La «revolución» de la motosierra era descuartizar a los discapacitados, jubilados, niños enfermos, el poder adquisitivo de los trabajadores, miles y miles de pymes y decenas de miles de puestos de trabajo en el sector privado en tiempo récord, endeudarnos de por vida continuando el «trabajito» que inició el tándem Macri-Caputo en abril de 2018, desacreditar al Congreso con una caterva de ignorantes que dan vergüenza ajena, enriquecerse mediante la timba financiera y la corrupción a cielo abierto y, la frutilla del postre, convertirnos en «una de las joyas más preciadas de su graciosa majestad» (hoy en día, Donald Trump), como dijo en Londres -sin siquiera ruborizarse- uno de los delegados de la comitiva argentina que fue en 1933 a Gran Bretaña a venderle el país al imperio dominante en ese entonces.
Caputo -el mismo que en un país normal debería estar preso- lloró de la emoción tras la reunión con el ‘emperador’ yanqui; Milei rió como un nene al que le regalan ese juguete que tanto deseaba; su hermana Karina Milei también rió, quizás pensando que si su majestad la recibió tan amablemente, aquí nadie se va a animar a seguir adelante con las investigaciones por corrupción que la tienen como terminal.
Sí, acaban de vender la patria. Habrá que ver si el pueblo o alguna dirigencia que tenga lo que hay que tener se planta o, sin más, entregaremos el oro y el moro a cambio de un salvataje multimillonario del cual el pueblo trabajador no verá un céntimo.
«Nuestra patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas», sentenció Eva María Duarte de Perón. Por estos días, la bandera empezó a flamear. El tiempo dirá sobre qué.
-Las cosas cambiaron…
-¡Qué cambien de nuevo! Si ya se hizo. No es tan difícil. Se hizo durante décadas…
Lo hicimos. Fuimos capaces de desembarazarnos de la deuda en moneda extranjera dos veces en nuestra historia, al tiempo que nos desentendimos del FMI. Fuimos capaces de fabricar autos, motos, pickups, helicópteros, buques, aviones, tractores, motores, insumos cien por ciento argentinos. Fuimos capaces de repartir la renta en partes iguales entre el Trabajo y el Capital. Fuimos capaces de alcanzar niveles educativos, científicos y culturales superiores a los de varios países europeos. De tener pleno empleo y los mejores salarios de América Latina. De estar a ‘nada’ de terminar con la pobreza (8% en 1974). Todo ello hoy parece prehistórico. Nuestra conversión en una factoría estadounidense está a un pasito de convertirse en una amarga realidad.
¿A cambio? Lo que nunca van a blanquear (o solo en parte): el litio y los minerales raros, el plan nuclear, el petróleo y, sobre todo, bases militares; la principal en Tierra del Fuego, para dominar desde allí el paso Atlántico-Pacífico, Malvinas y la Antártida.
Más allá de la guerra, hay que verse en el espejo de Ucrania y Zelensky, quien ya puso la ‘recuperación’ del país en manos de los mayores fondos de inversión con sede en EEUU, los cuales, además, se adueñaron de un 40% de las tierras ucranianas, el verdadero granero del mundo.
«Argentina es una parte integrante del imperio británico»
¿Las comparaciones son odiosas? Depende. A veces sirven para poner blanco sobre negro.
El 6 de septiembre de 1930, ya ‘cansada‘ de 14 años de elecciones libres donde le resultaba imposible vencer al radicalismo, la gran burguesía terrateniente decidió ponerle punto final a la democracia. Fue el primer golpe de Estado cívico-militar de la historia argentina.
Sobrevino el imperio del fraude electoral, la represión a mansalva de cualquier intento de protesta, el empobrecimiento generalizado de la población. Con el tiempo, el periodo 1930-1943 fue conocido como Década Infame.
Pero… la gran burguesía (u oligarquía) terrateniente se topó con una nueva realidad: el imperio de turno, el británico, dejó de comprarle carne. Es que la gran crisis mundial producto del crack financiero de 1929 pegó duro en Europa. Y el granero del mundo ubicado al sur de Sudamérica, que tuvo su apogeo entre finales del siglo XIX y principios del XX y que le permitía a los latifundistas argentinos «arreglarse con alambre de púa, vacas y ovejas» para vivir como verdaderos nobles (Alan Beattie, columnista del Financial Times, 2009), cayó en desgracia (traído a estos tiempos: se acabaron los dólares para seguir con la timba financiera).
En 1932, ante la crisis, Inglaterra se reunió en Otawa, Canadá, con sus colonias y ex colonias para reorganizar su comercio exterior. El Reino Unido decidió adquirir los productos que antes compraba a la Argentina, en Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
«¡Tenemos que salvar a los nuestros!»
En los sectores agroganaderos exportadores argentinos hubo un gran desconcierto: la metrópolis los había abandonado. El gobierno del general (radical galerita) Agustín Pedro Justo, fiel representante de la clase dominante, envió a Londres al vicepresidente Julio Argentino Roca (hijo) para tratar de llegar a algún acuerdo. ¡Había que salvar al poder económico doméstico! (Cualquier semejanza con el eventual acuerdo 2025 Argentina-EEUU no es mera coincidencia).
Hubo una cena de recepción donde Roca dijo, sin ruborizarse, que la Argentina era desde el punto de vista económico «una parte integrante del imperio británico». Otro miembro de la delegación, director de los ferrocarriles ingleses en Argentina, fue más lejos aún y dijo a su turno: «Argentina es una de las joyas más preciadas de su graciosa majestad».
Finalmente se firmó un acuerdo con el ministro de Comercio británico, Walter Runciman (el Scott Bessent de entonces).
La humillación más absoluta
Por el pacto o tratado Roca–Runciman, Inglaterra se comprometía a seguir comprando carnes argentinas siempre y cuando su precio fuera menor al de los demás proveedores, es decir que el gobierno argentino aceptó venderle al Reino Unido a un precio inferior que el de sus propias colonias. A cambio, la Argentina aceptó concesiones humillantes: liberó los impuestos que pesaban sobre los productos ingleses (lo cual arruinó a la industria nacional) y se comprometió a no permitir la instalación de frigoríficos… ¡argentinos!
Se creó el Banco Central de la República Argentina con capitales británicos, con funciones tan importantes como la emisión monetaria y la regulación de la tasa de interés. Un detalle: el directorio estaba dominado por funcionarios ingleses. Finalmente, se le otorgó el monopolio de los transportes a una corporación inglesa.
El diputado nacional Lisandro De la Torre, un liberal progresista intachable, denunció el acuerdo en el Senado por escandaloso y promovió el debate. Dijo:
«El gobierno inglés le dice al gobierno argentino: ‘no le permito que fomente la organización de compañías que le hagan competencia a los frigoríficos extranjeros’… En esas condiciones, no podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a sus dominios semejantes humillaciones. Los dominios británicos tienen cada uno su cuota de importación de carnes y la administran ellos. La Argentina es la que no podrá administrar su cuota. No sé si después de esto podremos seguir diciendo ‘al gran pueblo argentino, salud‘».
La gran corrupción
Dos años más tarde, en mayo de 1935, De la Torre acusó por fraude y evasión impositiva al frigorífico Anglo. Aportó pruebas que comprometían directamente a dos ministros de Justo: Pinedo, ministro de Economía, y Duhau, ministro de Hacienda.
De la Torre probó cómo se ocultaba información contable en cajas selladas por el Ministerio de Hacienda y demostró hasta dónde llegaba la impunidad de los frigoríficos ingleses tras la firma del pacto Roca-Runciman. Las entradas para el debate se agotaban; la gente hacía largas colas para escuchar y alentar a Lisandro.
Las denuncias hicieron evidentes las conexiones del gobierno argentino con otros negociados. El nivel de las discusiones en el Senado fue subiendo de tono, hasta que se decidió hacer callar a De la Torre. Un matón del Partido Conservador, el ex comisario Ramón Valdez Cora, disparó en el hemiciclo contra el senador, pero su amigo y compañero de bancada Enzo Bordabehere se interpuso en el camino, recibió los balazos y murió. Se dio por terminado el debate.
¿Quién iba a imaginar…?
¿Quién iba a imaginar que 90 años después, un gobierno igualmente corrupto y cipayo que el de la Década Infame iba a humillarse y a humillar a la patria ante ‘su majestad’ Donald Trump? ¿A cambio? Lo dicho, y que nunca se va a conocer en detalle: el litio y los minerales raros y/o el plan nuclear y/o el petróleo y el gas y/o Tierra del Fuego y/o cero relaciones con China y relaciones carnales con «el dador» y con el gobierno genocida de Benjamín Netanyahu.
Producción y trabajo argentinos, recomposición del poder adquisitivo de los trabajadores y jubilados, reactivación del mercado interno, combate a la pobreza, ley de discapacidad, financiamiento de las universidades, emergencia pediátrica… te los debo.
Una de las últimas intervenciones en el Senado de Lisandro De la Torre tuvo lugar en ocasión del debate del proyecto de Ley sobre represión del comunismo. Dijo entonces: «El peligro comunista es un pretexto, es el ropaje con que se visten los que saben que no pueden contar con las fuerzas populares para conservar el gobierno y se agarran del anticomunismo como una tabla de salvación. Bajo esa bandera se pueden cometer toda clase de excesos y quedarse con el gobierno sin votos…» (Teléfono para Luis Caputo y los trolls ultraderechistas).

1º de mayo de 1933. El vicepresidente de Argentina, Julio Argentino Roca (h), visando (muy sonriente) el borrador del tratado en compañía del ministro de Comercio británico, Walter Runciman, en la sala de conferencias del ministerio. En el mismo, Argentina se comprometió a venderle carne al Reino Unido a un precio menor al de los propios proveedores de la Commonwealth; importar toda clase de productos con exención arancelaria (lo que arruinó a la pequeña industria nacional); estableció la creación del Banco Central -con capitales y funcionarios ingleses- como punta de lanza de los negociados británicos, y le otorgó al Reino Unido el monopolio absoluto de los medios de transporte de la Argentina (crédito: wikipedia).
Fuente consultada: Pacto Roca – Runciman – El debate de las carnes en la década de 1930 – El Historiador















































































