Por el Dr. César «Tato» Díaz (*)
“Porque tanto entonces como ahora, creo que el periodismo es libre o es una farsa, sin términos medios” (Rodolfo Walsh)
Mayoría y Operación masacre
En este apartado examino la revista Mayoría vinculada casi exclusivamente con Operación masacre, considerando que el primer número salió el 8 de abril de 1957 como una suerte de “continuación” de Esto Es, órgano de los Jacovella intervenido por la Revolución Libertadora en febrero de 1956, en momentos en que constituía una de las pocas publicaciones que se atrevía a interpelar al gobierno dictatorial. Por eso, Tulio y Bruno Jacovella, cansados de reclamar en vano la devolución de su revista, reincidieron en el periodismo “independiente” –como se lo denominaba en la época– editando Mayoría.
La publicación, que contaría con 32 páginas, era la más cara del mercado, con un precio de tapa de 4 pesos, además de caracterizarse por casi no contar con anuncios publicitarios, de forma que el negocio recaía exclusivamente en la venta de ejemplares (13), particularidad, esta última, que se vio resentida por las múltiples ocasiones en las que el gobierno secuestraría números que lo ponían en el banquillo de los acusados. Mayoría trabajó en pos del “voto en blanco” en la elección de Constituyentes del 28 de julio de 1957; posteriormente apoyó la fórmula Frondizi-Gómez en las elecciones presidenciales del 23 de febrero de 1958 (Díaz, 2004) (14) y terminó siendo una voz muy crítica al gobierno de Frondizi, quien clausuró al semanario en 1960.
En este punto debo retomar, aunque más no sea sucintamente, cómo se desarrollaron los primeros pasos de Walsh en La Plata una vez escuchada la frase: “hay un fusilado que vive”; rumor que inundaba la ciudad y, naturalmente, los sitios de esparcimiento. Según Roberto Ferro (entrevista del autor, 2017), quien dijo esa frase a Walsh fue Enrique Dillon (15) en el café Rivadavia, lugar que ahora está en duda conforme los testimonios de Salvatierra, para quien no se lo había vuelto a ver en ese café desde hacía seis meses. Y está en duda aunque el propio Walsh haya escrito que la escuchó allí. ¿Ficción ética de Walsh acorde con no revelar quién se lo había dicho? Lo cierto es que con el aporte –para mí– de detalles decisivos, Rodolfo inició su exploración, comentada por él en el Prólogo a Operación Masacre.
Resulta concluyente en este punto reparar en la ayuda invalorable de Enriqueta Muñiz, colega de trabajo en la editorial Hachette, que luego fue pareja del periodista. Mc Caughan (2015: 64) ha conseguido datos interesantes y verdaderamente predictivos: Enriqueta le aportaba su mirada crítica: “yo le corregía la redacción cuando traía cada capítulo desde La Plata a Buenos Aires. Creo que no tenía otra copia”. Y añade que ella le decía que algún día sería famoso, que los estudiantes aprenderían de su trabajo en las escuelas y que se filmaría una película sobre su vida; “él se reía de mis ideas –dijo- pero el tiempo me dio la razón”.
En efecto, esta periodista, a quien está dedicado el libro en diciembre de 1957, fue muy importante en la investigación, pues aportó datos fundamentales, además de acompañar diariamente a Walsh al escenario del crimen, a entrevistar a los protagonistas e, incluso, simular desmayos para conseguir a un sobreviviente decisivo para la indagación en ese momento. Ferro, en la charla que sostuvimos en 2017, me manifestó que fue Enriqueta quien le informó el dato consignado cuando afirma que “el 22 de mayo, Tulio Jacovella le entrega un adelanto de 1.000 pesos por la serie de notas; es el primer dinero que cobra por este trabajo periodístico” (Ferro, 2014).

El primer semanario que publicó información sobre la indagación efectuada por Walsh fue el órgano socialista Propósitos, dirigido por Leónidas Barletta. Lo sucedió Revolución Nacional, dirigido por Cerruti Costa. Campaña de prensa (16) que comenzó el 23 de diciembre de 1956 y culminó a fines de marzo de 1957 (Ferro, 1998). Walsh, sin embargo, no estaba conforme y se conectó a principios de mayo con Bruno Jacovella (17) –subdirector–, a quien conocía. Mayoría publicaría un reportaje a Walsh tiempo después. La introducción, de Juan Bautista Brun, reconstruía el hecho: “a mediados de 1957, una persona [Bruno Jacovella] recibió un llamado telefónico de un colega de letras: –Rodolfo quiere hablarlo por algo muy importante. Este Rodolfo había publicado unos cuatro o cinco años antes un libro de cuentos policiales, Variaciones en rojo, y esa persona, no obstante el poco crédito que asignaba al género policial, no tuvo más remedio que rendirse a la singular calidad literaria del libro y votar en favor de él para uno de los premios de literatura de la Municipalidad de Buenos Aires. Al día siguiente apareció Rodolfo. De estatura más bien baja, delgado, pálido, huidizo, Walsh habla en voz baja y ríe con risa breve. Bajo el brazo trae un grueso paquete.
“Yo le corregía la redacción cuando traía cada capítulo desde La Plata a Buenos Aires. Creo que no tenía otra copia”, contó Enriquetta Muñiz, mano derecha de Walsh en la investigación que se plasmó en el libro ‘Operación masacre’. Y añadió que ella le decía que algún día sería famoso, que los estudiantes aprenderían de su trabajo en las escuelas y que se filmaría una película sobre su vida. “Él se reía de mis ideas, pero el tiempo me dio la razón”
—Traigo algo que puede ser interesanle. Sé que usted tiene vinculaciones estrechas con el director de Mayoría y quiero ofrecerle esto. –«Esto» era una serie de artículos, con algunas fotografías, bajo el rótulo común de Operación Masacre. El ex jurado se quedó absorto–. Dígale al director –prosiguió Walsh– que ésta es la verdadera historia del caso Livraga. Algo había leído el ex jurado acerca de un hombre joven, de ese apellido, que se presentó a un juez en La Plata diciendo que había escapado a un fusilamiento en la noche del 9 al 10 de junio. Pero ignoraba los detalles. Naturalmente, todo el mundo los ignoraba, excepto Livraga, algunas otras pocas personas –unas diez o doce, todas mudas como las piedras– y Walsh. La gran prensa informativa no creyó oportuno informar sobre el hecho”.
Este último comentario no resulta irrelevante, dado que Rodolfo había especulado con la posibilidad de que las grandes redacciones se disputaran la publicación de semejante primicia, como la de los fusilamientos. Desencanto que transmitió a su amigo Donald Yates vía epistolar: “Los diarios, que en su mayoría pertenecen al gobierno, lo apoyan incondicionalmente. Hasta los diarios independientes, como La Prensa, La Nación, Clarín, se imponen una curiosa autocensura y no encuentran nunca nada malo”.
Walsh había especulado con la posibilidad de que las grandes redacciones se disputaran la publicación de semejante primicia, como la de los fusilamientos. Pero no. Transmitió su desencanto a su amigo Donald Yates vía epistolar: “Los diarios, que en su mayoría pertenecen al gobierno, lo apoyan incondicionalmente. Hasta los diarios independientes, como La Prensa, La Nación, Clarín, se imponen una curiosa autocensura y no encuentran nunca nada malo”
Ha referido Eduardo Jozami (2006: 79) una idea compartible: el encuentro de un gran escritor con un gran tema es siempre algo para celebrar. Operación Masacre es el resultado de una de esas poco frecuentes coincidencias. Con esa investigación, el autor alcanzó dos logros fundamentales que en principio no se había propuesto. En el cruce de literatura y periodismo, creó un nuevo género, el relato testimonial. Aunque muy probablemente no persiguiera otro propósito que el logro de un gran reportaje periodístico, Walsh publicó su obra mucho antes que la crítica comenzara a ocuparse de la llamada non fiction en los Estados Unidos. Probablemente, Tulio Jacovella, el director de la revista Mayoría, no pudiera presagiar los honores literarios a nivel mundial que Walsh cosecharía, pero sin duda sabía que su audacia, necesariamente, pagaría un alto costo no solo material, sino también de persecución oficial a través de la aplicación del decreto ley 4161 (18).
Un libro que no encuentra editor
De allí que, al momento de anunciar la serie de colaboraciones, la revista lo hiciera con gran expectativa periodística: “el autor del largo relato que empezamos a publicar en este número, y que se prolongará durante varios más, explica en la introducción cómo concibió la idea, mejor dicho, cómo sintió la necesidad de investigar, primero, los hechos considerados por el caso Livraga, y de publicar, después, el resultado de sus investigaciones. Lo primero pudo hacerlo; a pesar de todo, la policía no logró impedirlo. Lo segundo, no. El libro, producto de sus investigaciones, no encontró quién lo editara. Y así lo subtituló: Un libro que no encuentra editor. El lector se preguntará: ¿es serio lo que aquí se dice? Eso equivale a preguntar: ¿es serio el autor? ¿Y son ciertos los hechos que se narran? En cuanto al autor, Rodolfo J. Walsh está considerado unánimemente uno de los mejores escritores de relatos policiales en nuestra lengua. Su libro Variaciones en rojo, editado en Buenos Aires por Hachette, obtuvo el Premio de Literatura de la Municipalidad de Buenos Aires en 1953”.
A continuación, la revista se interpelaba retóricamente: “¿son ciertos los hechos que se narran? Juzgue el lector mismo a través de la irrebatible prueba anexa (19) al relato. Por nuestra parte, tan pocas dudas nos caben, que nos aventuramos a consignar un formal vaticinio: al término de esta publicación, si antes no ocurren hechos muy graves, más de un alto personaje del actual elenco gubernativo tendrá que rendir cuentas de sus actos en la noche del 9 al 10 de junio de 1956 tras las rejas de la cárcel. Lo decimos pesando muy bien nuestra responsabilidad de periodistas libres”. Convencidos del material que ofrecían a sus lectores, los invitaban a sumergirse en “la magia irresistible de la pluma que, en cinematográfico ritmo, va presentando unos y otras”. Sabemos hoy que no hubo cárcel para los asesinos; por el contrario, el presidente de facto, Pedro Eugenio Aramburu, premió con un ascenso a general a D. Fernández Suárez, quien dio la orden de fusilar.
Fue así como la indagación de Walsh apareció por entregas en la revista Mayoría desde el 27 de mayo (20) hasta el 15 de julio, y luego se publicaría un obligado apéndice el 31 del mismo mes, como respuesta a declaraciones del jefe de policía Fernández Suárez. Respecto a la repercusión de la investigación, debo desdoblarla, pues va de suyo que las autoridades, y sobre todo los involucrados en el fusilamiento masivo, seguían con gran expectativa cada entrega. Pero a los lectores habituales de Mayoría, las entregas de Operación Masacre parece no haberlos conmovido demasiado, aún cuando se trataba de una revista que apuntaba a un público cercano al peronismo. Considero que dicha particularidad puede haberse debido a que la sociedad por esos días estaba concentrada en la elección de Constituyentes a realizarse el 28 de julio. Por supuesto que la administración dictatorial arbitraría todo género de políticas comunicacionales negativas para contrarrestar semejante denuncia, entre las cuales sobresalió el aumento desmedido del precio del papel prensa, obligando al medio a comprarlo en el “mercado negro” a mayor precio, una de cuyas consecuencias directas fue la disminución del número de páginas que, no por casualidad, ocurrió en ocasión de iniciarse la publicación de Operación Masacre. El libro que no encuentra editor.
Aquí deseo detenerme para citar una carta que el propio Walsh envió a su amigo Donald Yates el 5 de julio, comentándole: “he completado prácticamente mi investigación del ‘Caso Livraga’ y he escrito un libro sobre el tema. Ante la dificultad de encontrar editor, lo estoy publicando desde el 27 de mayo último en la revista Mayoría, en una serie que se prolongará según mis cálculos hasta mediados de julio. He pedido a los editores que te manden un ejemplar de cada número, si es posible por vía aérea. Estas notas aparecen firmadas, de modo que preventivamente me he ausentado de casa, aunque hasta ahora no he sido molestado” (Ferro, 2014).
“He completado prácticamente mi investigación del ‘Caso Livraga’ y he escrito un libro sobre el tema. Ante la dificultad de encontrar editor, lo estoy publicando desde el 27 de mayo último en la revista Mayoría, en una serie que se prolongará, según mis cálculos, hasta mediados de julio. He pedido a los editores que te manden un ejemplar de cada número, si es posible por vía aérea. Estas notas aparecen firmadas, de modo que preventivamente me he ausentado de casa, aunque hasta ahora no he sido molestado” (Carta de Walsh a su amigo Donald Yates)
En la segunda entrega, el semanario deberá insertar un recuadro a pedido de Walsh para efectuar rectificaciones: “el autor de Operación Masacre aclara que en la nota publicada el 27 de mayo se ha introducido un agregado al texto original. Dicho agregado (fruto probable de una ‘corrección de estilo’) hace aparecer a los ‘directores’ de semanarios políticos como rechazando la crónica del caso Livraga. Salvo en una oportunidad, el autor no se comunicó con los directores de periódicos, sino con personas allegadas a los mismos. Ante una consulta concreta, se complace en destacar que no aludió a Azul y Blanco, que por lo menos en dos oportunidades se ocupó del caso, ni tampoco a Resistencia Popular, que lo trató con informaciones propias. Además, donde decía ‘tampoco soy un partidario de la Revolución Libertadora’, debe leerse ‘Tampoco soy ya partidario…’, etc. Por último, se omitió la siguiente línea: ‘Y entre tanto, el responsable de esta masacre sigue en su puesto’”.
Se aprecia con total nitidez cómo el autor seguía con sumo interés la publicación de su investigación y, como sostiene su doble condición, periodista y antiperonista, que por otra parte había quedado muy bien explicitada en la introducción del 27 de mayo. Allí decía en un largo párrafo: ”la mayoría de los periodistas y escritores llegamos, en la última década, a considerar al peronismo como un enemigo personal. Y con sobrada razón. Pero algo tendríamos que haber advertido: no se puede vencer a un enemigo sin antes comprenderlo. Más que nada temo el momento en que humillados y ofendidos empiecen a tener razón. Razón doctrinaria, amén de la razón sentimental o humana que ya les asiste, y que en último término es la base de aquélla. Y ese momento está próximo y llegará fatalmente, si se insiste en la desatinada política de revancha que se ha dirigido sobre todo contra los sectores obreros. La represión del peronismo, tal como ha sido encarada, no hace más que justificarlo a posteriori. Y esto no sólo es lamentable: es idiota”.

masacre», la indagación sobre los fusilamientos en José León Suárez, ocurridos el 9 de junio de 1956 (Crédito imagen: sedici.unlp.edu.ar)
Considero que, desde el punto de vista textual, es aquí donde hay un clivaje en Walsh, pues no sólo advierte a las autoridades de facto y a la clase media del camino equivocado, sino que desde su condición de periodista entiende también el error y en adelante, poco a poco, irá reconvirtiéndolo hasta caminar codo a codo con las muchedumbres del campo nacional y popular (21).
Es importante rescatar un comunicado que hace llegar el sindicato de periodistas al semanario, sustrayéndose precisamente del antiperonismo de Walsh y rescatando su indispensable labor profesional. En un recuadro bajo el título “Felicitaciones del gremio periodístico”: “la asamblea general extraordinaria del sindicato argentino de prensa, realizada el viernes 7 de junio, resolvió, a propuesta de uno de los afiliados apoyada inmediatamente por varios asambleístas, lo siguiente: 1- Condenar el alevoso asesinato perpetrado en las sombras y por la espalda de trabajadores argentinos, crimen cometido por la oligarquía contra el pueblo los días 9 y 10 de junio de 1956. 2- Enviar un mensaje de felicitación al escritor y periodista Rodolfo J. Walsh por haber salvado la integridad y ética del gremio, arriesgando su vida, para denunciar esos repudiables crímenes. Esta resolución fue tomada por aclamación y unanimidad por todos los asambleístas”.
Este reconocimiento hace justicia con quien, años después, declarará en un reportaje al semanario Primera Plana (1972): “Operación Masacre es un trabajo periodístico acabado. Tiene todos los ingredientes de la profesión: primicia, estilo, investigación, denuncia. Y algo más: un riesgo imposible de correr sin asumir previamente un compromiso: básicamente, me mueve la bronca. La fantasía de la gran nota duró lo que tardé en llegar a las redacciones a ofrecerla”.
“Operación Masacre es un trabajo periodístico acabado. Tiene todos los ingredientes de la profesión: primicia, estilo, investigación, denuncia. Y algo más: un riesgo imposible de correr sin asumir previamente un compromiso: básicamente, me mueve la bronca. La fantasía de la gran nota duró lo que tardé en llegar a las redacciones a ofrecerla”, remarcó Rodolfo Walsh en un reportaje que le realizó el semanario Primera Plana
Otro dato ilustrativo es cuando Walsh, en la séptima entrega, denuncia: “retomando el hilo de la narración, en el número anterior enumeramos las probanzas que al 20 de enero de 1957 tenía ante sí el juez Dr. Belisario Hueyo, en virtud de las cuales estaba a punto de decretar el procesamiento del jefe de policía de la provincia de Buenos Aires, cuando el expediente, en forma sorpresiva, fue solicitado con la máxima urgencia por un tribunal militar”. El cambio de la jurisdicción civil a la militar vaticinaba el final anunciado del crimen, por lo tanto, quedaría para la posteridad como un acontecimiento enmarcado en el terrorismo de Estado.
Mientras que en la última entrega, Walsh disecciona los debates internos en la Junta consultiva de la Provincia demostrando, una vez más, que no se quiere encarcelar a Fernández Suárez, aunque sobren las evidencias. Asimismo, ofrece una lapidaria observación: “a esta altura de la historia argentina, solamente los ciegos, los hipócritas o los que tienen intereses políticos inmediatos pretenden ignorar que cada una de las tres fuerzas armadas del país es un Estado dentro del Estado”, acusando sin cortapisas que los fusilamientos fueron ni más ni menos que la aplicación de la violencia de arriba, en otros términos: terrorismo de Estado; para culminar en el “Epílogo Provisional” manifestando que “siempre habrá en germen nuevos levantamientos, y nuevas olas de insensata revancha –aunque luego tengan sentido contrario–, mientras se mantengan al frente de los organismos represivos del Estado hombres como el actual jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires, teniente coronel Desiderio Fernández Suárez”.
Arrosagaray (2004: 65) ha realizado una interesante reflexión acerca de la investigación que aquí nos ocupa, al apuntar que se podrá discutir hasta dónde tiene retazos de novela y hasta dónde de ensayo, si tiene o no valores libertarios para subrayar, si es un artículo periodístico largo o un apilamiento de artículos de revista, o hasta dónde puede jugar la ficción en esta investigación política-histórica. Se podrá discutir lo que sea, pero lo indiscutible es que ha sido y es el aporte clave que develó cómo se desarrollaron los hechos policiales en aquella noche del 9 y la madrugada del 10 de junio de 1956 en las barriadas de San Martín y José León Suárez, y que aproximó a la sociedad a una comprensión política profunda de esos hechos porque supo vincular los brazos ejecutores de los asesinatos a los autores intelectuales de las órdenes y, por extensión, a las motivaciones políticas de esas órdenes. En suma, arbitrariedades que las dictaduras cívico militares, como la Libertadora, Argentina y el Proceso de Reorganización Nacional no trepidaron en repetir, e, incluso, superar.
Palabras finales
Este trabajo procuró reconstruir ciertos aspectos que en Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, mantenían todavía un cono de incertidumbre, y sobre todo cómo se dio a publicidad por entregas desde un semanario político.
En tal sentido, considero que los objetivos están cumplidos. Se reconstruyó dónde y con quién estaba Walsh el 9 de junio en momentos en que comenzó la insurrección. Así se pudo demostrar que se encontraba en el café Rivadavia jugando al ajedrez con H. Salvatierra.
También se analizó el itinerario que lo llevó hasta su domicilio y por qué tardó tanto en llegar. En efecto, al tener que cruzar la plaza fue acercándose a la zona más caliente de los enfrentamientos, y al estar la luz cortada vio obstaculizado su camino, pues en la calle 54 que debió transitar estuvieron emplazados, en las bocacalles, los nidos de ametralladoras que lo obligaron a volver una y otra vez a la terminal de ómnibus.
Asimismo, se exploró cómo Walsh se acercó a Mayoría, valiéndose del conocimiento que el subdirector Bruno Jacovella tenía de él y de su obra.
Además, se pudo observar cómo Walsh, aún asumiendo su antiperonismo, buscó llegar a la verdad por ejercer su profesión de periodista. En el desarrollo del artículo se fueron analizando las implicancias que tuvo para el semanario publicar la investigación que denunciaría como nadie la instrumentación del terrorismo de Estado en la Argentina. Y, de esta manera, hacer nuestra la reflexión del filósofo Baruj Spinoza: “En política no hay que reír ni llorar, sólo se debe comprender”.
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Diarios y revistas: Clarín; El Día; Mayoría; Primera Plana; Qué sucedió en 7 días.
Entrevistas del autor: Ferro, Roberto (vía e-mail y telefónica); Humberto Salvatierra; Flores García, Rubén.
(13) “Mayoría aspira a vivir de la venta de sus ejemplares. Y como no tiene así compromisos financieros ni políticos con nadie, está en libertad de decir lo que quiera en defensa del derecho al interés nacional y el bien común”.
(14) Agradezco a la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP) el Reconocimiento a la labor investigativa que me otorgó por este trabajo (7 de abril de 2017).
(15) Ferro (2014). Mc Caughan también proporciona este apellido, pero dice que el encuentro fue en otro sitio.
(16) María Seoane (Clarín 12/6/2006) ignora u omite mencionar la revista Mayoría al escribir: “es, sin duda, una huella más de lo que se supo ya entonces a través de la investigación del periodista y escritor Rodolfo Walsh, publicada en artículos desde enero a marzo de 1957, y que luego constituyó su célebre libro Operación Masacre».
(17) Puede consultarse sobre la vida de Bruno Jacovella, D. Pulfer (2016) y C. Díaz (2004).
(18) Puede verse una perspectiva comunicacional de este decreto en C. Díaz (2009: 48 a 55).
(19) Todas las entregas estaban acompañadas por fotos, croquis, fotocopias, etc. Para conferir verosimilitud al relato.
(20) En la tapa dice: “Empieza en esta edición la operación masacre. Historia vívida y completa de las víctimas inocentes de la matanza de José León Suárez y de los que salvaron milagrosamente su vida”.
(21) C. Díaz (2017) ofrece una relectura de esta “evolución” en la escritura de R. Walsh.
(*) Escritor, docente e investigador – Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP)
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