Carlos Ciappina (*)
¿Y ahora resulta que los más racistas del mundo somos los argentinos? ¿De dónde salen las afirmaciones que colocan a la Argentina en el podio del racismo?
Hasta el gran actor yanqui Samuel Jackson hizo un posteo -con la camiseta argentina y en la cara del mayordomo negro «con alma “blanca” de esa gran película antirracista “Django desencadenado”- donde le pide a la población afroamericana que no apoye a nuestra selección porque “Argentina es uno de los países más racistas del mundo, sino el más”.
Pareciera que Samuel Jackson no conoce bien en qué país vive… Pero más allá de cuánto conozca a la Argentina (o a los EEUU), ¿en verdad cree que Argentina ha sido y es más racista que los inventores del colonialismo y el esclavismo? ¿Cuándo España, Portugal, Francia, Gran Bretaña dejaron de ser colonialistas? ¡Todos ellos aún hoy tienen territorios como colonias! ¡En 2026!

Entonces… ¿Apoyar a EEUU está bien porque «no son racistas»? ¿Francia dejó de ser racista? Viendo donde viven los afrodescendientes en París nos podemos dar una idea de cuán «menos racista» es Francia, o Italia, o Alemania…
Más allá o más acá de Jacskon y su posteo, creo que es necesario aclarar algunos conceptos y aportar algunas reflexiones.
Primero. Efectivamente, nuestro país, como muchos países de América Latina (para hablar sólo de un nosotros) tienen un componente social racista. Los orígenes de este racismo estructural hay que buscarlos en las potencias colonialistas (empezando por España y su imperio, seguida de Portugal, Gran Bretaña, Francia y Holanda), que organizaron sus dominios coloniales bajo la idea de que este continente estaba habitado por seres inferiores.
La segregación institucional-racial en los EEUU llegó hasta mediados del siglo XX. Y hoy, el ICE secuestra y reúne en verdaderos campos de concentración -antes de expulsarlas- a millones de personas por su ascendencia “latina”
A la inferioridad “intrínseca” de los pueblos originarios, España, Portugal, Inglaterra y Francia sumaron en América el traslado de millones de seres humanos esclavizados a los que consideraron simplemente como “cosas”. De modo que va una primera conclusión: el racismo es un invento de las potencias colonialistas y de las elites latinoamericanas que adoptaron la lógica colonial.
Segundo. Luego de una dura lucha, los países de América Latina -que incluye a la Argentina- pudieron independizarse del orden colonialista, no sin antes sufrir la resistencia de las potencias, que enviaron ejército tras ejército para mantener aquel orden racial colonialista.
A partir de la liberación latinoamericana comenzaron los procesos de desarticulación del orden legal racial heredado de los imperios colonialistas: lenta, pero inexorablemente, se eliminaron el tributo indígena y la esclavitud como institución. La Argentina independiente fue uno de los primeros países en terminar con la legislación que permitía la explotación de indígenas y en declarar la “libertad de vientres”. En cambio, en otras sociedades -léase Estados Unidos- la independencia profundizó el racismo que se institucionalizó en el “modo de vida del sur”.

Tercero. A finales del siglo XIX se desplegó en toda América Latina el darwinismo social, la idea que justificaba el racismo sobre bases “científicas”. Para el Darwinismo Social el mundo se dividía en dos: el del “apto” blanco, civilizado y capitalista, y el de los “no aptos” asiáticos, africanos y latinoamericanos. Nuevamente, la ideología y las prácticas racistas fueron “importadas” en América Latina y adoptadas por las elites para justificar su dominio social sobre las mayorías híper explotadas.
Hay un componente coyuntural que parte de una confusión trágica: buena parte del mundo bien pensante confunde los posicionamientos internacionales del gobierno argentino con el pensamiento y las prácticas profundas del pueblo argentino. Milei se ha declarado abiertamente pro-estadounidense, pro-sionista, y ha apoyado -en soledad con respecto a la casi totalidad del mundo- bombardeos, masacres de población civil en Palestina y otros países de lo que llamamos Medio Oriente. Confusión de pueblo y gobierno
Cuarto. Al racismo latinoamericano importado desde Europa, se le sumará el racismo desarrollado por los EEUU: “Doctrina Monroe”, “Política del garrote”, “imperialismo civilizatorio”, todas “doctrinas” estadounidenses que se basaron en la idea de que al sur de EEUU habitan pueblos inferiores por su ascendencia “latina” y que los EEUU basan su “éxito” en su ascendencia anglosajona. Sin dejar de señalar que la segregación institucional-racial en los EEUU llegó hasta mediados del siglo XX. Hoy, el ICE secuestra y reúne en verdaderos campos de concentración -antes de expulsarlos- a millones de personas por su ascendencia “latina”.
Quinto. Pero hay -ahora- un componente coyuntural que parte de una confusión trágica: buena parte del mundo bien pensante confunde los posicionamientos internacionales del gobierno argentino con el pensamiento y las prácticas profundas del pueblo argentino. Milei se ha declarado abiertamente pro-estadounidense, pro-sionista, y ha apoyado -en soledad con respecto a la casi totalidad del mundo- bombardeos, masacres de población civil en Palestina y otros países de lo que llamamos Medio Oriente.
El ejemplo mas triste de esta confusión pudo verse durante el Mundial: mientras en Israel se celebraban los triunfos argentinos, en Palestina y Egipto se acusaba a la Argentina de apoyar el sionismo. Confusión de pueblo y gobierno. El pueblo argentino ha sido siempre solidario con los perseguidos del mundo, pueblos que hasta el día de hoy encuentran refugio en nuestro país. El estado y los gobiernos no pueden confundirse con el sentir de los pueblos.

Otro componente coyuntural. El Mundial de fútbol ha dejado hace tiempo de ser “solo fútbol” para transformarse en caja de resonancia de las políticas de los países hegemónicos a nivel global. Con la hipocresía histórica que caracteriza a las potencias mundiales -en particular Europa y los EEUU- todo marcha bien si los que van ganando son los países europeos. Pero cuando aparece un no invitado a ocupar los primeros puestos -en este caso la Selección Argentina- todo justificativo denigratorio es bienvenido. Cuando un país del mundo no hegemónico derrota a una selección europea es un “batacazo”, una “sorpresa” o un “milagro”. Si la que gana es una selección europea es lo “normal”.
Algunas conclusiones (siempre provisorias, claro)
El racismo es un invento europeo y goza, allá en Europa y en los EEUU, de la misma buena salud -por desgracia- que en Argentina y América Latina.
El racismo en América Latina ha sido y sigue siendo una ideología que funciona como instrumento de poder de las elites sobre los pueblos (lo que no obsta para que haya un cierto racismo “popular”).
El actual gobierno argentino es racista, machista, sionista y pro imperialismo estadounidense. Tristemente es así. Pero ese no es el pensamiento ni la práctica del pueblo argentino.
Argentina sufre la amputación de su territorio por parte de una potencia racista y colonialista. Nuestro país es víctima del colonialismo, no su ejecutor.
Por último y para que quede claro: la Argentina no está libre de racismo y todavía nos falta mucho como sociedad para terminar con el racismo que nos habita. Pero de allí a que se nos considere una especie de Sudáfrica hay un malentendido que es necesario aclarar para que el antirracismo no se vuelva un arma racista.
(*) Profesor titular de Historia de América Latina – FPyCS UNLP
Fuente: Contra Editorial


















































































