Por Horacio Micucci
Se cumplen 80 años de una histórica pueblada que conmovió al país y permitió que saliera a la luz la existencia de vastos sectores obreros y populares en la historia argentina. En ella se reafirmó el camino de las “puebladas” que en épocas del gran auge de los 60 protagonizaron los obreros y el pueblo argentino en el histórico Cordobazo de mayo de 1969 y, ya en el siglo XXI, con el Argentinazo del 19 y 20 de diciembre de 2001. Y que, a su vez, estuvieron rodeados, antes y después, de puebladas similares: el Rosariazo, el Correntinazo (precediendo al Cordobazo), el poco conocido Rocazo, en el que el pueblo de General Roca -organizado en una multisectorial- declaró reasumir su soberanía hacia los fines de la dictadura del general Lanusse en 1972. O, más tarde, en los años 90 del menemato, el Santiagueñazo.
Digo “se reafirmó” porque, si nos hundimos en la historia argentina, el camino de la independencia nacional y de la búsqueda de una democracia grande encuentra raíces en 1806 y 1807, donde fuimos capaces de enfrentar y vencer a uno de los ejércitos más poderosos de la época, y ese paso fue indispensable para llegar al 25 de mayo de 1810 y a la declaración de la independencia en 1816.
El camino de las puebladas y el protagonismo del pueblo fueron esenciales para avanzar y aproximar a la búsqueda de caminos para hacer realidad una Argentina Independiente de toda dominación extranjera, como reza el Acta de nuestra Independencia.
El camino de la independencia nacional y de la búsqueda de una democracia grande encuentra raíces en 1806 y 1807
Desde las calles a las urnas
Esos estallidos de bronca popular fueron el paso previo a logros posteriores, y no al revés.
El 17 de octubre de 1945 fue el paso necesario que posibilitó el triunfo eleccionario de febrero de 1946 y la aplicación posterior del Primer Plan Quinquenal, que debiéramos estar considerando hoy con el fin de plantear un Programa para aproximar a un camino de independencia, estableciendo puntos mínimos que permitan paliar de inmediato los indecibles dolores que están sufriendo los sectores populares de la ciudad y del campo: obreros y otros asalariados, jubilados, desocupados, campesinos (pobres, medios y aún aquellos que explotaban mano de obra asalariada y que se ven obligados a abandonar o arrendar los campos en los que producían), cooperativas y mutuales, intelectuales, científicos, docentes, personal sanitario, PYMES, empresarios verdaderamente nacionales, comerciantes de cercanía urbanos y rurales que son los que abastecen a los sectores del pueblo, etc.. Y también, debe decirse, de sectores militares disconformes con la línea de entrega e indefensión nacional y que son la expresión actual de los generales Mosconi y Baldrich, de los militares legalistas como los tenientes coroneles Pomar y Catáneo que se opusieron al golpe de 1930. O como el teniente coronel Philippeaux, al que conocimos y que fue parte del movimiento del General Valle para restituir al gobierno constitucional derrocado en 1955.
Debiéramos estar considerando hoy el Primer Plan Quiquenal con el fin de plantear un Programa para aproximar a un camino de independencia, estableciendo puntos mínimos que permitan paliar de inmediato los indecibles dolores que están sufriendo los sectores populares de la ciudad y del campo
Los perjudicados por la política del gobierno son muchos, como se ha visto en el reciente negociado del gobierno que permitió a las cerealeras embolsarse alrededor de 1.800 millones de dólares en dos días, a costa de todos los productores del campo. Esto es importante en momentos en que el gobierno de Milei avanza en acuerdos con el gobierno de Trump que pueden cristalizar en cesiones expresas de parte de nuestros derechos soberanos. Esto nos obliga a plantearnos la siguiente pregunta: ¿Podrá este gobierno avanzar en concretar ciertos rasgos distintivos que, de hecho, nos arrimarían objetivamente a la condición de un país semicolonial?
Vivimos en un mundo donde un puñado de potencias (y bloques de ellas en formación) se disputan, como un botín, el patrimonio de nuestros pueblos, países y naciones, en guerras comerciales y focos bélicos que nos llevan a una Tercera Guerra Mundial, tal cual adelantó Francisco. Es necesario el protagonismo del pueblo para avanzar en caminos de independencia y defensa de los derechos populares y democráticos conquistados, y en una política de no alineación y autodeterminación de los países. Pero, también, para impedir la entrega de nuestro patrimonio nacional y que partes de nuestros derechos soberanos sean cercenados.
En 1945
En 1945, con el crecimiento industrial se incorporaron a las fábricas cientos de miles de obreros rurales y campesinos pobres provenientes de las zonas más oprimidas de la Argentina y de países vecinos. Se incorporaban a las fábricas trayendo su experiencia de hambre, trabajo de sol a sol y prepotencia de patrones y capataces. Pero también traían su historia de rebelión, de luchas contra la opresión latifundista e imperialista. La clase obrera creció en organización y fuerza, de 80.000 obreros sindicalizados en 1943 se pasó a 500.000 en 1945. Desde la secretaría de Trabajo y Previsión el coronel Perón fue estructurando una organización sindical fuerte. Perón levantó la bandera de la justicia social logrando que por decreto el gobierno otorgara mejoras sociales a los trabajadores. Conquistas por las que el movimiento obrero había protagonizado heroicas luchas durante décadas, con mucha sangre derramada.

La secretaría de Trabajo y Previsión fue impulsora, de hecho, de la conformación de comités de apoyo a Perón en todo el país. Junto con esto Perón se dirigía a los peones rurales y a los pobres del campo diciendo: “el problema argentino está en la tierra” que “no debe ser un bien de renta, sino un bien de trabajo”. Tema a tener en cuenta hoy, en que el campesino productor paga arrendamientos que llegan a la mitad de sus ingresos brutos y se le paga por sus productos hasta diez veces menos del precio que se abona por ellos en las ciudades. Y en que el 1% de las explotaciones más grandes controla el 36% de la superficie agrícola. En la Argentina actual, el 80% de la superficie de tierra rural extranjerizada es del 1,35% (270) de los propietarios (alrededor de 20.000) extranjeros de tierras rurales y 27 titulares extranjeros (el 0,14% de ellos) tienen propiedades comprendidas entre 100.000 a 1.000.000 de ha. y representan (ellos solos) el 37% de la tierra extranjerizada. La Reforma Agraria no es sólo una reivindicación campesina. Es un tema de soberanía territorial y de defensa nacional. Javier Milei derogó la Ley de Tierras y eliminó por decreto el límite para que los extranjeros compren miles de hectáreas de suelo argentino en cualquier lugar del país.
¿Podrá este gobierno avanzar en concretar ciertos rasgos distintivos que, de hecho, nos arrimarían objetivamente a la condición de un país semicolonial?
En ese año 1945, con una política dirigida a la clase obrera en ascenso y a los pobres del campo, con el avance de los sectores nacionalistas de las Fuerzas Armadas y con el apoyo de un sector de la intelectualidad, de profesionales, de empresarios antingleses y antiyanquis, fue cambiando el escenario político nacional. A su vez, la presión internacional y nacional llevó el 26 de enero de 1944 a romper relaciones con los países del Eje nazifascista, cayó Ramírez, asumió la presidencia el general Farrell y en febrero Perón fue designado ministro de Guerra.
El empresariado nacional (principalmente industrial) fue acumulando fuerzas y pasó a disputar la hegemonía a los sectores oligárquicos-imperialistas. Estos últimos pasaron a jugar abiertamente para sacar del medio al coronel Perón con el apoyo abierto del nuevo embajador de Estados Unidos, Spruille Braden. De la misma manera en que hoy, Trump y su banda, el embajador yanqui designado Lamela y verdaderos delegados interventores, como Scott Bessent, Barry Bennet y otros, tienen injerencia decisoria en la política del gobierno de Milei (aún en la electoral).
No me detendré en los detalles que llevaron a la detención del entonces coronel Perón. Pero en esa circunstancia, entre los trabajadores se afirmó la conciencia de que la ofensiva contra Perón, y luego su arresto, abriría paso a la instalación de un gobierno de la oligarquía, de los “galeritas” (como los yrigoyenistas llamaban a los radicales que colaboraron con el golpe de 1930 y con los conservadores en la Década Infame del Fraude, la entrega, el Pacto Roca Runciman, y el negociado de las carnes denunciado por Lisandro de la Torre), y con ello a la pérdida de las conquistas salariales, el aguinaldo y otras, como la jubilación, los convenios colectivos de trabajo, las vacaciones pagas, la rebaja y congelación de los alquileres y arrendamientos y el Estatuto del Peón. Como se ve, la aniquilación de los derechos sociales es una aspiración desde siempre de gobiernos oligárquicos de sumisión nacional como el de Milei, y variantes anteriores, apoyado siempre por aspirantes a ser recambios posteriores o conciliadores genuflexos.
Un sector nacionalista del ejército, de las Fuerzas Armadas y de seguridad buscaba reagruparse para contragolpear. A favor o en contra de Perón pasaría a ser la división de aguas en la sociedad argentina. El 15 de octubre la FOTIA declaró en Tucumán la huelga general, esa misma noche hicieron lo mismo algunos sindicatos en Rosario centrando en la libertad de Perón.
Millares de personas, hombres, mujeres y niños se encolumnaban hacia Buenos Aires vivando al coronel Perón. A media mañana, las columnas obreras provenientes de Avellaneda, Lanús y Berisso marchaban hacia Plaza de Mayo cruzando por cualquier medio posible el Riachuelo, incluso a nado. A ellas se sumaban los trabajadores de las fábricas de la Boca, Barracas, Patricios y de barrios populares del oeste
Presionada por la enorme agitación de las bases obreras y los dirigentes intermedios, el 16 de octubre la CGT declaró el paro general para el día 18, en defensa de las conquistas sociales, sin plantear la libertad de Perón. La huelga se decidió en medio de una intensa polémica: parte importante de los dirigentes sindicales ya se habían vinculado estrechamente con la secretaría de Trabajo y con el coronel Perón, y con ese apoyo habían avanzado en desplazar a dirigentes opuestos a él. Del otro lado los dirigentes enrolados en los partidos Comunista, UCR y Socialista que, identificando a Perón con el nazismo, coincidían con la embajada yanqui y con las fuerzas oligárquicas en reclamar su destitución.
Pero los paros que iban realizando algunos gremios, la efervescencia existente y el accionar de los activistas de los días previos, hicieron que una cantidad de sindicatos en el Gran Buenos Aires declararan por su cuenta la huelga general pasando por encima de la dirección de la CGT. La huelga y la puesta en movimiento de los obreros se inició el 17 a primera hora. Columnas de trabajadores de Berisso y de Ensenada marcharon juntas a La Plata, encabezadas por Cipriano Reyes y sectores militares como el que expresaba el coronel Mercante. Piquetes de obreros paralizaron los tranvías, apedreando el Jockey Club y la representación del diario oligárquico La Prensa.
La huelga se generalizó. Desde La Plata, nutridos contingentes viajaron a Buenos Aires, juntándose en el acceso con los del frigorífico Anglo de Avellaneda y otros contingentes obreros. En los ferrocarriles el paro era casi total.
Millares de personas, hombres, mujeres y niños se encolumnaban hacia Buenos Aires vivando al coronel Perón. A media mañana, las columnas obreras provenientes de Avellaneda, Lanús y Berisso marchaban hacia Plaza de Mayo cruzando por cualquier medio posible el Riachuelo, incluso a nado. A ellas se sumaban los trabajadores de las fábricas de la Boca, Barracas, Patricios y de barrios populares del oeste.
El aparato del Estado estaba partido; una parte del ejército y la policía apoyaba a Perón, otra parte quedó neutralizada, y el sector antiperonista fue desbordado por la movilización obrera y popular. La “pueblada” en marcha alentó a los militares de la corriente nacionalista. Los coroneles Velazco y Molina coparon el Departamento Central de Policía y otros oficiales peronistas tomaron el Regimiento 3 de Infantería, mientras era neutralizado y se rendía el sector intermedio, representado por la jefatura de Campo de Mayo (guarnición decisiva en el desenlace de los acontecimientos). El almirante Vernengo Lima intentó sublevar a la Marina para desatar la represión, pero se vio aislado política y militarmente. Entrada ya la noche, el coronel Perón debió ser liberado y presentado en los balcones de la Rosada ante una multitud que lo aclamaba. El presidente Farrell anunció la aceptación de los reclamos.
Conclusiones para el presente
La pueblada del 17 de octubre de 1945 no solo abrió paso al triunfo del proyecto nacionalista y reformista que encarnaba el peronismo. También reafirmó el camino de las “puebladas” y el de la Revolución de Mayo. Un camino por el que el pueblo argentino puede recuperar sus conquistas históricas y aproximar a soluciones que resuelvan, ya mismo, sus padecimientos actuales e impidan la cristalización de avances que profundizan la sumisión nacional, como los que intentan este gobierno y sus beneficiarios, en sociedad con Trump, los ingleses y sus aliados, con el peligro de implicarnos en el envío de tropas al Medio Oriente involucrándonos directamente en ese conflicto, como ha sugerido en los medios el analista Rosendo Fraga.

















































































