Por Lic. María Navarro (*)
Cada 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha que nos invita a tomar conciencia de los desafíos ecológicos que atraviesa nuestro planeta y, al mismo tiempo, a reflexionar sobre nuestro papel como ciudadanos, profesionales y miembros de una comunidad.
Desde las Humanidades, el cuidado del ambiente no puede reducirse únicamente a una cuestión técnica o científica. Se trata, ante todo, de una cuestión profundamente humana. Las decisiones que tomamos sobre el uso de los recursos naturales, los modos de producción y consumo, la organización de nuestras ciudades y nuestras formas de convivencia expresan una determinada manera de comprender al ser humano, a la sociedad y al mundo que habitamos.
En este sentido, la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco constituye una de las reflexiones más significativas de nuestro tiempo. Allí se nos recuerda que la crisis ecológica es también una crisis ética, cultural y educativa. Francisco advierte que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental” (Laudato Si’, n.° 139). Esta afirmación nos interpela especialmente a quienes formamos parte de instituciones educativas, porque nos exige comprender que los problemas ambientales no pueden abordarse de manera aislada de las cuestiones vinculadas con la pobreza, la desigualdad, la exclusión y la dignidad humana.
Las Humanidades poseen una misión fundamental en este contexto. Por ejemplo, la Filosofía nos ayuda a preguntarnos por el sentido de nuestras acciones y por el tipo de sociedad que queremos construir. La Historia nos muestra que las relaciones entre las comunidades humanas y la naturaleza han cambiado a lo largo del tiempo y que muchas de las crisis actuales son consecuencia de decisiones colectivas acumuladas durante décadas. La Educación tiene la responsabilidad de formar personas críticas, comprometidas y capaces de transformar la realidad. La Psicología nos permite comprender los comportamientos individuales y sociales que favorecen o dificultan los cambios necesarios. El periodismo contribuye a generar conciencia y movilización social frente a los desafíos ambientales.
Como universidad católica, estamos llamados a promover una auténtica ecología integral, entendiendo que el cuidado de la creación forma parte del compromiso con el bien común. No se trata solamente de preservar paisajes o recursos naturales, sino de reconocer que la Tierra es un don que compartimos y cuya protección constituye una responsabilidad ética hacia las generaciones presentes y futuras.
La vida universitaria ofrece múltiples oportunidades para asumir este compromiso: el desarrollo de investigaciones orientadas a la sostenibilidad, la participación en proyectos de extensión vinculados con problemáticas ambientales, la incorporación de estas temáticas en las propuestas curriculares y, también, la adopción de hábitos cotidianos responsables dentro de nuestros espacios académicos.
Sin embargo, el mayor aporte que puede realizar una universidad consiste en formar personas capaces de pensar críticamente los problemas de su tiempo. Como señala el Papa Francisco, “la educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza”(Laudato Si’, n.° 215).
En este Día Mundial del Medio Ambiente, la invitación es a renovar nuestra responsabilidad con la Casa Común desde una mirada integral y humanista. Cuidar el ambiente es cuidar la vida; es cuidar la dignidad de las personas; es cuidar el futuro. Y esa tarea, lejos de corresponder únicamente a especialistas o gobiernos, constituye una misión compartida que interpela a toda la comunidad universitaria.
(*) Secretaria Académica de la Facultad de Humanidades UCALP
medio ambiente y casa común
















































































