Por Leandro Zandueta *
La Reforma Laboral aprobada por ambas Cámaras es el resultado de un proceso histórico de un sector de la sociedad que busca avanzar sobre los derechos laborales y sociales de las familias trabajadoras. El fomento a la meritocracia; los ataques permanentes contra las organizaciones sindicales y sociales, y las nuevas formas de generar ingresos a través del acceso a las tecnologías fueron construyendo una sociedad que se olvidó de su propia identidad de clase social. Y esto tiene como objetivo quitar derechos colectivos, sociales y laborales, porque nos hacen creer que cada uno construye sus propias condiciones y que no necesita de ningún marco regulatorio ni organización que lo defienda.
Una campaña mediática y social, histórica y sistematizada contra las organizaciones sociales y sindicales, y un discurso lleno de odio e intolerancia que se promulga desde el Estado Nacional y que promueve el individualismo sobre lo colectivo, fueron calando en lo más interno de cada persona, hasta el punto de hacerles perder su propia identidad de clase, que no es ni más ni menos que la clase trabajadora. Justamente lo que intenta hacer el gobierno nacional con cada proyecto de ley y con cada decreto -mal llamado de necesidad y urgencia-, donde buscan cercenar derechos sociales y laborales. Por eso, es necesario que las organizaciones sindicales profundicemos nuestro rol histórico para la reconstrucción de la identidad de la clase trabajadora. Y para revertir este momento histórico, la palabra, el relato y la organización son herramientas fundamentales.
Una campaña mediática y social, histórica y sistematizada contra las organizaciones sociales y sindicales, y un discurso lleno de odio e intolerancia que se promulga desde el Estado nacional y que promueve el individualismo sobre lo colectivo, fueron calando en lo más interno de cada persona, hasta el punto de hacerles perder su propia identidad de clase, que no es ni más ni menos que la clase trabajadora
En las últimas décadas, muchos sectores dejaron de identificarse como trabajadores. Profesionales, técnicos, educadores, emprendedores y pequeños empresarios, entre otros, comenzaron a percibirse fuera del campo del trabajo, como si la condición de trabajador fuera sinónimo de precariedad o falta de éxito. Esta percepción no es casual: es producto de una narrativa que desvaloriza el trabajo y promueve una lógica de competencia individual. Ante esta realidad, los sindicatos tenemos el desafío y debemos reconfigurar el sentido común, instalando con claridad que todo aquel que intercambia su tiempo, saber o energía por un ingreso es un trabajador o trabajadora, y como tal, sujeto de derechos. Negar esta condición contribuye a debilitar la solidaridad entre quienes, desde distintas trincheras, sostienen el funcionamiento de la sociedad.
Lo que alguna vez fue motivo de orgullo, tanto el esfuerzo como el trabajo, hoy parecen desdibujados por discursos que glorifican el éxito individual desvinculado del esfuerzo colectivo. Se pregona la libertad individual y se atacan todos las instancias legales y sociales vinculadas a la acción colectiva o los derechos sociales y laborales. Por ello, resulta sumamente necesario repensar el sentido de la identidad laboral y recuperar la dignidad del trabajo como un elemento central de la vida humana.
No reconocerse como trabajador o trabajadora implica quedar fuera del marco legal y simbólico que nos protege: se desconocen derechos, se debilita la negociación colectiva y se rompe el tejido solidario entre quienes comparten condiciones similares. Saúl Ubaldini advertía que cuando se pierde conciencia de clase trabajadora, se pierde también la fuerza para defender lo que nos corresponde, porque sin organización no hay defensa posible. Y es a través de la acción colectiva, de la construcción de identidad común, y de una comunicación clara y coherente, que se puede enfrentar la cultura de la resignación.
En las últimas décadas, muchos sectores dejaron de identificarse como trabajadores. Profesionales, técnicos, educadores, emprendedores y pequeños empresarios, entre otros, comenzaron a percibirse fuera del campo del trabajo, como si la condición de trabajador fuera sinónimo de precariedad o falta de éxito. Esta percepción no es casual: es producto de una narrativa que desvaloriza el trabajo y promueve una lógica de competencia individual
Recuperar la identidad como trabajadores implica reconocer que todos los aportes son necesarios para el desarrollo común. También supone reivindicar el esfuerzo cotidiano, el conocimiento aplicado y la cooperación como valores fundamentales de la vida laboral, así como reconocer que los derechos laborales no deben depender del cargo o la formación, sino de la condición común de ser trabajadores.
El Papa Francisco lo ha expresado con claridad: “El trabajo no es sólo una necesidad, es parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal”.
Y este es el desafío actual que tenemos las organizaciones sindicales: producir un relato colectivo que permita recuperar la identidad de la clase trabajadora, que haga foco en la inclusión, la justicia social y la defensa irrestricta de los derechos laborales, a través de la unidad y la organización. En este tiempo, recuperar la identidad como trabajadores debe ser una estrategia política. Implica reconstruir lazos, fortalecer la presencia territorial de los sindicatos, ampliar los canales de comunicación con las nuevas generaciones y construir un lenguaje que sea capaz de interpelar tanto al operario como al profesional.
El Papa Francisco lo ha expresado con claridad: “El trabajo no es sólo una necesidad, es parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal”. Y este es el desafío actual que tenemos las organizaciones sindicales: producir un relato colectivo que permita recuperar la identidad de la clase trabajadora, que haga foco en la inclusión, la justicia social y la defensa irrestricta de los derechos laborales, a través de la unidad y la organización. En este tiempo, recuperar la identidad como trabajadores debe ser una estrategia política
Como solía decir Perón, “la organización vence al tiempo”, y hoy más que nunca, la organización sindical es la herramienta que puede revertir la fragmentación, defender derechos y proyectar una sociedad más justa, donde el trabajo vuelva a ser el motor de la dignidad y la equidad.
En definitiva, recuperar nuestra identidad nos permitirá defender nuestros derechos. Asumirnos como trabajadores y trabajadoras nos permitirá avanzar hacia una sociedad más justa. Una donde las personas no solo se definan por lo que logran o poseen, sino por lo que construyen junto a otros. Reivindicar la identidad laboral, en todas sus formas, es defender derechos, y recuperar la capacidad de pensarnos como protagonistas de un proyecto colectivo que necesita del trabajo para el desarrollo productivo y social.
* Lic. en Comunicación Social – integrante del SOSBA


















































































