El lunes 19 de septiembre del 2005, un grupo de profesores de música entró a la Escuela Primaria Nº 25 del populoso y humilde barrio berissense de El Carmen. Las maestras les habían avisado a sus alumnos y alumnas que, quienes quisieran, podían ir a escucharlos al hall de entrada. La idea era formar una orquesta. Muchos niños y niñas se entusiasmaron con una batería, una guitarra eléctrica quizás. No. Un violín, una viola, un violonchelo, una flauta traversa. La inmensa mayoría no conocía los nombres de esos instrumentos ni su sonido.
¿Se desilusionaron? Todo lo contrario. Quedaron fascinados. Una veintena se anotó para tomar clases. Nadie lo sabía, pero acababa de nacer el más maravilloso e inclusivo proyecto educativo que en décadas conoció nuestra región: la Orquesta Escuela de Berisso.
El 19 de septiembre de 2025 cumplió 20 años con más de 600 alumnos de 5 a 22, dieciséis centros formativos y un currículum vitae que incluye viajes y presentaciones por el país y el extranjero; performances junto a los más destacados músicos nacionales; muchos premios; niños, adolescentes y jóvenes que han llegado a la Universidad, que han ganado becas para perfeccionarse en Europa y Estados Unidos, que se han incorporado a prestigiosas orquestas sinfónicas. Y quizás lo más importante: todos ellos siguen unidos a la orquesta como docentes de los más pequeños.


Intervención «virtual» de integrantes del Coro Juvenil
Brian Montoya era uno de esos niños de El Carmen. “Estaba en sexto grado. Me encantó lo que vi y escuché y me anoté en flauta traversa, aunque en realidad no conocía ningún instrumento”, le contó a este cronista. Brian estudió la licenciatura en Música Sinfónica y de Cámara en la Universidad Nacional de Lanús, da clases a los más pequeños y es co-coordinador de la orquesta, mano derecha de uno de sus creadores, el enorme Juan Carlos Herrero.
Inclusión, inclusión, inclusión… Casi a diario y en los más diversos ámbitos escuchamos esta palabra. Pero, ¿cuántas veces, lamentablemente, es cáscara vacía? “Yo definiría a la orquesta escuela como el proyecto educativo donde la inclusión pasó del discurso a la realidad efectiva”, subrayó hace un año, con una marcada capacidad de síntesis, la hoy exsecretaria de la OE, Cecilia Palazzo.


Por una cabeza (Camerata de cuerdas de la Orquesta Escuela de Berisso)
Nos contó hace años Juan Carlos Herrero que a los niños y niñas, desde la primera clase, se les da el instrumento. Y que no pasa mucho tiempo hasta que participan de algún concierto, aunque más no sea tocando cuatro notas… ¿Cuánto le levanta la autoestima eso a un pequeño o pequeña que vive en una barriada vulnerada? Imposible de mensurar.
Una idea nos la dan las maestras de las distintas escuelas, quienes no dejan pasar la oportunidad para contarles a los profesores (actualmente y en su mayoría, ex alumnos) que los chicos y chicas que van a la orquesta se superan muchísimo en el grado.


Lucas Vega conoció a la orquesta en la Escuela 22 de Berisso promediando sus estudios primarios. Hoy es parte de la Camerata, además de “tallerista de cuerdas altas”. Al mismo tiempo se capacitó en Método Suzuki junto a dos compañeros de ruta.
Jonathan Miranda Figueroa quería estudiar música, pero sus padres nunca tuvieron la posibilidad de mandarlo a un conservatorio. A los 18, mientras cursaba el último año en el industrial Albert Thomas, unos amigos lo invitaron a un ensayo general de la orquesta en la Primaria 25 de El Carmen. Lo que se venía para él, en ese momento ni se le cruzó por la cabeza.
“Descubrí instrumentos y sonidos que jamás había visto o escuchado”, comentó. Eligió el violonchelo. Tres años más tarde dio el examen para ingresar a la carrera de Música de Cámara en la Universidad Nacional de Lanús. Aprobó. ¿Después? ¡Qué importa el después, si fue becado para tomar clases magistrales en el International Cello Institute de Minnesota (EEUU); para estudiar en el Mozarteum Argentino, que funciona en el Teatro Colón, con el maestro José Araujo, solista de la Filarmónica de Buenos Aires; si fue invitado a perfeccionarse en Europa! ¿Actualmente? Sí, es profesor en la OE mientras sigue con su carrera.
Orquesta Escuela, el proyecto que convirtió a la «inclusión» y a la «educación de calidad» en una realidad diaria
La violista Candela Gómez, por caso, concursó en su momento para llegar a un lugar que en el universo de la música es algo similar a tocar el cielo con las manos: un cargo permanente en la Orquesta Estable del Teatro Argentino. Es la misma Candela que, en épocas de pandemia muy fiera, conducía las presentaciones virtuales que realizaban los alumnos y alumnas desde sus casas. Porque, hay que subrayarlo, el coronavirus complicó a todo el mundo y la OE no fue la excepción, pero la garra que pusieron todos para conseguirle un instrumento a cada niño y para continuar con las clases y los recitales vía Internet, fue un fiel reflejo de la vocación y el sentido de pertenencia que subyace en cada uno de los que forman parte de este proyecto.

Azabache (Formación Inicial de la Orquesta Escuela)
Tangos (Formación Inicial de la Orquesta Escuela)
A sus 5 años, Evelyn Ruarte iba al Jardín de Infantes 904 del Barrio Obrero de Berisso. ¿Y un día qué pasó? ¡Claro que sí! Entraron unos profesores con instrumentos musicales. Siete años más tarde, Eve rió al comentar que no recordaba muy bien lo que hicieron esos profesores, pero lo que jamás olvidó fue que quedó maravillada con el sonido del violín. En septiembre de 2019 fue elegida entre todas las orquestas escuela del país -junto con Pilar, otra niña de 12 años oriunda de Lanús- para tocar en el Teatro Colón el “Concierto para dos violines y cuerdas” de Antonio Vivaldi. Debajo del escenario había más de 3 mil personas. Las ovacionaron de pie.

Estos casos se dan. Hay chicos y chicas que sobresalen. Y en la OE se los impulsa y acompaña. Pero representan apenas la punta del iceberg. Un iceberg de más de 600 alumnos y alumnas desde jardín de infantes hasta el nivel terciario y universitario a quienes, en mayor o menor medida, literalmente les cambió la vida.
No fueron pocos los que contaron que la experiencia les dio el empujón que les faltaba para seguir estudiando, algo que antes de pasar por la orquesta no estaba en sus planes.


Si la llegada de un violín, una viola o un cello a una escuela pública ha elevado a miles de niños y niñas, ¿por qué no llenan los colegios de instrumentos musicales y de profesores de música, de maestros de teatro, de pinturas, pinceles, lápices, crayones y miles de hojas en blanco, de talleres, de computadoras, de mucho espacio y mucha luz, de narradoras de cuentos? Que se lea mucho, se escriba más, se provoque la imaginación de los chicos y chicas… ¡Cuánto para hacer! En Berisso, un pequeño grupo de profesores y músicos marcó el camino hace 20 años. Será cuestión de seguirlo
El sueño (cumplido) de vivir de la música
En su 20º aniversario, la Orquesta Escuela puede decir con enorme orgullo que más del 10% de los chicos y chicas trabajan como músicos y/o docentes de música, cifra que va in crescendo.
Cuando este medio habló con una veintena de adolescentes y jóvenes que pertenecen a ese grupo, la violista Milagros Rosalía Victoria Formigo Ojea, quien a sus 20 y monedas trabaja como docente de violín y viola en tres orquestas, contó que ingresó a la OEB a los 9 años: “Mi mamá era docente de la Escuela 25, donde funcionaba la orquesta, y nos mandó a probar a mi hermana y a mí”. “Vivir de la música es una sensación increíble, poder hacer lo que amo y que sea mi ingreso… No imagino mi vida sin la música y sin compartir lo que sé”, expresó, sintetizando de algún modo el sentimiento general.

Al Argentino…
Son unos 40 los chicos y chicas de la Orquesta Escuela que dieron el salto a las distintas formaciones del icónico Teatro Argentino, ya sea a la Camerta Académica -lo que requiere una exigente prueba-, sea como contratadas o contratados para la Orquesta Estable, o, en el caso de la violista María Candela Gómez, como miembro fijo de esa formación, un sueño que ella cumplió a sus 21 años, allá por 2015, y que es el gran deseo de casi todos los que se dedican a la música clásica.

“Al momento de pensar en la Orquesta Escuela de Berisso y su relación con nada menos que el Teatro Argentino de La Plata, uno de los más importantes teatros de Iberoamérica, me vienen a la mente David y Goliat, el pequeño y el gigante. Claro que la analogía no es muy útil -subraya-, porque éstos fueron célebres por la lucha que entablaron el uno contra el otro, mientras que en el caso que queremos contar, el de los jóvenes que uno a uno salieron de un proyecto educativo que se desarrolla en espacios de pequeñas dimensiones, como escuelas, iglesias y clubes de los barrios más alejados, para luego integrarse en ese coloso Centro de las Artes… (hace una pequeña pausa) …Digo que la analogía no es buena porque en este caso se trata de una lucha interior de cada joven y de la lucha de toda una comunidad en pos de una superación de los límites que impone la historia y sus injusticias, que tantas veces dejan a enormes franjas populares de la población en una desigualdad tan notoria… De eso va la cosa”, sentenció el coordinador de la OEB, Juan Carlos Herrero, uno de los profesores fundacionales en aquel lejano 19 de septiembre de 2005.
Juan Carlos Herrero, coordinador de la OEB (diciembre de 2024)

De El Carmen a Ginebra
Un día, en casa de su abuela, el contrabajista Ramiro Minasso estaba mirando por TV a River, club del que es hincha fanático. El Millonario perdió. Triste, muy triste, se puso a navegar por Internet. «Buscaba precios de instrumentos, becas de estudio… No sé, necesitaba imperiosamente algo que me volviera a motivar (N. de la R: era la época de la pandemia)». Pero la cuestión es que navegando en la red de redes se encontró con la publicidad de un festival de música que se realizaba en Perpignan, Francia, y se dijo: “Voy”. Los profes y compañeros de la orquesta, además de algún organismo oficial, como el Instituto de Cultura bonaerense, aunaron esfuerzos mediante rifas, festivales y una donación para bancar la parada.
A mediados de 2022 participó del festival de Perpignan junto a chicos y chicas de los más diversos países. La propuesta incluía una semana de perfeccionamiento con profesores de alto nivel. A Ramiro le propusieron cerrar el festival (nada menos) y lo hizo tocando una obra del gran Astor Piazzolla. Su enorme capacidad quedó a la vista y lo invitaron a estudiar en el conservatorio provincial de Pau (se pronuncia Po), en el SO de Francia.

Fue solo el comienzo. Mientras vivía en casa de una familia francesa a cambio de que les enseñara música a los más pequeños, en el conservatorio le avisaron que iba a realizarse un concurso para estudiar contrabajo en la Alta Escuela de Música de Ginebra -una de las más prestigiosas del mundo- con el profesor Alberto Bocini, el Messi del contrabajo con el que todos quieren estudiar… Sí, lo que se imaginan: ¡solo había una plaza vacante! Y Ramiro la ganó.
«El cambio a Suiza fue muy difícil para él, le costó adaptarse”, contó en su momento Juan Carlos Herrero, para aclarar: “Se repuso rápido. ¿Cómo? Buscó afirmarse en sus orígenes. Esto es muy claro: de entrada tuvo clarísimo que quería armarse un grupo de tango para tener una isla donde asirse, donde tener un terreno firme. Y eso hizo; creó allá un grupo llamado Luce Tango«. Que suena más o menos así…
Bauti, a la Orquesta Estable del Argentino con 15 añitos
El 9 de marzo de 2025, Bautista Callacciani, quien con apenas 15 años había sido seleccionado para tocar con la Orquesta Estable del Argentino, cumplía 16. Y ese día fue el gran concierto.
Sí, Bauti cumplió 16 tocando por vez primera en el majestuoso Teatro Argentino como parte de su orquesta estable. No podría haberse hecho un mejor regalo a sí mismo. Aunque ese regalo se empezó a construir a muy pocas cuadras de su casa cuando Bauti era un gurrumín de siete años. “A mí me gustaba la música, pero no tocaba ningún instrumento”, contó. Pero resulta que una amiga de su mamá, que llevaba a la hija a la Orquesta Escuela, le recomendó que lo llevara a él.
Así las cosas, tras desandar unas pocas calles desde su casa de Barrio Jardín hasta El Carmen, “entré a la escuela 25 y me fueron llevando de aula en aula; en cada una había chicos y chicas ensayando con un instrumento. Hasta que yo dije: ‘ese’”. ¿Te gustó el instrumento (porque en verdad, es muy bonito) o su sonido?, fue la tonta pregunta de este cronista. “El sonido. ¡Me encantó!”, casi exclamó, para aclarar que “jamás lo había visto ni oído”. Tan tímido como apasionado por la música, tuvo más llamados para integrar la Orquesta Estable del gran coliseo platense.

De violinista a luthier
Facundo Molina creció en Villa Alba, barrio platense que linda con su par berissense de El Carmen, donde a los 6 años inició la primaria que le permitió estar entre los pioneros de una de las orquestas escuela modelo en todo el país.
“En verdad, yo me anoté en chelo porque lo seguí a mi hermano mayor; cuando uno es chico suele imitar a sus hermanos mayores”, admitió Facundo. “Con el tiempo, me incliné por el violín”, aclaró, para resaltar que la orquesta escuela le abrió las puertas de la música, de gente maravillosa, de profesores de instrumento y de la vida, y de lugares que “a mi familia le hubiera resultado muy complicado llevarnos, porque mis viejos siempre fueron trabajadores humildes. Aunque jamás nos faltó nada. Y menos aún, una buena educación y valores”, subrayó.
Pero la música en general y la OEB en particular abre tantas oportunidades que, cada año que pasa, suma tantas historias que es imposible volcar todas en un artículo. ¿Y cuál es la de Facundo? Un día se topó en el SUM de la Escuela 25 con Walter, asistente de la orquesta escuela, trabajando en un violín.
-¿Qué estás haciendo Walter?, le preguntó fascinado.
“Estaba adaptando el puente del violín”, recordó Facundo, para aclarar: “ahora lo digo en estos términos, aunque en ese momento no entendía nada. Sólo sé que quedé maravillado y que le pedí permiso para quedarme mirando”. Facundo acababa de encontrar su camino en la vida.
Comenzó a aprender el maravilloso oficio de luthier en el taller de Simón Meucci. Con el tiempo se convirtió en el luthier por excelencia de la orquesta escuela, aparte de los otros trabajos que hacía en el taller. ¿Y dónde está ahora? En Tucumán. ¿Por qué? Porque solamente en la Universidad Nacional de Tucumán se estudia a nivel universitario la Licenciatura en Luthería. Y fue por ello. Porque la orquesta escuela eleva, abre mentes y caminos… A esta altura, ya no cabe la más mínima duda de que se trata, como la definimos hace años desde 90 Líneas, de un ejemplo cabal de educación pública de (alta) calidad, desde la parte técnica y, sobre todo, humana.

La guitarra de Facu y Teté, el Ángel de la Guarda de los chicos y chicas de la orquesta
Facundo Flores Jaramillo llegó a la orquesta escuela a los «5 ó 6 años», hace unos ocho o nueve. Tocaba el ukelele. Con el tiempo pasó a la guitarra. En este 2025 integra el Ensamble de Guitarras, una de las tantas formaciones de la OEB. Un día, sus padres le pudieron comprar una guitarra eléctrica. “De chiquito, en casa, escuchaba folclore, tango, ciertas cosas de rock nacional o extranjero, como por ejemplo Queen. Mucho Mercedes Sosa, luego León Gieco … Ahora escucho muchísimo a Pappo. Me encanta. También a Jimi Hendrix”, nos comentó en junio de este año.
Así las cosas, junto a su hermano Nahuel, quien ahora se dedica de lleno a la carrera de Arquitectura en la UNLP, pero que supo incursionar en la orquesta como percusionista, y junto a otros integrantes de la OE formaron el grupo Blues a Teté, con el cual participaron en 2024 de los Juegos Bonaerenses. ¿La formación completa? Facundo (guitarra estilo stratocaster), Nahuel (batería), Sofía (bajo), Ulises (saxo tenor y saxo alto) y Lucas (voz).

¿Por qué ese nombre? “Lo hicimos en reconocimiento a Teté, por todo lo que hace por nosotros; todos la queremos mucho”, casi exclamaron.
Teté, por lo que me han contado, vendría a ser una suerte de Ángel de la Guarda de los chicos y chicas de la orquesta escuela. Si me permiten, una segunda madre para muchos. Que “siempre está”, que apoya, que ayuda, que se comprometió a tope con la orquesta y que cada sábado -días de ensayo general en la Escuela 25 de El Carmen- prepara, para un verdadero “batallón”, desayunos de lujo como los que se pueden apreciar en las siguientes fotos.
Desayunos con el sello inconfundible de Teté


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El compañerismo; el avanzar en equipo; la disciplina que requiere la música y que después se traslada, como vimos, a la escuela (y a la vida) de todos los días; el sentido de pertenencia a la orquesta y a la propia escuela; el mundo que se abre de par en par a partir de tener entre las manos un instrumento musical tan maravilloso como el violín, el cello, la flauta traversa, o uno de percusión, o la propia voz que se expresa en un coro.
Todo ello y mucho más se empieza a construir sobre sólidas bases desde el día uno, mediante el estudio musical y el imprescindible seguimiento que realizan los y las trabajadoras sociales… Porque de eso se trata: de que la escuela contenga a los niños y niñas y que los eleve. ¿O acaso no es eso la tan mentada educación pública de calidad?





















































































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