En una jornada marcada por la solidaridad y el encuentro comunitario, la ciudad de La Plata vivió ayer, 23 de diciembre, una celebración navideña atípica que devolvió el sentido más profundo a la fecha. El arzobispo de La Plata, Gustavo Carrara, encabezó un evento masivo en Plaza Moreno destinado a quienes más lo necesitan: personas en situación de calle y familias en estado de vulnerabilidad.
La convocatoria, que contó con la participación activa de organizaciones como Los Chicxs del Pueblo y diversos colectivos sociales, transformó el corazón geográfico de la Ciudad en un espacio de dignidad. Durante toda la tarde y noche, los asistentes pudieron acceder a servicios esenciales y momentos de esparcimiento: desde cortes de pelo y duchas calientes hasta juegos para los más pequeños, una radio abierta y espectáculos musicales que terminaron en un baile colectivo.

Uno de los momentos más emotivos ocurrió en la Catedral, donde se realizaron bautismos para grandes y chicos, simbolizando una Iglesia que sale a buscar a su pueblo. La jornada incluyó un pesebre viviente y una cena comunitaria donde el protocolo cedió su lugar a la fraternidad.
A continuación, compartimos una sentida crónica que resume el espíritu de lo vivido entre la Catedral y la Plaza:
Por Carlos Altavista
Dicen que un día, en la Catedral de La Plata, Jesús dijo “Yo no derramé mi sangre para que me tengan aquí colgado”. Entonces bajó de la cruz y junto al arzobispo, a referentes de otras iglesias, a fieles de distintas parroquias y a muchas personas que se pusieron al servicio de los más humildes de la comunidad, festejaron un nuevo cumpleaños de Jesús en la plaza Moreno.
Todos y todas, con el espíritu de Jesús como guía, armaron mesas y sirvieron a los más humildes, como corresponde, porque “los últimos serán los primeros”.
El templo mayor de La Plata fue de los que Jesús eligió, porque Jesús vino para todos, todos, todos los pobres de corazón.
Y hubo juegos, y hubo música, hubo baile y alegría, y José y María, dos chicos humildes, representaron el nacimiento de Jesús hace unos 2.025 años. Y Jesús rió, contento, muy contento, porque vio que eran muchas y muchos los que habían comprendido su mensaje.
Entonces, a través del arzobispo, Jesús bautizó, es decir, perdonó los pecados de bebés, niñas, niños y grandes, para que igual que Él, inicien un camino de servicio al prójimo, sobre todo al más humilde, al más golpeado, al más estigmatizado por los poderosos y sus seguidores, que no cesan en su afán de quitarles la alegría. Imposible, porque la alegría está donde Dios, y Dios, donde Jesús.
Dicen que un día, la Navidad volvió a ser humilde y para los humildes, entre la tierra y el cielo, entre la Catedral y plaza Moreno. Y dicen que un tal Francisco, desde la esquina, miraba y sonreía y decía: “Sí, la Iglesia debe estar abierta a todos, todos, todos, porque si pierde su universalidad, dejará de ser Iglesia”.
Dicen que ese día hubo un gran arco iris de siete colores. Y que fue un día maravilloso. Y que fue el primero, pero jamás el último.
Un mensaje de unidad
La gestión de Carrara en La Plata parece consolidar esta impronta de una «Iglesia en salida», donde la fe se traduce en acciones concretas contra la exclusión. Para quienes deseen sumarse a futuras iniciativas o acercar donaciones, las puertas de la curia y de las organizaciones sociales participantes permanecen abiertas, bajo la premisa de que la construcción de una comunidad más justa no puede esperar.






































































Un mensaje de unidad














