De la Redacción.-
«El jueves 18 de diciembre, el Papa León XIV aprobó el milagro por intercesión del laico argentino Enrique Shaw (26 de febrero de 1921 – 27 de agosto de 1962), lo que permitirá su beatificación, noticia que causó gran alegría en su país de origen, y en especial en sus más allegados», escribió la colega Julieta Villar en la nota publicada por ACI Prensa (Agencia Católica de Informaciones).
90 Líneas publicó, el 22 de junio de este 2025, una completa nota sobre el empresario argentino titulada Necesitamos muchos, muchos Enrique Shaw, donde apuntamos: «Estamos a las puertas del tratamiento de una reforma laboral profundamente regresiva (N. de la R: la que se tratará el 10 de febrero de 2026 y que implica un regreso sin escalas a la Argentina de principios del siglo pasado)«. Luego puntualizamos: «Los empresarios y políticos, si se animan, tienen un espejo en el cual mirarse: el de Enrique Shaw, un hombre de empresa que aplicó la Doctrina Social de la Iglesia al día a día de todos y cada uno de los trabajadores y trabajadoras (de Cristalerías Rigolleau, la compañía que dirigía)».
En aquel momento informábamos que Enrique Shaw se encontraba en proceso de beatificación. Ahora, como mencionamos al inicio, León XIV firmó el decreto que lo convertirá en beato, paso previo al proceso de canonización (santificación).
Fue noticia mundial, porque será el primer empresario beatificado en la historia de la Iglesia Católica. Vale recordar que fue el Papa Francisco quien le dio un fuerte empujón a la causa, y en ese momento pronunció una frase muy elocuente: «Es rico, pero santo».
Enrique Shaw concibió la empresa como una comunidad donde todos deben trabajar codo a codo, e hizo especial hincapié en la dignidad del trabajador, en que éste debía tener un muy buen salario y buenas condiciones de vida para sí y toda su familia
Vale subrayar que ningún empresario con poder de influencia en el Gobierno nacional, en los gobernadores, senadores y diputados nacionales -es decir, grandes empresarios-, se miró en el espejo del hombre que decidió entrar a la empresa que terminaría dirigiendo por la misma puerta que los obreros: antes de hacerse cargo de la firma estuvo meses trabajando en los talleres para conocer en carne propia el proceso de producción y cómo era el día a día de los obreros. Fue tras esa experiencia que manifestó: «Ahora sí estoy capacitado para dirigir la empresa».
«Como director general de Rigolleau, cuentan sus biografías, el futuro beato conocía por su nombre a cada uno de los trabajadores, la dificultad de sus tareas y sus historias. Así se ganó su respeto y afecto», dice otra colega, María Nöllmann, en La Nación.
Afirmaron, incluso ex obreros a su cargo -que llegaron a ser más de 3.000-, que hablaba con ellos todo el tiempo, sabía qué les pasaba, cómo eran sus familias, si necesitaban algo.

“Por fin casi toda mi sangre es sangre obrera”
Ya enfermo e internado, a sus jóvenes 41 años, su familia pidió dadores de sangre en la empresa: se presentaron tantos obreros (unos 300) que a la inmensa mayoría le agradecieron, pero les dijeron que ya estaba bien. Después de la primera transfusión, Enrique Shaw dijo: “Por fin casi toda mi sangre es sangre obrera”. En rigor, él quiso ser obrero, pero su tutor espiritual le aconsejó que se tomara un tiempo para pensarlo, porque si seguía la tradición empresaria de su padre Alejandro podría cambiar las relaciones laborales «desde adentro».
Durante su internación también se produjo otro hecho muy particular. Desde EEUU llegó la orden de echar empleados: “Si tocan a uno solo, dejo la empresa”, sentenció Enrique.
“(Fue) un empresario que entendió que la industria no era sólo un engranaje productivo ni un medio de acumulación de capital, sino una verdadera comunidad de personas llamadas a crecer juntas” (León XIV)
¿Qué diría Enrique hoy, cuando gobierno, empresarios, senadores y diputados están amasando una reforma laboral que convertiría a los trabajadores y trabajadoras en material de descarte?
¿Qué diría hoy quien concibió la empresa como una comunidad donde todos deben trabajar codo a codo, e hizo especial hincapié en la dignidad del trabajador, en que éste debía tener un muy buen salario y buenas condiciones de vida para sí y toda su familia?
¿Qué diría hoy el hombre de empresa que impulsó la Ley de Asignaciones Familiares para las familias con hijos y la ley de protección de las obreras en periodo de maternidad, cuando esos derechos no estaban instalados?
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El milagro comprobado (El milagro de Enrique Shaw – www.biobiochile.cl)
El milagro reconocido por la Iglesia, ante la ausencia total de una explicación médico-científica, es la curación de Matías, un niño de cinco años que el 21 de junio de 2015, en Suipacha, fue pateado en la nuca por un caballo.
Según consta en los registros del Vaticano, el niño jugaba cerca de un corral cuando un caballo, asustado por una víbora, lanzó una patada seca, brutal, directa a la cabeza. El pequeño sufrió una lesión craneana tan grave que no había lugar a esperanza alguna. Estaba clínicamente muerto. No obstante, los padres insistieron: “Hagan todo lo que sea necesario”.
El padre del chico se encomendó a Shaw, cuya causa de beatificación ya avanzaba entonces lentamente en los despachos de la Santa Sede, y pronunció una frase histórica: “Yo te cambio tu santidad por la salud de mi hijo”.
Una tía de Matías, diseñadora gráfica, creó una estampita casera del empresario argentino, por entonces declarado “venerable”. Decía abajo: “Que sea tu milagro”. La imagen circuló en las redes sociales y en los pasillos del hospital, donde enfermeros y médicos, que desconocían la historia de Shaw, se plegaron a la cadena de oración que llegó a unir a miles de personas en numerosos países.
Cinco cirugías cerebrales para drenar líquido por una hipertensión intracraneana que no cedía. Procedimientos menores, monitoreos constantes. Nada funcionó en los 45 días de internación del menor. Sin otra alternativa, los médicos decidieron implantar una válvula de drenaje permanente en el cerebro.
Minutos antes de entrar al quirófano, el cirujano realizó una verificación final de rutina. Y ahí pasó lo que la medicina aún no puede explicar científicamente: el líquido empezó a drenar solo, la presión intracraneana se normalizó de manera espontánea y la válvula ya no era necesaria.
Matías es hoy un adolescente que vive sin secuelas y lleva una vida normal, gracias al milagro del futuro beato Enrique Shaw.
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