manda la luna / mañana han de amanecer / como pato en la laguna«. Y el gran poeta, sin más palabras, la felicitó.

Tanto Castilla como «Cuchi» Leguizamón quedaron impactados. Al día siguiente, averiguaron dónde vivía Eulogia y fueron hasta su casa en tractor. Al llegar la encontraron trabajando junto a su padre, cosechando trigo y alfalfa. Le contaron lo bien que recitaba y cantaba su hija y recrearon el duelo de la noche anterior, donde la joven volvió a imponerse. Dicen que dicen que el papá murmuró: «Sí, canta bien, pero se le escapan las cabras…» Y es que estaba enojado porque a la pastorcita le habían robado un animal. Por ello, la zamba dice «por qué te roban Eulogia, carnavaleando».
Fue entonces cuando, según narra Facundo Herrera en su cuenta de instagram (facundoherrera_lr), le dijeron que como premio le iban a componer un tango o un vals… «No, a mí me gusta el folclore», les dijo Eulogia.
Fue el puntapié inicial de la famosísima zamba «La pomeña», uno de los temas más entrañables, más cantados, más versionados de la música popular argentina.
En abril de 1969 se publicó la primera versión a cargo del Dúo Salteño. De allí en más, fue grabada por «medio mundo». Mercedes Sosa hizo la versión más popular, pero prácticamente nadie se privó de cantarla, incluso más allá de nuestras fronteras; hasta rockeros como Pedro Aznar.
«Me gusta la canción porque cuenta cosas que son ciertas. Cuando dice ‘el trigo que va cortando madura por su cintura’, se refiere a mi trabajo de entonces. También nombran al caballo blanco que yo tenía (…) La canción recién la escuché como un año después en la radio. Llegó corriendo una vecina y me dijo ‘vení Eulogia, están cantando una canción que habla de vos’. No me lo he creído al principio. Después, me llenó de emoción (…) Dice a su edad la legendaria Ciudadana Ilustre y Patrimonio Artístico Viviente de La Poma: ‘Soy feliz acá. Tengo mis chivitas, tejo de vez en cuando, y con mi esposo siempre sembramos algo’”. (Agencia de Noticias Tierra Viva).
La humildad hecha mujer. Perdón, MUJER. A continuación, parte del testimonio de Eulogia Tapia que también se puede ver en el hermoso video del final.

El grupo Marca Salteña tuvo un encuentro «impensado» con Eulogia Tapia y le cantaron en plena calle
Dice Eulogia…
«Yo soy Eulogia Tapia, vivo aquí en La Poma. Me dedico a… tengo mis chivitas, mis ovejitas, muy poquito, apenas para el consumo nada más. Me dedico a eso, y después, a cantar, a bailar… de todo un poco hago en la vida. Canto, bailo folclore, rezo para las almas, rezo para la Virgen, me voy a la procesión… ¡De todo sé gracias a Dios y a la Virgen, de todo, de todo!
«Yo soy… una historia muy presentable… Soy una historia viviente, como dicen. Me van avanzando los años, y eso quedará eterno, para siempre. Yo sé que mi cuerpo se va a perder, mis palabras se perderán, pero la zamba no se pierde nunca, queda ahí.
«Y yo doy gracias a Dios que me ha dado ese don para ser cantora. A Dios y a la Virgen, y a mi padre y mi madre que me han echado al mundo, y a los autores que me han hecho esa bonita zamba que la tengo de recuerdo. Era el primer año que salía al carnaval, y me han dedicado esa zamba tan linda.
«La zamba es tal como era (cuenta las cosas tal como pasaron).
«A mí me gustaba cantar por mi padre y mi madre, que eran bagualeros, porque antes toda la gente cantaba aquí en La Poma… ¡todos! Y yo cantaba siempre, cuando me iba al cerro, con mis chivas. Cantábamos con mi hermano; nosotros oíamos desde siempre cantar a la mamá y al papá, en las fiestas, en la casa, en la Pachamama… Era tan lindo. Armábamos semejante rueda, y ahí cantaban todos con caja, y ahí (en el medio) ponían la tina con chicha y aloja.
«Y después, coplear. Hacer la copla es una tradición de toda la gente de aquí; en el Valle Calchaquí todos eran cantores antes. La copla es un arte que sacamos de nuestro corazón. Yo pienso, por ejemplo, en un árbol, y así la voy preparando hasta que sale.
«…A mí me encanta eso. Yo soy feliz«, afirma Eulogia. Y canta: «Aquí estoy porque he venido / Porque he venido aquí estoy / Si no les gusta mi modo / Como he venido me voy» … Y dice: «Chau, ya me voy».
Y se va, vuelve a su casa de adobe alquilada; vuelve a cuidar a sus chivitas y ovejas; vuelve para seguir tocando la caja y cantando. Y es feliz. Es Eulogia Tapia, la protagonista absoluta de uno de los mejores temas del vasto cancionero popular argentino y latinoamericano. Una MUJER, así, con mayúsculas.

















































































