Por Bárbara Dibene (*)
Hace nueve años, Agustina Ledesma y Laura Farina, ambas profesoras de Letras por la UNLP, tuvieron un deseo: poder conversar sobre libros no solo entre ellas, sino con otras personas, en un espacio no formal. Ese interés se materializó en un club de lectura que comenzó a funcionar en 2017 y cuya primera lectura fue “La Uruguaya”, una novela del escritor argentino Pedro Mairal. Durante ese encuentro inicial, que convocó a amistades pero también a desconocidos, todos pudieron compartir lo que más les había resonado de la historia, se leyeron párrafos y hasta se retomaron entrevistas del autor.
El Clú, nombre que adquirió la propuesta, está integrado hoy en día por personas de distintas edades, profesiones y momentos vitales. Hay profesoras de letras, estudiantes, jubilados; gente del ámbito de las artes, el periodismo y la biología, entre otras ramas. Lo que los une es el amor por los libros y el disfrute de hablar colectivamente sobre lo que los atravesó en ese momento tan íntimo. Hay quienes son más estudiosos y les gusta indagar sobre los autores y las autoras, su contexto y los hechos que ocurren en el libro, quienes llegan con el libro terminado minutos antes y quienes lo devoran con mucha anticipación y luego tienen que recurrir a sus anotaciones para refrescar la memoria.

En diálogo con 90 líneas, Laura explica sobre la dinámica actual de los encuentros: “Entre todos elegimos un libro por mes que surge de una lista de posibles lecturas que proponemos nosotras y que están nucleadas por alguna temática en común”. Aunque esto no siempre fue así: “Antes era más abierto, cada uno podía proponer el libro que quería leer. Incluso al principio no había categorías. Pero descubrimos que la elección era más dinámica si íbamos guiando un poco la propuesta de textos”.
«En los tiempos que corren no es menor tener un espacio con gente que uno quiere, encontrarse dos horas y pasarla bien hablando de libros” (Laura Farina)
Con el paso del tiempo, se crearon lazos afectivos y aumentó la confianza entre los integrantes, lo que fortaleció el intercambio y sus resultados. Laura resalta que a veces a un libro “no le encontrás la vuelta” y que en el encuentro “tu visión va cambiando, para bien o para mal”. Esa lectura enriquecida es fundamental. “Poder desarrollar una opinión, argumentar y contraargumentar, entender que todas las opiniones son válidas y todos los puntos de vista interesantes es un ejercicio que no sé si estamos tan habituados a hacer en la vida cotidiana”.
Laura subraya que “también es un momento de distensión, de pasarla bien. Las reuniones son divertidas y en los tiempos que corren no es menor tener un espacio con gente que uno quiere, encontrarse dos horas y pasarla bien hablando de libros”.
clubes de lectura

“El Clú” se reúne de forma mensual en distintos espacios y la actividad es gratuita, aunque actualmente no abierta, para que haya una cantidad de integrantes que garantice la posibilidad de que todos puedan hablar y escucharse.
Para quienes tengan interés en sumarse a un espacio de estas características, hay múltiples opciones en la ciudad. Una de ellas, también gratuita, es la de la Biblioteca Central de la Provincia de Buenos Aires, que tiene distintos clubes de lectura con personas a cargo de la coordinación.
“Los Tiroteos”, una propuesta performática para escuchar y leer poesía
“Es como ‘una batalla de gallos’, pero el objetivo no es ganar sino ir haciendo una cadena de lecturas de poesía que se asocien por temática, sonoridad, autorx, lo que sea”, explica Lucía Uncal sobre los “Tiroteos”, una propuesta que nació con Chapi Barresi durante la pandemia, y que con el regreso de la presencialidad fue definiendo su formato, con la incorporación de invitados/as y una persona a cargo de la puesta en escena.
“Tenemos secciones donde leemos a unx autorx en particular, otra donde leemos amigxs, una donde las personas del público pueden dedicar poemas y, finalmente, una que leemos textos nuestros”, detalla Lucía, profesora de historia y trabajadora de la cultura.
En este caso, las lecturas encuentran otro escenario, más performático y escénico, donde lo importante es la temática que se define y que invita a entrar a un mundo particular. Ahí tiene protagonismo Irito Skamarda, quien se encarga de la ambientación de los espacios.
clubes de lectura

El último “tiroteo” tuvo como temática el mar, un homenaje al streaming del CONICET en Mar del Plata y la mitología de las sirenas. La invitada fue Maite Guiamet, becaria de CONICET, docente y poeta. Sobre la escenografía, Lucía destacó: “Irito juntó flotaflotas durante dos meses. Una amiga, Ana, se sumó e hizo unas medusas hermosas con paraguas. Todo eso no deja de conmoverme, ese poder de transformar un flotaflota en un coral y una bolsa de basura en una medusa”.
En medio de la vorágine actual, esta alternativa, que se difunde de boca en boca y a través de las redes sociales de sus organizadores e invitados/as, propone conectar con la literatura a través de la escucha del otro. “Lo que rescato siempre de los Tiroteos”, dice Lucía, “es que el público viene a escuchar, es una escucha activa y muy respetuosa de eso que está pasando, y no necesariamente son personas que lean poesía”.
clubes de lectura

A Lucía la poesía la atraviesa, ya que además escribe y publica. Sobre la escritura también reconoce la importancia de lo colectivo: “Tenemos esta idea de que se hace en soledad, pero son solo momentos, un repliegue necesario para que algo crezca, como tomar carrera. En mi caso hago taller con Celeste Diéguez y esa experiencia moldea mi escritura, porque la comparto con mis compañeras, me contagio de sus voces, reafirmo lo que es propio”.
Una invitación a escribir
De la mano de la lectura suele llegar el interés por escribir y tener un lugar específico para hacerlo. En ese sentido, La Plata es una ciudad donde abundan los talleres literarios orientados a distintos géneros e incluso mezclando disciplinas como la fotografía o el arte gráfico (por ejemplo, los fanzines). Uno de ellos es el de Facundo Báñez, destacado novelista platense especializado en narrativa y crónica periodística.
clubes de lectura

Hace dos años, Facundo comenzó con los talleres de crónica, pero actualmente su propuesta es un taller literario que, según cuenta, se va armando en función del grupo y de las necesidades del proyecto de cada tallerista. “Este año, por ejemplo, surgió mucho lo del subtexto, o sea, la historia que está contada, pero por ahí no de forma visible. Esto que se llama los cimientos invisibles del texto o, como decía Hemingway, la punta del iceberg. A partir de esto surgieron lecturas de Salinger, Schweblin y Levrero”.
Para los encuentros, Facundo tiene preparadas algunas ideas y consignas, aunque aclara que no se escribe en el momento, sino que se trabaja con lo que cada persona produce en su casa. Además, resalta que siempre busca respetar el tono de cada persona y “no hacer moldes de escritores”.
Facundo Báñez habla de un “estado de escritura” que ocurre “cuando uno disfruta realmente, goza de lo que está leyendo y produciendo, e incluyo la corrección, porque la corrección también es escritura. En ese momento, como dice el pensador Karl Kraus: ‘cuando escribo nada me puede pasar’. Tengo un poco esa idea”
Consultado sobre por qué cree que las personas asisten al taller, dice que “hay una necesidad de contar una historia y que esa historia sea escuchada. Porque uno siempre escribe para otro, incluso hasta en los diarios íntimos”.
Finalmente, sobre el oficio, dice que el único lugar donde se siente seguro es en la escritura. En ese sentido, habla de un “estado de escritura” que ocurre “cuando uno disfruta realmente, goza de lo que está leyendo y produciendo, e incluyo la corrección, porque la corrección también es escritura. En ese momento, como dice el pensador Karl Kraus: ‘cuando escribo nada me puede pasar’. Tengo un poco esa idea”.
(*) Becaria doctoral en el Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CCT-La Plata CONICET-UNLP) – Grupo ¿De qué hablamos cuando hablamos de Chagas? – Grupo GeoVin
***
Otros artículos de la misma autora:
- La vuelta a la fotografía analógica
- Volver a la mesa: juegos y rompecabezas ganan terreno en la Ciudad
- Arte, ciencia y compromiso para visibilizar la flora platense
clubes de lectura


















































































