“A fines del siglo diecinueve, Juan Pío Acosta vivía en la frontera uruguaya con Brasil. Su trabajo lo obligaba a ir y venir, de pueblo en pueblo, a través de aquellas soledades.
«Viajaba en un carro de caballos, junto a ocho pasajeros de primera, segunda y tercera clase. Juan Pío compraba siempre el pasaje de tercera, que era el más barato. Nunca entendió por qué había precios diferentes. Todos viajaban igual, los que pagaban más y los que pagaban menos: apretados unos contra otros, mordiendo polvo, sacudidos por el incesante traqueteo.
«Nunca entendió por qué, hasta que un mal día de invierno el carro se atascó en el barro. Y entonces el mayoral mandó: –¡Los de primera se quedan arriba! –¡Los de segunda se bajan! –Y los de tercera… ¡a empujar!”
― Los hijos de los días – 20 de febrero, Día Mundial de la Justicia Social

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