«Quiero vivir en un país tranquilo, educado, respetuoso como Jorge Taiana; dirigido por gente calificada, austera y honesta como él, con sus convicciones y su templanza», me escribió un gran amigo hace un par de días.
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Un rato antes, me había mandado esto:
La cosa se me viene acumulando desde hace tiempo, pero en estos últimos días me asaltó un sentimiento de hartazgo supino. Argentina se volvió un país invivible. Y no por nuestra culpa. “Nuestra” refiere a un “nosotros”, y “nosotros” somos todos los argentinos y las argentinas de bien, pero de bien de verdad (o sea, la inmensa mayoría): no odiamos (porque gracias a Dios, no sabemos odiar), tenemos sentimientos humanistas, queremos a la Patria, la conocemos, conocemos su historia (oficial y no oficial), vivimos una y mil crisis y seguimos tirando del carro, vivenciamos en democracia algunos gobiernos bastante buenos y muchos gobiernos dañinos, impresentables… Pero esto ya es demasiado. Un demasiado con altísimos intereses.
La ultraderecha rompe todo lo que toca. En todo el mundo y en todo momento. Si no, peguémosle una mirada a la ultraderecha del siglo XX.
Resulta que tras la pandemia, lamentablemente se cumplió la profecía de los más pesimistas (¿o habría que llamarlos realistas?). ¿Te acordás de aquella frase/deseo “de la pandemia saldremos mejores”?
¿Qué ilusos, no? Es que nos “desideologizamos” por un minuto y nos olvidamos de que el capitalismo salvaje siempre se las rebusca para darle vuelta a la cosa y hacerla jugar a su favor. Muchos creían que la pandemia podía significar el final del capitalismo salvaje, del neoliberalismo… Craso error. Captaron al vuelo el malestar profundo de mucha gente y lo convirtieron en odio y hasta en tolerancia a la crueldad. Y así, universalizaron la extrema derecha para seguir sobreviviendo.
Y la derecha extrema es eso, extrema. La derecha neoliberal, en Argentina, a causa del grado de conciencia social y política que campeaba a sus anchas en la sociedad hasta mediados de los ‘70 por culpa del maldito peronismo, tuvo que recurrir a una de las más sangrientas dictaduras de la historia de América Latina para imponer sus ideas. Y así, desde marzo del 76 impusieron a sangre y fuego una economía de valorización financiera (timba o bicicleta, como le dicen en el barrio) para reemplazar a la economía con matriz industrial que tanto había costado construir, e impusieron una concentración de la riqueza brutal.
En 1974, la renta se repartía 50 y 50 entre Trabajo y Capital. A fines de 1983, los trabajadores habían perdido el 40% de su poder adquisitivo y el empleo (pleno empleo en el 74) se había reducido un 26% ya en 1980. La desigualdad social era la menor de la historia argentina antes de Videla, Martínez de Hoz y Cía. (índice de Gini de 0.36); para el 2002, tras los tristemente célebres 90 y la megacrisis del 2001, alcanzó un pornográfico 0.53 (el mayor de nuestra historia); bajó hasta 0.39 a finales del 2015 (el segundo menor de la serie), y en 2024 se disparó hasta 0.46 (datos del Banco Mundial).
Cabe aclarar que en una escala que va de 0 (igualdad social absoluta) a 1 (desigualdad social extrema), una diferencia de 0,01 “es un montón”, como se dice ahora.
Entonces, de aquella Argentina industrial y equitativa de 1974 pasamos a otra donde el 50% de la población de menos recursos apenas acumula el 4% de la riqueza del país y el 10% más rico concentra el 59% de la riqueza nacional (CELAG).
Y para colmo, con un presidente y cía. al que se les juntan el escándalo LIBRA (con causa judicial en EEUU incluida); las coimas con los medicamentos para los discapacitados (al mismo tiempo que vaciaron la Agencia Nacional de Discapacidad); los sobreprecios en el PAMI (a la vez que 6 millones de jubilados y jubiladas tienen que vivir con 300 mil y pico de pesos por mes, sin remedios accesibles y reprimidos por las fuerzas de seguridad si se atreven a protestar… fuerzas de seguridad como la Gendarmería, que en lugar de cuidar las fronteras para que los narcofemicidas no se escapen caminando del país se destinan a apalear a los abuelos y abuelas de la vida ); curros varios con obras sociales que quedaron en segundo plano tapados por los grandes curros en otros rubros.
Un primer candidato a diputado nacional por la mayor provincia argentina con vínculos demostrados, por la Justicia de Texas, con el narcotráfico; una narcodiputada en representación de Río Negro; varias legisladoras y legisladores que padecen analfabetismo funcional; candidatos impresentables en la lista que se mire (una conductora de un programa de perritos es la segunda de Espert en territorio bonaerense y una delirante millonaria que realiza “prácticas esotéricas, como constelar autos para repararlos” es la postulante por Córdoba).
El mismo presidente que desfinancia a la educación pública (con especial énfasis en la Universidad y en las escuelas técnicas), la salud pública (con el Hospital Garrahan como emblema de un vaciamiento generalizado) y que ha puesto a la prestigiosa ciencia argentina al borde de la inanición.
El mismo que provocó el cierre de más de 16.000 pymes en un año y medio y que destruyó más de 236.000 puestos de trabajo registrados en el mismo periodo (CEPA). El mismo que sostiene a capa y espada a un ministro de Economía que, entre la presidencia de Macri y la suya, ya acumuló una deuda -solo con el FMI- de 64.000 millones de dólares (CELAG, en base al FMI). Y sin embargo, se fueron a arrastrar ante el presidente de los EEUU para pedirle más plata, en este caso del Tesoro de ese país, para seguir manteniendo la timba financiera, único plan de gobierno de la extrema derecha.
¿Y a cambio de endeudarnos hasta el infinito y más allá con el mismísimo Tesoro yanqui? Lo que quiera el Tío Sam: base militar en Tierra del Fuego (a medio paso de Malvinas y la Antártida), nuestro plan nuclear (súper prestigioso a nivel mundial), litio, gas, minerales raros, petróleo, anulación de relaciones económicas con China, reforma previsional y laboral, y hasta el dictado de políticas tan pero tan domésticas como los impuestos a las exportaciones de la agroganadería. Y el 14 de octubre, el presidente viaja de nuevo a EEUU (¿?).
Están humillando a la Patria, y a todas y todos los que la conocemos y queremos de verdad. Son incapaces, son corruptos, son cipayos. Dan vergüenza ajena. Y todo ello (y mucho, mucho más… lo que pasa es que no entra todo en este espacio) le quitó el dinero de los bolsillos a la gente -el 80% no llega a fin de mes- y, sobre todo, el futuro a los jóvenes: ya pocos votan porque se sienten engañados, defraudados, decepcionados, deprimidos…
¡Y ojo que eso no es un “daño colateral” sino, precisamente, lo que buscan! Que nadie crea, que nadie sueñe, que nadie empuje, que nadie quiera. Y si cada vez queremos menos, cada vez tenemos menos; y queremos menos y tenemos menos; y así… ¿hasta que no tengamos nada? ¿O vamos a «arrancar el problema de raíz» como propone la banda mexicana Molotov? ¿Ya basta no? Porque no se pasaron tres pueblos como dicen los gallegos, sino que directamente nos están llevando sin escalas y a la velocidad de la luz al fondo del abismo.
Ya lo dijo Molotov…
Hay que arrancar el problema de raíz
Y cambiar al gobierno de nuestro país
Yo por eso me quejo y me quejo
Porque aquí es donde vivo
Y ya no soy un pendejo
¿Qué no ‘wachas’ los puestos del gobierno?
Hay personas, que se están enriqueciendo
Gente que vive en la pobreza
Nadie hace nada porque a nadie le interesa
Es la gente de arriba, te detesta
Hay más gente que quiere que caigan sus cabezas
Si le das más poder al poder
Más duro te van a venir a coger
Porque somos más, jalamos más parejo
¿Por qué estar siguiendo a una bola de pendejos?
Que nos llevan por donde les conviene
Y es nuestro sudor lo que los mantiene
Los mantiene comiendo pan caliente
Ese pan, es el pan de nuestra gente…
Recuperemos el pan de nuestra gente. En todo sentido. De una vez y para siempre.

















































































