La Ley de Educación Común 1.420 se puso en práctica en 1884. Estuvo basada en las ideas de Domingo Faustino Sarmiento y fue el puntapié inicial de una escuela pública de excelencia que, hasta marzo de 1976, distinguió a la Argentina de entre todos los países latinoamericanos, e incluso la colocó por encima de muchas naciones desarrolladas. El 26 de diciembre de 2025, al largo proceso de destrucción de ese orgullo nacional, gobernadores y senadores votados por el pueblo le pusieron el moño… ¿para siempre?
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A finales de junio de 2017, cuando promediaba mi octavo año como encargado de Educación en el diario El Día de La Plata, un consejero escolar del Frente Renovador me invitó a visitar una escuela de la periferia platense. Estaba indignado y quería que la viese con mis propios ojos (vale aclarar que a los periodistas no nos permitían ingresar a las escuelas, así como a las maestras y directoras no les permitían hablar con los periodistas…pero por suerte, no todos y todas eran tan obedientes).
Bajamos a media cuadra en una barriada muy vulnerable (¿o vulnerada?). Calle de tierra en mal estado. La fachada de la escuela ya avisaba lo que uno podría encontrar dentro del edificio: paredes que pedían pintura a gritos, grafitis a granel, puertas enrejadas y oxidadas, etc. Demás está decir que no había veredas, sí en cambio altos pastizales, y justo frente al edificio un terreno baldío con un alambrado roto y, extrañamente, el pasto cortado (ya veremos porqué).
Se trataba de una escuela donde funcionaba el nivel primario en planta baja y el secundario básico en un entrepiso: no había, en rigor, planta alta. Ni bien pasamos por la puerta principal, a la derecha había un aula de primaria. La puerta, de metal barato, estaba rota y no cerraba. «Me resulta imposible dar clases; la cierro con alguna caja pero sigue entreabierta, entran todos los ruidos y los alumnos se distraen todo el tiempo», describió la maestra. En ese momento, los chicos no estaban; tenían educación física.
Las paredes descascaradas, el pizarrón roto, los pupitres en pésimo estado. Pocos pupitres…
– ¿Tiene poquitos alumnos?
– No. Más de treinta. Los pupitres no alcanzan. Pedimos mil veces, y nada. Tenemos que traer de otras aulas, aunque igual no alcanzan. Entonces algunos se sientan de a dos o en mi escritorio. Es un desastre. Imposible dar clases así. Estamos pensando en que vengan mitad y mitad, día por medio, pero no nos van a dejar.
El hall central, que al mediodía se convertía en un improvisado comedor escolar con tablones y caballetes que estaban apilados sobre una pared (descascarada, por supuesto), tenía el piso en muy malas condiciones, al igual que el patio al que se accedía desde allí. Todo era sumamente deprimente, angustiante (me animaría a decir surrealista, pero lamentablemente hacía tiempo que veía edificios escolares deteriorados…no tanto, pero muy deteriorados; tan distintos a aquellas escuelas donde nuestra generación hizo la primaria en los años 1970, 71, 72, 73, 74…).
Fuimos a ver la secundaria. Al fondo del hall central había una peligrosa escalera que lo despositaba a uno en una largo pasillo de un metro de ancho, más o menos. A la derecha había tres aulas. Estaban en clases. Desde el pasillo y a través de los vidrios de las puertas se podía ver el calamitoso estado de esos salones. Sin exagerar, como la foto que sigue…

A la izquierda del pasillo había una baranda desde la cual se podía ver la planta baja, a la altura del hall central (por eso hablé de un entrepiso). Al final del pasillo se adivinaba un saloncito muy pequeño, donde me dieron una de las mejores clases de mi vida. Pero antes hay que decir que ni bien uno terminaba de subir la escalera se topaba con una cocina armada a los ponchazos. Allí, dos mujeres hacían lo imposible para darle de comer a los chicos y chicas.
– ¿Comen abajo? ¿En el hall central?
– No, no pueden mezclarse con los de primaria. Comen en el aula. Y pueden adivinar qué van a comer porque se siente el olor de la comida cada vez que abren la puerta -dijo una de las cocineras.

Llegamos al pequeñísimo salón que estaba al fondo del pasillo, el cual hacía las veces de dirección, vicedirección, secretaría y un largo etcétera. Cajas y cajas apiladas, expedientes por aquí y por allá, un par de escritorios diminutos y una ventanita ínfima que daba a la calle.
El 25 de junio de 2017 publiqué una nota titulada «Cuando las maestras se ponen la escuela al hombro y enseñan en condiciones imposibles», que empezaba con, como dije, la mejor lección que recibí en una escuela en toda la vida: una mujer de unos ¿40? años se sentó y se presentó como la secretaria; su lenguaje corporal y su rostro transmitían agobio.
– A mí me da vergüenza recibir a los chicos cada mañana – lanzó sin rodeos.
– ¿Por qué?
– ¿Se fijaron cómo viven? -preguntó, en referencia a la pobreza del barrio-. Bueno, un edificio en estas condiciones es una extensión de esa precariedad, por lo cual es imposible que vean a la escuela como un lugar desde el cual mejorar su vida -FIN.
Si votaron a conciencia, ¿a los diputados y los senadores cómo habría que llamarlos?
Viernes 26 de diciembre de 2025. La TV muestra un indignanate caso de gatillo fácil en el barrio porteño de Lugano. Además, un hombre de otro lugar mató a su vecino porque le molestaba la música. Repiten una y otra y otra vez las imágenes. Morbo. Eso vende, parece. Cero análisis social. A la pasada, la votación del presupuesto 2026 en el Senado, donde la ultraderecha, con el apoyo de 10 de los 13 radicales (sólo se «retobaron» Flavio Fama, Maximiliano Abad y Daniel Kronenberger), y de los peronistas Guillermo Andrada (Catamarca), Carolina Moisés (Jujuy) y Sandra Mendoza (Tucumán), que escupieron sobre las 8.000 escuelas que se construyeron a lo largo y ancho del país entre 1946 y 1955 y sobre las 2.128 que se edificaron entre 2003 y 2014, apretaron el botón para decirle sí al mayor ajuste en educación básica, educación técnica, universidades y ciencia y tecnología del que se tenga recuerdo.
Si al mega ajuste en educación y ciencia que aprobó el Congreso de la Nación se lo proyecta a futuro, la escuela pública argentina que supo ser el faro de Latinoamérica y de varios países desarrollados desde 1884 hasta 1976 -y que trató de recuperarse entre 2003 y 2015- quedará reducida a un lugar que no mejorará la vida de los niños, niñas y adolescentes, y ya se los avisará desde la puerta de entrada, como aquel edificio escolar de la periferia platense que tuve oportunidad de recorrer en junio de 2017.
¡Ahhh! En el terreno baldío que estaba frente a esa escuela, el pasto no estaba tan alto porque allí hacían educación física los estudiantes; alguna que otra vez hubo un accidente con una piedra, pedazo de vidrio o jeringuilla, nos contó la secretaria.
El Presupuesto 2026 presentado por el Poder Ejecutivo Nacional y aprobado por el Congreso mantiene en valores históricos mínimos la participación del rubro Educación dentro del PBI: por tercer año consecutivo, los fondos para educación quedarán por debajo del 1%, algo que no había ocurrido al menos en la última década

Las vueltas de la historia
El actual gobierno y sus cómplices son tan cínicos y crueles que han logrado una unidad impensada hace no tanto tiempo: la de Sarmiento -que inspiró la ley 1.420/1884 que estableció las bases del sistema educativo nacional al crear la educación primaria obligatoria, gratuita y laica para todos los niños y niñas de 6 a 14 años-, con Perón -que materializó la universalidad de esa ley al crear la friolera de 8.000 edificios escolares, una marca única por lejos en la historia argentina, y al promover las escuelas talleres (antecedentes de las escuelas técnicas) y la Universidad Obrera Nacional (antecedente de la UTN)-, con Illia, quien durante su presidencia le otorgó al capítulo educativo el ¡23 por ciento! del presupuesto en 1966, con Cristina Kirchner, única que cumplió la meta contemplada en la Ley de Educación Nacional 26.206/2006 de destinar un 6% del PBI a Educación (Chequeado.com).

Esto votó el Congreso Nacional
El artículo 30 del presupuesto 2026 elimina conquistas estratégicas para el desarrollo nacional:
- La garantía del 6% del PBI para educación prevista en la Ley de Educación Nacional (ahora será del 1% o menos).
- La inversión progresiva en Ciencia y Tecnología hasta alcanzar el 1% del PBI.
- El Fondo Nacional para Escuelas Técnicas.
- La inversión programada en defensa nacional (FONDEF).

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